miércoles, 4 de agosto de 2010

Trampolín antirutina


Pertenezco (por ahora) a esa raza de privilegiados que puede llegar caminando al trabajo. 12 cuadras separan a nuestro modesto pero orgulloso lar del mundanal espacio dedicado a las tareas profesionales.
Caminar hasta la oficina es, entonces, la mejor opción para llegar a tiempo a la mañana. La tracción a sangre me permite evitar casi todos los males que tiene esta ciudad: colectivos y subtes más parecidos a un camión de ganado que a un transporte de pasajeros, tráfico que emula a escenarios de cuentos de Cortázar, peregrinaciones por los kioscos mendigando monedas… y la lista sigue. Todos esos problemas yo no los tengo, por suerte.
Como contraprestación, debo someterme (casi) todos los días a una monótona rutina que para esta altura del año, sin vacaciones de por medio, se está volviendo insoportable.
Procedo a describirla: despertarse con Arriba Argentinos, saltar de la cama, pasar por el baño, cambiarse, apurar un café (a veces, casi nunca), abrigarse con todo lo que esté al alcance en invierno o despojarse de todo lo que se pueda en verano, salir del departamento, caminar el largo pasillo, salir a la calle. Me doy cuenta de que hasta ahí es la misma rutina que la de cualquier otra persona, pero cuando empiezo a caminar, el recorrido siempre es el mismo. Doblar a la derecha, atravesar Azcuénaga en diagonal y encarar Martelo T (de Alvear, ex Charcas) hacia la izquierda, por la vereda izquierda. Son 10 cuadras exactas hasta Talcahuano pero por el tráfico hay que frenar en cada esquina y esperar un minuto y medio para que el semáforo vuelva a dar luz verde (o mejor dicho blanca, porque la del peatón es blanca). Una vez que llego a Talcahuano cruzo la calle, doblo a la derecha, paso por en frente de tres de los hitos de la gastronomía porteña (el bodegón Norte, la pizzería El Cuartito y la panadería Las Victorias, otro día comentaré más de ellos), cruzo Paraguay y llego al destino, sobre Talcahuano, antes de cruzar Córdoba. Distancia total: 12 cuadras. Tiempo total del trayecto: 22 minutos. Los tengo cronometrados.
La rutina se repite ida y vuelta. Cinco días a la semana, salvo excepciones. Conozco todos los locales, todos los comercios, todos los restaurantes, kioscos, supermercados chinos, peluquerías y bazares del recorrido. Todas las baldosas de la calle. Ni siquiera la radio o la música que cargada en el reproductor de MP3 me permiten olvidar del suplicio de la rutina.
Pero en las últimas semanas descubrí por la mitad del recorrido un ejercicio que me carga de adrenalina y me da un poco más energías para seguir adelante. Sobre la vereda izquierda de Marcelo T unos 20 metros después de cruzar Callao hay una tapa de hierro de acceso a las cloacas que tiene una esquina un poco floja. Si se apoya el pie en el lugar exacto la tapa se flexiona con el peso de la persona y con el mismo impulso del paso vuelve a quedar acomodada, generando una sensación de rebote similar a la de un trampolín.
La tapa está lo suficientemente suelta como para flexionarse en la esquina y lo suficientemente firme como para evitar que ninguno de los cientos de peatones que pasan diariamente por allí terminen en el segundo subsuelo. Es un riesgo que tomo cuando la piso. Me gusta la sensación de poner el zapato con la esperanza de sentir el rebote pero sin la certeza de saber si voy a seguir caminando por la vereda o si voy a acabar enterrado en las napas de la ciudad.
Por ahora vengo rebotando. Así sigo mi camino por la vereda un poco más feliz todas las mañanas.

8 comentarios:

Kioskerman dijo...

Te estás convirtiendo en un animal urbano.

unmigone dijo...

jaja, ¿y eso qué significa? ¿acaso no somos todos animales urbanos?

Anónimo dijo...

yo voy en bici ...al laburo ...
Andy
pd. ojo con la baldosa que vas a hacer papá...

Nico dijo...

Muy bueno, me hizo acordar a esta histórica escena del cine italiano http://www.youtube.com/watch?v=62dh8wz5oj0

Anónimo dijo...

El bodegón norte...espectacular!!! Compartir la panera con el de al lado y los ravioles con ternerita que hacen NO TIENE PRECIO!

Lourdes dijo...

ja mucha rutina, pero la prefiero mil veces al insportable subte que uso para llegar al mismo lugar... y no hay tapa de la calle que te salve!

JLL dijo...

Probá nuevos trayectos para llegar a tu laburo. Jugate a nuevas aventuras.

Cholo dijo...

El problema es que te levantas con arriba argentinos.