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sábado, 3 de mayo de 2014

"Cuando yo llegue a los pedales el auto ya se va a manejar solo"

Ayer le conté a Pedro que no hace falta que se preocupe porque no llega a los pedales del auto. Ya va a crecer, pero para cuando tenga edad de manejar los self-driving cars ya van a estar esquivando los baches de Buenos Aires.
Nos volvemos a ver en septiembre de 2027 para chequear esto:

lunes, 17 de octubre de 2011

Colapso tech

*Laptop: Muere definitivamente la batería. Sólo funciona atada a la fuente. No tiene capacidad para mantenerse encendida ni el tiempo que tardo en llevarla de un cuarto al otro.
*Celular: Deja de recibir señal. El mensaje de buscando… come toda la batería. Pienso lo peor. Salgo de casa y vuelve a agarrar señal. Vuelvo y la pierde. Salgo y tengo señal de nuevo. Pero en casa no puedo usarlo ni para recibir ni para hacer llamadas.
*GPS: Intento cargar los mapas de EE.UU. pero en el ensayo borro los de Argentina. Y tampoco se cargan bien los de USA. Vuelvo a cargar los de Argentina pero ahora no puedo ver las calles.
*Joystick PS3: Deja de funcionar de manera inalámbrica. Lo conecto vía USB y prende. Lo desconecto y se apaga. Lo pongo a cargar pero no funciona. Investigo por Internet y determino que el problema, en el escenario más optimista, es la batería.

¿Por qué la tecnología tiene que fallar toda junta el fin de semana?

jueves, 18 de noviembre de 2010

Última oportunidad a Twitter

Hace unas semanas (11 para ser exacto) intenté darle una segunda chance a Twitter. Comenté allí que de entrada esta red social no me había gustado pero que todos los enfermos que tuitean adictivamente aseguran que es un camino de ida. Dejé de lado mis prejuicios y empecé a intentar interactuar en el mundo de 140 caracteres. Incluí un gadget al costado del blog, invité a seguirme, me inspiré, escribí, tuiteé (o tweetee, ¿cómo se escribe?)... me aburrí y me desinflé. Y abandone... en su agonía, lo dejé morir lentamente. Y borre la ventana de updates.
A veces, casi siempre cuando camino por la calle, se me ocurren cosas, temas tuiteables, potenciales mensajitos sub-140 caract que después olvido.
Ahora, de la mano de mi nuevo objeto de deseo y su correspondiente app decidí darle una nueva oportunidad al pajarito. La tercera. La última me parece.
Tuitearé y seré millones, o miles, o cientos, o decenas, o 19, como ahora.
Volví a poner el gadget. Si quieren seguirme, estoy en @unmigone. Y si quieren que los siga, también.

martes, 9 de noviembre de 2010

Welcome Frivolity

Víctima del marketing perverso al cual nos somete la manzanita, sucumbí ante la tentación para dejar de sentir la insoportable necesidad de tenerlo. Cliqueé, pedí, compré y pagué (pagaré, en realidad).
Impulso, frivolidad, arrepentiemiento también.
Me gustó disfrutar de la experiencia de compra.
Para que se entienda lo que cuento tengo que mostrar-muy a mi pesar- la foto del unboxing. Acá va:

jueves, 9 de septiembre de 2010

Hola Twitter, ¿estás ahí?

Armé mi usuario de Twitter a principios de este año. ¿Cantidad de tweets hasta hace tres días?: 0. Nunca le encontré mucho la gracia a esta red social. Siempre me pareció más una vidriera para famosos (en el sentido amplio de la palabra: políticos, celebrities, deportistas, periodistas) que una herramienta para comunicarte con tu gente (Facebook, en ese sentido le saca una ventaja enorme al pajarito).
Este post habla de lo que pasa en España, pero confirma un poco mi percepción: “Fuera del ámbito tecnológico/friki/blogger o como queráis llamarlo, la verdad es que Twitter no lo usa nadie, o casi nadie”, dice el blogger que lo escribe.
Pero también dicen muchos (este tipo también) que hasta que uno no lo usa no entiende ni conoce su verdadero potencial adictivo: “Si intentas explicar a alguien qué es y para qué sirve el servicio probablemente te mire con incredulidad (…) Como casi todo lo bueno, el verdadero valor se descubre cuando empiezas a darle uso”.
El lunes pasado, después de una conversación más con twitteros encantados decidí darle una oportunidad a la t minúscula celeste . No tengo acceso a Internet desde mi celular con lo cual no puedo dejar mis impresiones callejeras (ese me parece que es verdadero valor de Twitter) así que tengo que tomarme el trabajo de ingresar en twitter.com para postear y ahí reconzco que la pereza me gana. Por eso, la experiencia en el mundo del microblogging hasta ahora fue más o menos. Cumplí hoy mis primeros 10 tweets y sigo contanto. El más complejo fue el primero: Busco comprender la complejidad de las relaciones humanas. Me resigno ante la confortable cotidianeidad;desisto ante la inalcanzable verdad. Intento encontrarle la vuelta a lo que se puede poner. Cuando se me ocurre una idea y me queda cómodo (o sea, tengo la computadora o notebook más o menos a mano) la pongo. Elegí seguir a todos los famosos con los que me fui cruzando allí. Desde CFK hasta Francis Mallmann. Y no sé si vale promocionar para que me sigan, pero si les gusta los invito a sumarse a mi docena de orgullosos followers.
Navego por el tope de 140 caracteres con cierta discreción. Me falta soltar la mano. Intentaré seguir buscándole la vuelta a lo que puedo poner. Fase experimental 1.
Puse una ventana en el costado de este blog para poder mostrar los twitts recientes. Si me quieren seguir o escribir, se puede hacerlo desde ahí o buscándome como @unmigone.
Nos vemos aquí o allí, si es que están.

jueves, 19 de agosto de 2010

Copiar formato

Este pincel es la mejor herramienta de todo el paquete MS Office. Mi mejor amigo virtual diría. Acorta tiempos, hace el trabajo más fácil. Recuerdo ese tarde de invierno en 2004 cuando me lo presentaron por primera vez; mi vida laboral no volvió a ser la misma desde entonces. ¡Gracias Format Painter icon!

jueves, 12 de agosto de 2010

Reliquia geek

La semana pasada conocimos la historia de la familia de Estados Unidos que salvó su casa porque encontró un ejemplar del primer número del comic Superman cuando estaba preparando la mudanza, ahorcada por las deudas de la hipoteca que no podían pagar y a punto de ser desalojada. La historieta está valuada en 250.000 dólares, se va rematar el 27 de agosto y le permitirá a los endeudados aliviar los costos de su segunda mortgage.
Por las dudas, el fin de semana pasado rescaté de casa esta reliquia retro-nerd que ya estaba en la bolsa de consorcio, a punto de ser víctima de una limpieza de altillo:


Se trata del manual original en inglés de nuestra preciada Commodore 64, copyright 1984; mi primer computadora. La imagen corresponde al scan del incunable que, a pesar de los cuestionamientos, ya adorna nuestra mesa ratona orgulloso cual coffee table book.

A la espera de que algún día tome valor de pieza de colección, la imagen me trajo el fin de semana muchos recuerdos que me transportaron 20 años atrás.

Para los ya que nacieron con una PC bajo el brazo, les cuento que la Commodore fue una de las primeras computadoras domésticas. Según jura Wikipedia, la primera Commodore salió a la venta en 1982; por aquel entonces se conseguía por la módica suma de 595 dólares, más o menos lo mismo que cuesta una PC clon completa hoy. Trabajaba con el lenguaje de programación BASIC y para ejecutar el software había que teclear una serie de códigos dignos de la escotilla de Lost. Escaneé también las páginas 28 y 29 del manual, en donde se explica cómo cargar programas almacenados en cassettes (sí cassettes de audio, tipo TDK) o diskettes floppy de 5 1/4" (?!):


Casi como si fuera ayer me acuerdo de mi vida junto a la C64. Del LOAD ,8,1. De los juegos: California Games, Winter Games, Circus Charlie, Green Beret, Bruce Lee, Wonderboy. La complejidad del arcade era proporcional al tiempo que la máquina tardaba en cargar el software y arrancar. Por ejemplo, para poder empezar a jugar al California Games a las 6 de la tarde tenía que poner el diskette a las 5.30, bajar a tomar un Nesquik y volver media hora más tarde para chequear si tuve suerte o si debía repetir el proceso y esperar media hora más. Si los planetas se alineaban, esta era la imagen que se proyectaba en el televisor:



Tuve mi primera y única Commodore en 1989. Era una 64, adquirida de segunda mano. Tenía 9 años, fui feliz. Y no sigo para no parecerme a un viejo choto.