Mis recuerdos de México 86 son pocos e imperfectos. Sobre la final contra Alemania apenas me acuerdo algunas cosas de los festejos. El más nítido: un vendedor de banderas en el eterno semáforo de Márquez y Centenario.
Pero el 90 fue mi debut en el mundo de los Mundiales. A lo grande.
Contrariamente a lo que es el consenso de la mayoría, yo defiendo la performance de la Selección en esa copa:
- Se repuso de una durísima derrota.
- Clasificó por la ventana.
- Le ganó un partido imposible a uno de los mejores Brasil de la historia.
- Consiguió el pase a semis (algo que a la Argentina le cuesta muchísimo) después de un partido horrible, sí, y por penales también, pero teniendo en cuenta que el equipo venía de eliminar a ¡Brasil!, con todo el desgaste mental que eso implica.
- Y le ganó a Italia, el anfitrión y, probablemente, el mejor equipo del torneo, que venía invicto y sin recibir goles: otro partido imposible.
También se critica mucho a Bilardo por, entre otras cosas, no llevar a Ramón Díaz o por el estilo de juego. Yo lo defiendo. Solamente Brasil, Italia, Holanda y Alemania saben lo que significaba hasta ese entonces jugar dos finales seguidas. Con lo que hubo y con las contingencias, es mucho más de lo que se le puede pedir.
¿Cuántos equipos llegaron a la final con su arquero titular lesionado?
Respecto al partido, Alemania era una máquina. Podrían haber jugado esa final 40 veces más y Argentina no la iba a poder ganar. Aun así, estuvo en partido hasta el penal (cobrable) del polémico árbitro Edgardo Codesal.
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