miércoles, 15 de septiembre de 2010

Pos(t)-centenario



unmigone celebra hoy (en tercera persona) su entrada número 100. No puedo resistirme a soltar una frase muy grafiteada durante estos días así que acá va con algunas ligeras modificaciones: ¡No festejen chimpancés! hay unmigone para rato.
Allá por el verano cuando empecé a teclear tímidamente y sin mucha confianza lo que más dudas me generaba era saber si después de unos meses iba a seguir teniendo energías (ganas) para seguir manteniendo y actualizando periódicamente este espacio. Pasó medio año y acá estamos, vamos por el 100 y seguimos contando.
Algunas de las sensaciones que este blog me permitió compartir en el transcurso de estos meses: Amar al invierno y despedir a Lost; analizar el Mundial (parece como si pasaron tres años, apenas fueron dos meses desde que España levantó la copa); aprender sobre el origen del pebete; presentar a Pedro; admirar al Pulpo Paul y a Palermo, entre otros; mostrar rompecabezas; conocer a la nueva hora oficial; combatir hormigas, inodoros e insomnios; hablar sobre música, naranjas y Nesquik; cuestionar al alfajor de arroz, a los taxistas y criticar a la nueva Tita; reconciliarme con las Bay Biscuit e investigar sobre el café con leche con medialunas y los teléfonos públicos; exorcizar un grillo; y polemizar sobre el himno y el hockey femenino;
Algunos cambios en el diseño para celebrar el centenario son el producto de un intento de dar un salto de calidad mínimo. El más notable es el diseño profesional del encabezado. La imagen conceptual y el diseño son cortesía de MM. Unas ventanitas (gadgets) más, nuevas secciones que se vendrán y alguna otra cosita completan las novedades.
Un agradecimiento a todos los visitantes, a los comentaristas, a los conocidos y anónimos y así diría entonces que no queda mucho más para añadir.
¡Gracias de nuevo por pasar periódicamente, sigan anotándose para recibir las novedades y hasta los próximos 100!

(Puse una foto políticamente correcta arriba, acá va una mucho mejor que no me animé a usar para arrancar):


domingo, 12 de septiembre de 2010

Adicional limón en La Querencia

"Muy trucho lo del limón", le dije a la moza mientras se iba caminando con el billete de 100 pesos a bordo de sus bombachas de campo que calzan por encima de la cintura. Volvió sobre sus pasos, ofendida tal vez. Le sonreí. Intnentó balbucear alguna explicación a la cual no le presté mucha atención y dijo que le comentaría el tema a la encargada.
Flashback (35 minutos antes): más cerca de la hora del té que la del almuerzo llegamos a La Querencia dispuestos a no perder más el tiempo y llenar nuestros estómagos lo más rápido posible. El lugar estaba semivacío y las mozas, parecía, tenían más ganas de irse que de quedarse. En esos casos lo mejor es ir al grano; nada de empanadas de entrada ni audutorías a la carta. Todo debe funcionar como un reloj para no retrasar aún más la llegada de los alimentos. Mientras nos limpiaba la mesa ya pedimos las bebidas. Cuando trajo las bebidas ordenamos nuestras comidas. Nada de postre, la cuenta y chau.
El plan salió casi perfecto. "Casi" por culpa de la milanesa, podríamos decir. Es que con un sólo gajo para toda ese pedazo de ternera no alcanzaba. Como era al horno además, tiende a ser más seca. Así que Agus le pidió a la camarera si le podía traer más limón y me encargó a mí la misión de vigilar que la encomienda llegue lo más pronto posible. Dos minutos y medio después llegó un platito de café con cinco medios gajos del cítrico.
Ya dispuestos a pagar llegó la sorpresa; un ítem de las cuentas que hoy conocí por primera vez:
ADICIONAL LIMON (21.00) 1.00
La evidencia, a continuación:
La Querencia es un lugar que nos gusta elegir para comer. Tiene buenos platos y buenos precios, pero a veces se pasa de miserable. No acepta tarjetas y si uno llega a pedir una factura le señanalan a los cañoncitos de dulce de leche de la panadería de la otra cuadra. Con lo de hoy se anotaron un poroto en contra más.
Finalmente, cuando llegó el vuelto vino con sorpresa. "Hablé con la encargada...", dijo la chica y esbozó una excusa para "bonificarnos" el precio del limón. Sonreímos de nuevo, agradecimos de nuevo y dejamos la propina correspondiente. Dijimos chau y hasta la próxima, ¿habrá?.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Hola Twitter, ¿estás ahí?

Armé mi usuario de Twitter a principios de este año. ¿Cantidad de tweets hasta hace tres días?: 0. Nunca le encontré mucho la gracia a esta red social. Siempre me pareció más una vidriera para famosos (en el sentido amplio de la palabra: políticos, celebrities, deportistas, periodistas) que una herramienta para comunicarte con tu gente (Facebook, en ese sentido le saca una ventaja enorme al pajarito).
Este post habla de lo que pasa en España, pero confirma un poco mi percepción: “Fuera del ámbito tecnológico/friki/blogger o como queráis llamarlo, la verdad es que Twitter no lo usa nadie, o casi nadie”, dice el blogger que lo escribe.
Pero también dicen muchos (este tipo también) que hasta que uno no lo usa no entiende ni conoce su verdadero potencial adictivo: “Si intentas explicar a alguien qué es y para qué sirve el servicio probablemente te mire con incredulidad (…) Como casi todo lo bueno, el verdadero valor se descubre cuando empiezas a darle uso”.
El lunes pasado, después de una conversación más con twitteros encantados decidí darle una oportunidad a la t minúscula celeste . No tengo acceso a Internet desde mi celular con lo cual no puedo dejar mis impresiones callejeras (ese me parece que es verdadero valor de Twitter) así que tengo que tomarme el trabajo de ingresar en twitter.com para postear y ahí reconzco que la pereza me gana. Por eso, la experiencia en el mundo del microblogging hasta ahora fue más o menos. Cumplí hoy mis primeros 10 tweets y sigo contanto. El más complejo fue el primero: Busco comprender la complejidad de las relaciones humanas. Me resigno ante la confortable cotidianeidad;desisto ante la inalcanzable verdad. Intento encontrarle la vuelta a lo que se puede poner. Cuando se me ocurre una idea y me queda cómodo (o sea, tengo la computadora o notebook más o menos a mano) la pongo. Elegí seguir a todos los famosos con los que me fui cruzando allí. Desde CFK hasta Francis Mallmann. Y no sé si vale promocionar para que me sigan, pero si les gusta los invito a sumarse a mi docena de orgullosos followers.
Navego por el tope de 140 caracteres con cierta discreción. Me falta soltar la mano. Intentaré seguir buscándole la vuelta a lo que puedo poner. Fase experimental 1.
Puse una ventana en el costado de este blog para poder mostrar los twitts recientes. Si me quieren seguir o escribir, se puede hacerlo desde ahí o buscándome como @unmigone.
Nos vemos aquí o allí, si es que están.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El Hockey es un deporte de hombres


Apuro la sentencia para poder ir rápido a los argumentos (y a la polémica):
Está todo bien con las Leonas pero, mal que le pese a todoas laos jugadoreas y fanáticoas, el hockey sobre cesped es, en esencia, un deporte de hombres.
¿Por qué?
Básicamente porque es muy violento. Es un juego de contacto, que se juega con un palo (un arma) en el cual se empuja una bocha pesada que recorre la cancha a gran velocidad y expone a los jugadoreas a grandes golpes. Se juega, además, casi sin protección (salvo las arqueras). No es una imagen muy femenina la de una mujer corriendo con un palo y pegando bochazos. No entiendo cómo nadie más piensa en esto. Me siento muy sólo en mi declaración.
¿Lo pueden jugar las mujeres? Sí, así como hay mujeres boxeadoras las mujeres pueden jugar al hockey, pero eso no quiere decir que el hockey sea un deporte de mujeres.
¿Por qué es tan popular el hockey femenino? Eso pasa sólo en nuestro país. En el resto del mundo, tengo entendido, el hockey masculino es mucho más popular. La popularidad de las Leonas creció mucho en los últimos 10 años a caballo de podios, medallas y copas. Vuelvo a aclarar, está todo bien con ellas, bronceadas y producidas en pleno invierno. Son unas genias y excelentes representantes del país. Pero el hockey es un deporte más masculino que femenino.
¿Cuál sería, entonces, un deporte femenino? Deporte colectivo se me ocurre que el voley puede ser un deporte femenino; no hay contacto y la bola es bastante liviana. El tenis, más allá de los estereotipos de décadas pasadas, es cada vez más femenino. Y debe haber otros, tendría que pensar más, pero seguro que el hockey sobre cesped no está en esa lista.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Lo que aprendí en agosto

  • Puerperio, meconio, pujo, caléndula... Algunas de las palabras que escuchamos en el curso pre parto suenan mal...
  • “(Se) puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios, pero hay una cosa que no (se) puede cambiar: no (se) puede cambiar de pasión” (Francella dixit) ¿Seguro que no se puede? ¿Por qué no se puede? ¡Que alguien me explique!

lunes, 30 de agosto de 2010

Terminemos con la mentira del alfajor de arroz


Son caros, aburridos y encima se apropian de la palabra "alfajor" para pretender hacernos creer que son ricos. Desde este espacio, hoy le declaramos la guerra a los alfajores de arroz.
Si quien lee esto no conoce estos productos, cosa poco probable, hará falta aclarar entonces que los alfajores de arroz son la vedette de los kioscos y están protagonizado un boom de ventas gracias a su supuesta condición de light y sanos. Como sentencia este muy buen blog sobre consumo, "los alfajores de arroz ya se convirtieron en la categoría nueva más exitosa dentro del planeta quiosco desde que Ricardo Fort introdujera las barritas de cereal". En rigor, no son ni más ni menos que dos capas de ese telgopor que todas las dietas recomiendan, separando un centro de pseudo-dulce de leche y coronadas por un tímido bañado de chocolate amargo (el que tiene menos azúcar y, por ende, el menos rico). Con todo esto, acusan aportar menos de 80 calorías. Chocoarroz fue la marca pionera aunque los (las) expertos(as) confiesan su debilidad por los Cachafaz.
Desde mediados del año pasado, veo diariamente a mis compañeras de trabajo peregrinar religiosamente a los kioscos en busca de su alfajor de arroz. Invierten de su bolsillo por lo menos 60 pesos mensuales en ese ritual, a razón de 3 pesos la unidad y multiplicando por los 20 días hábiles del mes. Ante la sospechosa actitud adictiva, un día de este verano decidí probar y experimentarlo con mis propias papilas gustativas. Estaba dispuesto a dejar mis prejuicios de lado en pos de descubrir algún tipo de placer que justifique tamaña inversión. Nada de eso sucedió. Al contrario, profundicé más mi odio hacia estos telopores recubiertos en chocolate. Debo admitir que sólo probé el Chocoarroz de Deli Light y no le di mi oportunidad al Cachafaz (en ese entonces todavía no se vendía en kioscos), pero la degustación me llevó a comprobar que una mujer a dieta está dispuesta a cualquier cosa, incluso a tentarse con un alfajor de arroz.
Intenté frenar -sin éxito- ese comportamiento demencial. No hay caso, los alfajores de arroz llegaron para quedarse. Así como no me molesta que un amigo fume, tampoco puedo condenar a los consumidores deliberados de esta bazofia. Pero lo que sí me presenta un problema es que quieran hacernos creer que eso es un alfajor. ¡Dejémonos de joder! ¡Alfajor es otra cosa!

jueves, 26 de agosto de 2010

¿Funcionan los teléfonos públicos?


Mensaje para los mocosos irreverentes que nacieron con un celular bajo el brazo: hasta hace algunos años, los teléfonos públicos servían para hacer llamadas desde la calle y, con suerte, encontrar a alguien en su casa u oficina. Solían ser unas burbujas naranjas y, en vez de marcar, se discaba (literalmente). En Londres siguen exisiendo las cabinas telefónicas, rojas y pintorezcas. En Buenos Aires, cuando se privatizó Entel, las operadoras reemplazaron las burbujas naranjas por modernas y primermundistas cabinas.
Hoy, los teléfonos públicos adornan las veredas de las principales calles de la ciudad. Los celulares (más chiquitos, portátiles, en fin, prácticos) han dejado a esta extensión callejera de una línea fija casi sin razón de ser. Digo casi porque un uso muy frecuente que se le da a los teléfonos públicos es el de depósito de folletos promocionales, principalmente de profesores de guitarra y mujeres muy amables como "Brisa y sus amigas" que te invitan a su casa (no sé bien a qué, pero estoy seguro que no es a tomar el té).
Una vez por año, los diarios publican artículos sobre el ocaso de los teléfonos públicos. Algunos ejemplos más o menos recientes son éste, éste y éste.
La primera nota reproduce anécdotas medio ridículas sobre cómo era la vida cuando los teléfonos públicos eran importantes y escaseaban (aclaro que yo no recuerdo haber vivido en esos tiempos). Algunos de los pasajes más divertidos:

A fines de los 70, dos de cada tres familias no tenían teléfono en la casa. Y gran parte de la población, en la "dulce espera" de la línea hogar de Entel, estaba obligada a hacer todas sus comunicaciones desde una burbuja naranja.
Ninguna conversación era realmente privada: había que hablar desde un teléfono público y delante del público de la fila que se formaba.
"En 1987, cuando lo echaron a mi marido del trabajo, corrí al teléfono de Fitz Roy y Santa Fe para hablar con el abogado. Había una fila larguísima. Cuando me tocó el turno, no me podía comunicar. Y la señora que estaba atrás empezó a quejarse. Le respondí: «Por favor, que lo echaron a mi marido y tengo que ubicar urgente al abogado». La tercera de la fila me contestó: «¿Ah, sí? A tu marido lo echaron y el mío se fue con otra. Apurate que tengo que llamar al abogado para que lo siga»", recuerda Graciela, de Palermo.
(...)
Lo peor era que había que salir a recorrer hasta encontrar un quiosco que vendiera cospeles y volver a hacer la larga fila en la que las reglas de convivencia debían respetarse a rajatabla. Una llamada por persona. Y cuando se colgaba el tubo, aunque hubiera dado ocupado o no se pudiera establecer la comunicación, había que ceder el turno y retroceder hasta el final de la fila. Si la llamada era muy larga, había que hacer oídos sordos al mal humor del próximo en la fila, que resoplaba en la nuca de uno y hacía tintinear con nerviosismo los cospeles.

Menos mal que esos años que describe el artículo ya pasaron y hoy podemos resolver casi todas las emergencias de comunicación desde un minúsculo aparato.
Se me ocurre que, así como yo recuerdo haber visto de chico en funcionamiento los últimos buzones de correo (hoy piezas de colección y decoración), los chicos de 8-10 años podrán recordar que cuando eran muy niños todavía había gente que hablaba por teléfono público.
Para terminar, el tema que tiene que ver con el título de esta entrada. Salimos a la calle a probar los teléfonos públicos que entorpecen el paso en la avenida Santa Fe. Probamos hacer llamadas con monedas de curso legal vigente en tres teléfonos diferentes. Los resultados del experimento, a un click de distancia: