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domingo, 10 de marzo de 2013

Elige tu propia aventura versión Pedro

Había una vez un chico que se llamaba:
Pedro 
Tito

Elige tu propia aventura versión Pedro - Pedro

A Pedro le gustaba mucho ir a la plaza a jugar. Su mamá lo llevaba a la plaza todas las tardes. Antes de salir, cargaban el bolso con la pala, el rastrillo, los baldes, los moldes y algún que otro cachivache más y partían muy contentos a encontrarse con otros chicos. En la plaza, además de chicos, también había grandes, mamás, papás, abuelos, algún perro que se colaba y hasta un payaso que venía a veces y le cobraba a los chicos 5 pesos para hacerles globos con formas de animales.
A Pedro le divertía mucho ir a la plaza porque ahí podía jugar con sus amigos con los que se prestaban todos los baldes, rastrillos y palas y compartían mucho. A veces jugaban en los toboganes, otras veces se subían a un caballo con resorte para el cual hacían cola pacientemente para esperar su turno, y otras veces se subían a las hamacas, entre otras diversiones que tenía la plaza de Pedro.
Un día, llegó un chico un poco más grande andando en un aparato muy extraño. Todos los chicos se le acercaron y le preguntaron.
-¿Qué es eso?
-Es un triciclo- respondió el chico.
-¿Un qué?
-Un triciclo. Es como una bicicleta pero más chico y tiene tres ruedas.
-¿Y para qué sirve el triciclo?
-Yo lo uso para ir a todas partes. La acompaño a mi mamá a la farmacia, al chino, voy a la casa de mis abuelos y también lo uso para ir al cole.
Todos los chicos se quedaron impresionados con el triciclo, y Pedro también. Así que esa noche fue y le pidió a sus papás que le regalaran un triciclo para el cumpleaños. Pero como su cumpleaños ya había pasado hace poco y sus Papás le habían regalado una pista, le dijeron que si se portaba muy bien, le podía pedir un triciclo a Papá Noel, que Papá Noel le traía regalos a los chicos que se habían portado muy bien durante todo el año.
Así que Pedro se portó muy bien algunos días, más o menos otros y hasta algún que otro día se portó mal. Pero cada vez que se acordaba de Papá Noel hacía un esfuerzo para portarse bien. Cuando faltaban dos semana para Navidad, sus papás lo llevaron a Pedro a conocer a Papá Noel, que recibía todos los pedidos de los chicos en un shopping. A Pedro no le gustó mucho conocer a Papá Noel, le dio un poco de miedo. Además, su Mamá dijo que tenía olor y que parecía un viejo amargado. Ah, y también se habían olvidado de escribir la cartita con lo que quería Pedro para esa Navidad (un triciclo, claro). Pero dos días después se organizaron mejor y volvieron a ir a visitar a Papá Noel, que esta vez atendía en una casa de madera y parecía que ese día estaba de mucho mejor humor que la otra vez. Hasta le dio a Pedro una bolsa con caramelos.
Y así pasaron los días y llegó el día de Nochebuena, el día antes de Navidad. Ese día hacía mucho calor, pero mucho mucho calor. Por suerte, estaban en la casa de sus abuelos y se pudieron bañar en la pileta toda la tarde. Pero llegó la noche y seguía haciendo calor, así que se volvieron a meter en la pileta mientras todos comían el postre. Y mientras estaban en la pileta, ¿a que no saben quién llegó?:
Papá Noel 
Papá Noel Papá

Elige tu propia aventura versión Pedro – Pedro/Papá Noel

Papá Noel había pasado por la casa y había dejado muchos regalos. Pedro corrió a buscar sus regalos y los abrió todos lo más rápido que pudo. Había una bata de Pepe, un piano de juguete, una mesa de trabajo con muchas herramientas, unas ojotas y algún que otro regalo menor. Pero no estaba el triciclo.
Sin embargo, sus papás le dijeron que no se preocupe, que Papá Noel a veces no daba abasto con todos los regalos que tenía que repartir esa noche y terminaba de repartir los regalos recién a la tarde del día siguiente. Así que Pedro se fue a dormir tranquilo.
A la mañana siguiente ya era Navidad y seguía haciendo mucho calor. Pedro se levantó y antes de meterse en la pileta fue a la casita de Ababo. Con mucha sorpresa, descubrió que en la casita había un paquete muy grande. Lo abrió lo más rápido que pudo y era ¡un triciclo! Con la ayuda de su Papá y de Tito también y con las herramientas que venían adentro de la caja armaron el triciclo.
Salieron a la calle a probarlo, pero Pedro se dio cuenta de que en realidad él no sabía andar en triciclo. Probó y probó y no se movía. Hasta que se acordó de una canción que había escuchado en el DVD del mono Bubba que decía “pedaleo, pedaleo, pedaleo sin parar” y se le ocurrió mover primero un pie y enseguida el otro. El triciclo se movió un poquito. Lo volvió a intentar repitiendo la acción una y otra vez y descubrió que avanzaba cada vez más. Primero un metro, después 2, después 5 y después 10. Y así aprendió a andar en triciclo. Y cada vez que tenía que ir a algún lado, iba en triciclo muy feliz.

Y colorín colorado, el cuento de Pedro y el triciclo se ha terminado.

Elige tu propia aventura versión Pedro – Pedro/Papá Noel Papá

Papá Noel Papá había pasado por la casa y había dejado muchísimos regalos. Pedro corrió a buscar sus regalos y los abrió todos rapidísimo. Había una bata de Pepe, un piano de juguete, una mesa de trabajo con muchas herramientas, unas ojotas y algún que otro regalo menor. Y también había regalos para los grandes. Pero no había ningún triciclo.
Sin embargo, Papá le dijeron que no se preocupe, que Papá Noel Papá a veces no daba abasto con todos los regalos que tenía que repartir esa noche y terminaba de repartir los regalos recién a la tarde del día siguiente. Así que Pedro se fue a dormir tranquilo.
A la mañana siguiente ya era Navidad y seguía haciendo mucho calor. Pedro se levantó y antes de meterse en la pileta fue a la casita de Ababo, que la acaban de terminar de construir. Con mucha sorpresa, descubrió que en la casita había un paquete muy grande. Lo abrió lo más rápido que pudo y era ¡un triciclo! Con la ayuda de su Papá y de Tito también y con las herramientas que venían adentro de la caja armaron el triciclo. Primero lo armaron mal, pusieron el asiento al revés, pero cuando se dieron cuenta, desarmaron todo y lo volvieron a armar bien.
Salieron a la calle a probarlo, pero Pedro se dio cuenta de que en realidad él no sabía andar en triciclo. Probó y probó y no se movía. Hasta que se acordó de una canción que había escuchado en el DVD del mono Bubba que decía “pedaleo, pedaleo, pedaleo sin parar” y se le ocurrió mover primero un pie y enseguida el otro. El triciclo se movió un poquito. Lo volvió a intentar repitiendo la acción una y otra vez y descubrió que avanzaba cada vez más. Primero un metro, después 2, después 5 y después 10 y después 342 metros, pero ya más que eso no porque era muy cansador y seguía haciendo calor. Y así aprendió a andar en triciclo. Y cada vez que tenía a ir a algún lado, iba en triciclo muy feliz.

Y colorín colorado, el cuento de Pedro y el triciclo se ha terminado.

Elige tu propia aventura versión Pedro – Tito

Tito tenía un barco con el que todos los fines de semana salía a navegar. Entonces un viernes lo llama a Pedro y le dice:
-Hola Pedro, ¿querés salir a navegar mañana?
-Sí, claro-contestó Pedro.- ¡me encanta navegar y me encantan los barcos!
Así que Pedro y Tito se levantaron temprano al otro día y fueron a buscar el barco, soltaron los cabos, enderezaron la nave y partieron hacia el mar. En el mar había muchas olas, olas grandes que subían y bajaban, subían y bajaban. De repente, asomándose entre las olas Tito descubrió una isla. Así que le comentó a Pedro.
-Mirá Pedro, ¡una isla! Vamos a ver qué encontramos.
Y pedro respondió.
-¡Sí! Vamos a ver qué encontramos.
Así que navegaron durante unos 23 minutos más y finalmente llegaron a la isla y bajaron del barco. Cuando descendieron descubrieron que la isla estaba llena de:
Duraznos 
Frutillas

Elige tu propia aventura versión Pedro – Tito/Duraznos

“¡Qué rico!”, dijo Pedro. “Me encantan los duraznos”.
Entonces empezaron a juntar duraznos. Y con todos los duraznos que juntaron se hicieron un juguito, lo compartieron y se lo tomaron todo y muy contentos volvieron al barco y siguieron navegando. Y las olas subían y bajaban. Y como estaban muy cansados, apenas volvieron al puerto, se pusieron a dormir, y durmieron 10 horas seguidas hasta la mañana siguiente.

Y colorín colorado, el cuento de Tito, Pedro y el barco se ha terminado.

Elige tu propia aventura versión Pedro – Tito/Frutillas

“¡Qué rico!”, dijo Pedro. “Me encantan las frutillas”.
Así que juntaron todas las frutillas que pudieron, trataron de no mancharse mucho (porque la frutilla mancha mucho), hicieron un juguito, lo compartieron y se lo tomaron todo y muy contentos volvieron al barco y siguieron navegando.
Y las olas subían y bajaban. Y de repente Tito encontró otra isla. Pero como estaban muy cansados, siguieron viajando. Y en el viaje de vuelta se cruzaron con el sol, que se estaba yendo a dormir, porque también estaba cansado. Así que los chicos y el sol se fueron a dormir y descansaron mucho para estar listos para seguir jugando la mañana siguiente.

Y colorín colorado, el cuento de Tito, Pedro y el barco se ha terminado.