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lunes, 20 de mayo de 2019

unmigone goes Orlando: volver

(esto pasó hace un año)
En la caja automática de transmisión había una dos letras. La D, correspondiente a directa, y un 3 cuya definición no conozco. Todo el viaje manejé en la posición de la D, pero en el tablero decía que estaba en "3". "Debe ser lo mismo". Cuando tomábamos la Turnpike para volver me di cuenta de que moviendo ligeramente la palanca a la derecha la posición de manejo se colocaba en D, la posición tradicional para andar. El 3 no sé que es, pero presumo que gastamos más nafta de lo que debimos.
Tomamos el desayuno en el Hampton Inn, cargamos las valijas en la Rav y encaramos para Disney Sprins a hacer las últimas compras y almorzar. 
Hacia las 3 salimos para Miami, casi siempre con lluvia. Antes de llegar a lo de Nacho y Vicky, fuimos al aeropuerto a ver si teníamos suerte con los chalecos que se habían quedado en el avión. Nos peleamos con la gente de AA, pero los chalecos nunca aparecieron. 
Llegamos bajo una lluvia fuerte a lo de los chicos, y allá nos esperaban Papá, Mamá y Nacho también. 
Comimos hamburguesas abajo. Y nos fuimos a dormir un rato. Mañana a las 5 salimos para el aeropuerto. 

martes, 25 de octubre de 2016

unmigone Goes Miami: Shampoolifter

No sin mucha vergüenza, confieso que me gusta traerme todos los shampoos que pueda de los hoteles. En principio, los que están en la habitación. Siempre trato de racionar al mínimo el uso y retirarlos rápido para que, de ser posible los reemplacen incluso más de uno por día. Con eso, tenemos en casa un stock de reserva para cuando el Pantene se acaba y la visita a Farmacity se dilata.
Pero este año fui un poco más allá y, con más vergüenza aún, debo contar que en este viaje asalté el carro de las mucamas cada vez que pude. O sea, cada vez que lo vi solo y desprotegido. Pasaba, agarrraba dos o tres (o cuatro o cinco) mini shampoos y me los guardaba sin que nadie me viera, o al menos, sin que nadie me atrapara.
En el primer hotel cometí el error (de novato) de ponerme nervioso y agarrar acondicinador. Malísimo. La crema de enjuague no sirve. En el segundo hotel, entonces, fui un poco más preparado. Los shampoos son rojos, los acondicionadores son naranjas. ¡Concéntrate unmigone! Así que en cuanto pude fui, tomé los rojos y seguí caminando.
En el tercer hotel tuve la experiencia más cercana a ser atrapado in fraganti. Estuve dando vueltas por el pasillo unos tres minutos esperando que el carro quede desprotegido. Las mucamas no lo abandonaban. Y me veían dando vueltas. Finalmente se metieron en la habitación. Eran dos. Fui, agarré cinco shampoos y me los metí como pude en el bolsillo del pantalón. Apuré el paso hacia el ascensor. Cuando llegaba al final escuché que una me empezaba a hablar.
-Excuse me Sir?
(seguí caminando; me temblaban las piernas)
-Sir? (más fuerte)
Bueno, acá se terminó mi aventura, tengo que enfrentar la humillación de ser atrapado. Cómo le explico a esto a mi familia y otras cosas más se me cruzaron por la cabeza.
Me di vuelta, derrotado.
-Yes?
-Which room are you in?
-703
-Are you leaving?
-Not now, in one hour.
-Ok, thank you.
Zafé.
Pero después me di cuenta de que las cámaras de seguridad en los pasillos registran todo. Y mucho más tarde también me di cuenta de que la práctica no es orignal, nueva ni propia de los hoteles medio pelo, tal cual se relata en un momento de la película Maid in Manhattan, con Jennifer Lopez.

martes, 11 de octubre de 2016

unmigone Goes Miami: Matthew

Llegué a Miami un lunes a la mañana. Desde el domingo ya se hablaba que el jueves llegaba Matthew. Al principio como un chiste, después como una preocupación real. El lunes a la noche hubo una tormenta tropical, de esas que inundan la calle en 15 minutos. Tormenta eléctrica. Al otro día, todo seco.
La tele era el motor psicótico que alimentaba la nuerosis. Todo lo que  salía de los noticieros eran gráficos, infografías y videos del paso del huracán por Haití primero y Cuba después. De pronto, el Gobernador diciendo que va a morir gente. Las clases se suspenden. Los trabajos también. Todos los lugares anuncian que estarán cerrados el jueves. La gente corre al supermercado. Todos hablan sobre qué van a hacer. Algunos se ponen más nerviosos que otros. Los otros intentan tranquilizarlos avisando que es algo muy normal. Todos recuerdan a Andrew, ese mounstro que hace más de 20 años pasó por la ciudad y se llevó puesto todo lo que pudo.
Llega el jueves. Llueve. Tormenta, un poco de viento. Nada grave. Nos refugiamos en el hotel "el lugar más seguro para estar", nos comentan. Hay poca gente, mandaron a casi todo el personal a sus casas con su familias. En el noticiero, en todos los noticieros, la imagen es la misma. Un tipo con paraguas y rompevientos transmitiendo en vivo desde la playa. Pasa el tiempo y Matthew no llega. Seguimos en el hotel. No se corta la luz. Pero no hay nada para hacer. O casi nada. A la tarde los periodistas trabajan, porque todos en Buenos Aires de repente se preocupan.
En la calle hay poca lluvia y menos viento.
A las 5 de la tarde, el Alcalde avisa que el Huracán va a pasar a ¡500 millas! de la costa del condado.
Todo vuelve lentamente a la normalidad.
Pasó Matthew, pero pasó lejos.

lunes, 4 de mayo de 2015

A metros de Pacquiao

Viendo por TV Pública la previa de la pelea del siglo (la pelea más aburrida del mundo. Si esta fue la pelea del siglo este fue un siglo muy malo. Además, el mote se tiene que poner después de la pelea, no antes. O, en realidad, cuando el siglo ya terminó) me enteré por Alejo Rivera cómo se había gestado el combate en Miami en enero.
O sea, en el mismo lugar, a la misma hora. 
fin

lunes, 26 de enero de 2015

unmigone Goes Miami: Hispanic


Ethnicity: Hispanic.
Y de repente un estudio que daba cuenta de mi altura, peso, edad y composición muscular me etiquetaba dentro de una minoría.
-¿Yo Hispanic?
-Sí,
Y, pero, ¿Al Pacino qué es entonces?
-No creo que a Al Pacino le interese mucho.
-Pero yo no me parezco a los hispanos de la foto...
-No importa, sos hispano, bancatelá.

viernes, 23 de enero de 2015

unmigone Goes Miami: #foodporn


Tomo nota y una fotografía mental también de todos los lugares donde fuimos a comer (y adonde probablemente nunca más vuelva) y lo que comí.

unmigone Goes Miami: Once In a Lifetime

Notas sobre  las cosas que hice acá y probablemente nunca más haré:

martes, 20 de enero de 2015

unmigone Goes Miami: así se ve

Cuando pasó ésto estaba a 10.000 metros de altura.
Cuando llegué al hotel prendí el WhatsApp y me enteré
Cuando fui al supermercado vi la repercusión internacional que tuvo el tema.

unmigone Goes Miami: palomas 2

Allá nos volvemos a ver Miami, como aquella vez que llegamos con Agus hace algo más de 3 años.
Y con el blog activo te lo vuelvo a contar.


martes, 4 de noviembre de 2014

Cafe Prima Pasta

Ayer, un día, pero hace 7 años, nos casamos.
Así que el 3 de noviembre no es apenas otro día en el mundo. Es nuestro aniversario.
Festejamos cada vez que podemos y cómo las circusntancias nos lo permiten, pero siempre felices. Unas veces, más glamorosamente que otras, es cierto.
Como aquella vez en 2011 cuando estábamos en Miami y el destino (y la invitación generosísima de Natalia Gracia) nos llevaron hasta el Café Prima Pasta.
Pasamos una buena noche, claro, pero mejor nos sentimos cuando tiempo después, nos entereamos de que Messi también elige ese lugar para festejar su cumpleaños.
Nada mal,

viernes, 20 de enero de 2012

Love You Forever (spoiler)


No sabía que los libros para chicos podían ser tan tristes. Un bajón. Cuando lo veía a Joey leer Love You Forever y hacer llorar a resto de los Friends pensé que era por su lectura dramática del libro y no por el argumento y la historia.
(grr. YouTube no deja embeber la escena así que para verlo clickerar acá)
El año pasado, mientras cargábamos medio carrito en Babies "R" Us en Miami encontramos una copia del libro a 5 dólares y la trajimos. Algunas semanas más tarde, a Agus se le ocurrió leerlo entero y me contó la historia. La de una madre que le canta a su bebé la misma canción una y otra vez. Cuando el bebé crece se la sigue cantando. Se la canta al niño, al adolescente, al adulto que abandona el hogar, se casa y tiene hijos (nietos). Se la canta siempre durante años, hasta que un día le dice a su hijo que ya está vieja. Su hijo la mece se la canta y... (no lo dice pero la deja picando) la vieja muere. El libro termina con el hijo (ya grande) cantándole la canción de cuna a su bebé.
El ciclo de la vida. Triste y melancólico. Como la vida misma. Pero en un libro para leerle a los chicos en la cuna.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

unmigone goes Miami: regreso


1,2,3,4,5,6,7,8,9 bultos, 10... Aunque era la una de la mañana en Ezeiza y el inspector de aduana no tenía muchas ganas de investigar, igualmente me sometió a un breve interrogatorio.
-Maestro, ¿sos argentino?
-Sí
-¿Compraste mucho?
-Eee, noo, cosas para el bebé, juguetes, esta sillita sale 70 dólares nomás (me equivoqué, salía 30 y ni siquiera era para nosotros).
-Ah, ¿son dos? Bueno, pasá.
(fin del viaje)
Unas 25 horas antes habíamos llegado al aeropuerto con la esperanza de abordar el vuelo 4521. Pero la gente de Lan determinó que el avión no estaba listo para partir así que nos dejaron una noche más en Miami y nos hicieron perder un día de trabajo.
Con la sensación de que no saber cuánto tiempo puede pasar hasta que podamos volver allí, intentamos aprovechar de la mejor manera el tiempo de la estadía. Eso es bueno para la rentabilidad del viaje pero malo para nuestro descanso.
No hay queja, hicimos lo que el manual del buen viajero miamense indica (y más): visitamos todos los principales malls, estuvimos presentes en los festejos de Haloween, anduvimos en un Mustang, recorrimos la playa en bicicleta (Agus), caminamos la Lincoln de punta a punta muchas veces, tomamos café caminando por la calle, vivimos como los locales, aceptamos las invitaciones de los locales a sus casas y también tuve que trabajar.
Que se repita.

jueves, 3 de noviembre de 2011

miércoles, 2 de noviembre de 2011

unmigone goes Miami: Halloween


Lista casi exhaustiva de los disfraces que vimos ayer en los festejos de Halloween en Lincoln Rd:
Soldados de juguete tipo Toy Story
Familia Scooby Doo
Familia Picapiedras
Sombrerero (Alicia)
Morphsuits
V de Vendetta
Familia Mago de Oz (Padre: Espantapájaros, Madre: Dorothy, Hijo: León)
Abejitas
Piratas
Perros disfrazados
Tigger
La parca
Policías que no sabías si eran verdaderos policías
Kill Bill (la novia)
Baywatch gay
Brujas
Capitán América
Flash
Batman
Chapulín colorado
Chicas que pasan el cartel
Cervzas Corona pack
El que se escapó del hospital y se le ve el culo
Chucky
Blancanieves
Princesas
Vaca inflada
La guerra de los Roses
Monja embarazada
Estatua de la libertad
Egipcios
Batman y Gatúbela
Payasos diabólicos tipo IT
Nerds
Esqueletos
Gente en pijama y en toalla
Tiburón
Elvis
Mario Bros y Luigi
Osos

lunes, 31 de octubre de 2011

unmigone goes Miami: palomas


El temporal dejó su huella en la orilla de South Beach: un dibujo de algas y otras plantas que flotaban en el mar revuelto y que la rompiente se encargaba de acomodar una y otra vez cada algunos segundos. El viento, mientras tanto, desorganizaba todos los planes y marcaba el terreno, hostil, tropical. Y así, en el medio de todo ese caos estaban las palomas. Gordas, grises y grandotas. ¡Palomas! Las mismas que comen picingallo en la Plaza de Mayo, esas ratas con alas que invaden la ciudad andaban por la arena picoteando lo que podía llegar a considerarse comida, quitándole glamour a la postal tropical.
Unas horas antes, un empleado de Budget muy parecido a Arnold Jackson-Drummond (más alto, claro) me quería convencer a toda costa de poner 12 dólares más para hacer un upgrade. Nos negamos. Después, me explicó el tema de los seguros: LDW, PAE, ESP, SLI… siglas con las cuales no se puede ser intransigente en el país de la industria de los juicios. “It is peace in your mind”, me dijo Arnold para convencerme de que, aunque no eran técnicamente obligatorios, necesitaba contar con todos esos seguros para poder disfrutar del viaje. 20 segundos más tarde estaba firmando todo con con la lapicera stylus en la pantalla de LCD. El res ultado de nuestra negociación con Arnold estaba en la cochera B44. Al llegar, descubrimos que lo que él nos había dado era un Mustang negro, con luces de neón por todos lados en su interior. Miami 100%.
Sin siquiera pasar por el hotel a dejar la valija echamos a rodar el auto y navegamos por una media hora en las entramadísimas autopistas del Sur de la Florida. Ni el GPS podía salvarnos. Salida a la derecha, salida a la izquiera, merge: se juntan los carriles, exit 1A, 2B, N95… el horror, el horror.
Primera parada: Manolo’s. Un lugar en donde venden churros de dulce de leche, milanesas, empanadas y sándwiches de miga. Sospechamos que los dueños podrían ser argentinos.
Destino final: Sawgrass Mills Mall, Fort Luderdale. Lo que pasó allí es imaginable. 10 horas después, salimos hacia el hotel con varios dólares menos y el baúl del Mustang cargado. Apenas el último hálito de vida para hacer la registración en el Albion, baño y a dormir.
El domingo fue un poco más de lo mismo, pero más tranquilo. Estuvo la caminata de reconocimiento por la playa y por el barrio (Lincoln y Collins) pero también una visita la Bayside Marketplace. El downtown de Miami fue un caos. La competencia del Iron Man Miami había tomado al centro comercial de la ciudad y los policías de tránsito hacían lo que podían para ordenar a los autos que se apilaban atontados.
Descubrimos ese lugar del que tanto nos habían hablado: Ross.
Y también fuimos al Dolphin Mall, pero de puro gusto, con poco tiempo y menos organización que la del día anterior cuando visitamos Sawgrass.
Halloween estaba en todas partes y la gente saqueaba (literalmente) el Sprit Halloween, un negocio temático.
Mientras tanto, seguro, las palomas seguían ahí en la orilla, picoteando lo que sea y arrinuando la postal miamense. ¡Qué hijas de puta!