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lunes, 5 de julio de 2021

Los binoculares de Papi

Papi viajaba siempre con sus binoculares Swarovski. También con una radio portátil Sony, alguna cortaplumas, encendedores, linternas, habanos y cortapuros. Formaban parte de su kit de aventuras, vaya donde vaya. 

En Punta del Este se asomaba al balcón y miraba los barcos que pasaban por atrás de la Isla de Lobos. Le gustaba discutir. 

-Papi, ¿qué estás haciendo? 

-Estoy tratando de ver ese crucero que está pasando por atrás de la Isla. 

-¡Ese es un carguero!

-No, es un crucero. 

-¡No! ¡Es un carguero!

Disfrutaba de que lo escuchen y enfatizaba la acentuación de las palabras. En su mensaje del contestador del teléfono marcaba una pausa larga entre una parte del apellido y la otra: Soba(pausalarga)Rojo. 

Estoy tratando de recordar su voz. Grave, pero carrasposa. Algo gangosa. 

Quería que lo visiten y también que lo sirvan. "¿No me ponés un poquito más de whisky?", fue una de sus solicitudes más recurrentes. El ritual era alrededor de las 8 de la noche. Un vaso de Criadores con soda y hielo, algún quesito y alguna aceituna si había. Casi todos los días de su vida. Nunca se lo vi servir a él. 

De chico llegaba a casa tocando la bocina. Una vez, en la época de la hiperinflación, nos ofreció plata. "¿Qué quieren? ¿500 australes o 5 dólares?". María y yo corrimos a agarrar los 500 australes. Nacho, que no debe haber tenido más de 5 años, dijo que quería los dólares. Todos rieron. 

Mi primer bicicleta me la regaló él. Era naranja y plegable. También la Morey Boogie que todavía conservamos en casa. "Me costó 100 dólares", recordaba siempre. 

Cuando teníamos 12 o 13 años nos llevó a Nacho y a mí a pasar un día de campo con sus amigos cazadores. No me acuerdo dónde quedaba ni cuál de sus amigos era el dueño del lugar, pero sí que cuando llegamos sacó un arma por la ventana del auto y se anunció a puro disparo. También que fuimos paracticar tiro con una escopeta calibre 22. Nos enseñó a apuntar y dispararle a unos ladrillos. 

Era un grupo de 20 personas y nosotros dos, los únicos chicos. Comimos un cordero que no entendía por qué se empezó a cocinar tan temprano. Le disparamos a un blanco para con la silueta de un jabalí colocado en un alambrado. Todos los amigos eran igual o más gordos que Papi.

En su época de gloria fue Radical y exhibía orgulloso su amistad con Illia y Alfonsín en sendos retratos apoyados en la biblioteca del living de su casa. También repetía la frase "gran amigo mío" cuando citaba alguna persona que conocía. Y nosotros nos permitíamos dudar, pero a él no le importaba o no se daba cuenta. 

Sus amigos se fueron muriendo o alejando y quedó él con la familia. Siempre le importó la familia y hasta donde pudo ostentó su condición de patriarca. Le gustaba el asado de tira. Que se lo sirvieran -claro- jugoso. A los asados llevaba su propio cuchillo.

Nunca dejó de interesarse por lo que pasaba en el mundo y por la tecnología. Como vivió los últimos 10 años arriba nuestro me tocó asesorarlo en la compra de teles, computadoras y celulares. Y calmar su ansiedad cuando algo no funcionaba o internet estaba caído. 

En los últimos años se comunicaba por Whatsapp. Hablaba por ahí con los chicos. La primera conversación que hay es de 2016 y son emojis que Pedro le mandó. Papi respondió con un mensaje de audio. 

Le gustaba a Papi que los chicos lo visiten. Y a ellos también les gustaba tener una relación con su bisabuelo. 

El último mensaje que tengo de él es del 12 de mayo: 

"Muy feliz cumpleaños. Disfrútalo con tu maravillosa familia. Mami y Papi" 

Le contesté con un escueto: "Muchas gracias, Papi". 

Murió el 8 de junio pasado. 

Los binoculares de Papi ahora quedaron de recuerdo en nuestra casa. Yo les digo largavistas. Él a veces los llamaba prismáticos. 

jueves, 6 de febrero de 2020

Post #800 y 10ª aniversario: alive and still rolling

El 31 de agosto de 2017 dije que este blog moriría... hoy. 
Hoy cumplo 10 años como blogger, bloguer.
El 6 de febrero de 2010 empecé a teclear acá
Todavía no sabía ni siquiera que vendría Pedro. A los pocos días nos enteramos de que Agus estaba embarazada. En septiembre de ese año nació Pedro. Lo conté acá
Tres años después nació Joaquina. Lo conté acá
Nueve años después, o sea, en agosto del año pasado, nació Guadalupe. Lo conté acá

Me tomó unos 225 días (7 meses y 13 días) llegar al post número 100.
Me tomó unos 315 días (10 meses 12 días) desde la entrada N°100 para llegar al post número 200
Me tomó unos 337 días (11 meses 1 día) desde la entrada N°200 para llegar al post número 300 
Me tomó unos 288 días (9 meses 15 días) desde la entrada N°300 para llegar al post 400.

Me tomó unos 423 días (1 año, 1 mes y 27 días) desde la entrada N°400 para llegar al post 500.

Me tomó 343 días llegar desde la entrada N°500 al post 600.
Me tomó 470 días recorrer el camino del post Nº600 al post Nº700.
Y me tomó 890 días escribir 100 posts más, para llegar al Nº800, este. Una barbaridad.

A diferencia de otro momentos, esta vez estoy contento. Vivo y coleando. Vamos por más. Hasta el 1000, hasta la victoria, siempre.

(Aclaración: Preparando este post me di cuenta de que el aniversario no es hoy, sino que ya cumplimos años el 2 de febrero, hace 4 días) =0

domingo, 2 de febrero de 2020

Primeros auxilios: lo que NO hay que decir

"Quedate tranquilo, todo va a a estar bien".

El rock ha muerto

Nada de rock por aquí, nada por allá.
¿El rock ha muerto?

Reinvindicación pimienta


2010: Reivindicación Bay Biscuit
2012: Reivindicación Pan Dulce
2013: Reivindicación Chocolate amargo / Reivindicación pera / Reivindicación arena
2014: Reivindicación Siri (bueno, no es una comida)
2015: Reinvindicación Helado de frutilla
2015: Reinvindicación After Eight
2020: Reivinidicación British Accent

Nada más que agregar

jueves, 30 de enero de 2020

Reinvidicación Twitter


2010: Reivindicación Bay Biscuit
2012: Reivindicación Pan Dulce
2013: Reivindicación Chocolate amargo / Reivindicación pera / Reivindicación arena
2014: Reivindicación Siri (bueno, no es una comida)
2015: Reinvindicación Helado de frutilla
2015: Reinvindicación After Eight
2020: Reivinidicación British Accent

Y ahora llega el turno de reconocer a la peor-mejor red social. La más divertida. La más carrasposa y ácida. La más cínica y dolorosamente cierta. La más criticada, la más amada. 
Gracias, Twitter.

lunes, 20 de enero de 2020

viernes, 10 de enero de 2020

Las crisis recurrentes de la Argentina y su legado

¿Cómo se arregla un país? 
Probablemente con tiempo y políticas de Estado que se sostengan. 
Fuera de eso,  cada vez es más común escuchar a gente soltar la frase "este país no tiene arreglo".
Eso yo no lo sé, pero creo que hay dos problemas de la Argentina que son muy difíciles de componer. 
El primero tiene que ver con la composición del país desde que la generación del 80 lo pensó (y antes también): la excesiva relevancia de Buenos Aires y su puerto, un problema que ya venía desde la época de la colonia pero que nadie quiso arreglar seriamente nunca; y el reparto de tierras entre grandes terratenientes y no, como se hizo en Estados Unidos, en pequeños latifundios para los inmigrantes. 
Sobre esto, varios historiadores y analistas han comentado bastante.
Sobre lo segundo que voy a comentar no he leído nada, pero acá va
El otro problema de la Argentina tiene que ver con el legado que dejan las sucesivas crisis en las que la economía cae cíclicamente. Cada crisis se capea con parches o cambios de mentalidad que deberían ser tempoales pero terminan siendo derechos adquiridos que nunca se van. A saber: 
La crisis de los 70s dejó una desconfianza en la moneda nacional que nunca, ni con el austral ni con el peso se revirtió. Hoy, hasta el que barre la vereda de casa piensa y ahorra en dólares.
La crisis del 89 (hiperinflación) dejó que el consumo de marcas se derrumbara. Aparecieron las marcas B, más baratas y alernativas al consumo de marcas tradicionales. Pero cuando la economía se normalizó en los 90 y hasta ahora nunca se fueron. Por el contrario, se expandieron. Hoy no sólo tenemos marcas B sino también marcas C, D y Z. 
La crisis del 2001 que explotó con la devualación y el desempleo altísimo comenzó a cargar al Estado con los planes sociales (en su momento, se arrancó con los Planes Trabajar). Cuando la economía se recuperó, los planes no solamente siguieron existiendo sino que se multiplicaron. Y le agregaron jubilaciones, AUH y otros. Hoy, el gasto social del 70 por ciento del presupuesto constituye el impuesto al estallido social. Si no querés que terminemos como Chile, soltá los fondos para contención social. 

Los kioscos de diarios son jugueterías


¿Alguien sigue yendo al kiosco a comprar el diario?
A mí me encantaba hacerlo. Era uno de los placeres no culposos de porteño tanguero, de los pocos hábitos que siempre me gustaron del habitante de CABA.
Pero ya hace tiempo que no lo hago.
Hoy los kioscos intentan recibir a la dejadez a caballo de las mil quinientas colecciones de cualquier cosa que se lanzan y abandonan. Es más fácil encontrar en esa estructura de chapa verde un colectivo suizo que la revista Muy interesante.

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viernes, 3 de enero de 2020

Los freestylers son mis ídolos

Para los que dicen que la juventud está perdida (la chotada de la épica del pasado)
Que los chicos no leen
Que no tienen vocabulario
Que no piensan

Conozcan el freestyle

Las cosas que me gustan de las batallas de gallos:
Son chicos jóvenes. Mientras que en el rock se cansó de entregar estrellas maduras haciéndose pasar por chicos, en el rap los MCs son genuinamente chicos. El campeón de RBBDLG tiene literalmente 17. Las estrellas del Trap (Duki, Wos, Paulo Londra) son sub-23.
Tienen vocabulario.
Desarrollan capacidad argumentativa. Habilidades clásicas de debate.
Tienen carisma.

Hace 9 años dije que los payadores eran ídolos. Y los comparaba con los MCs. Pasaron por lo menos 5 años desde ese momento hasta que explotaron las batallas de gallos en Argentina. Bienvenidos.

Redescovering Puerto Madero

Calles súper anchas (como me gusta a mí)
Lugar para estacionar en la calle
Espacio verde, mucho circuito aeróbico
Urbanización planificada
Surtido razonable de oferta de bienes y servicios (no todo es restaurants de sushi; hay ferreterías, panaderías, almacenes).
Muchos locales de Mostaza (todo un descubrimiento fast food para este año pasado)
Una oferta razonable de transporte público (no hay casi colectivos, ni llega el subte. Pero cruzando el dique y caminando unas cuadras está todo el caos necesario. Se puede llegar hasta ahí en bicis o monopatín o taxi).
Seguridad
La pasarela que mira al dique
Y todo lo demás también

martes, 31 de diciembre de 2019

En esta década

Seguí casado
Nació Pedro
Nació Joaquina
Nació Guada
Trabajé
Cambié de trabajo
Cambié de profesión
Corrí
Deje de correr
Engordé
Adelgacé
Empecé un blog
Me anoté en un posgrado
Pensé un podcast
Armé rompecabezas
Y el cubo mágico
y otras cosas más

martes, 24 de diciembre de 2019

Chulo

-Chulo, ¿siempre te llamaron Chulo?

A Chulo hay que hablarle fue y de frente. Casi no oye. Tiene 94 años.
Nunca me había hecho esa pregunta. Mejor dicho, la pregunta que nunca que me había hecho -o tal vez sí, pero nunca investigué- fue: ¿Por qué te dicen Chulo?
El otro sábadao, gracias a que a Agus se le ocurrió preguntar, Chulo contestó:

-Sí, siempre. Es más, me dicen Chulo desde antes de nacer. Porque mi madre tenía una amiga española que le decía "¿Cuándo va a nacer ese chulo?".

martes, 10 de diciembre de 2019

El año en que dejé de consumir medios

Este año dejé de ver televisión.
También dejé de escuchar radio.
Hace tiempo ya que no leía los diarios en papel, salvo los domingos. Pero este año la situación se agravó. Salvo por cuestiones laborales, no consumo medios. Y eso es bastante para mí.
Cada tanto vuelvo a prender la televisión. ¿Sigue estando Fantino? ¿Doman en Intratables? ¿A qué hora dan lo de Guido? ¿Ese programa de Leo Montero es en serio o en joda?
No es una pose. Me encantaría poder mantener la rutina de prender la televisión o la radio, o recibir el diario por abajo de la puerta y desplegarlo encima del tazón de café con leche. O pasar por el kiosco para pedirle a Sergio si llegó la Rolling Stone de este mes.
Simplemente, ese hábito se diluyó. Fue con bastante naturalidad que me asusta un poco. Hice todo lo posible por mantenerlo. Hasta me pregunto si fui yo el que abandonó a los medios o si, acaso, no fueron los medios los que me abandonaron a mí.
Hoy, como a casi todos los alumnos a los que le pregunto, los medios casi no existen en mi vida (salvo por temas profesionales). Las plataformas digitales lo han hecho una vez más. Cambiaron los formatos, y a cada industria le llega su Uber.

viernes, 29 de noviembre de 2019

47 posts para unmigone

Muchas veces pensé en la muerte de este blog.
Muy tentado de naufragarlo, coquetée con el abandono en este momento. En dejarlo a la deriva en el mar de Blogger, hasta que una costa rocosa dañe su casco y se hunda lento.
Me puse reglas para no hacer esto.
Primera fecha de defunción: cuando llegue a los 1000 posts. Como toda proyección que se precie de tal, falló. El ritmo de posteos en ese entonces marcaba que la fecha de defunción debería ser el 4 de febrero de 2018. Por entonces (junio de 2012) me preguntaba qué será de nuestras vidas ese día. Hoy, ya ni acuerdo dónde estábamos a principio de febrero del año pasado. Pero sí estoy seguro de que corrió mucha agua bajo el puente.
Segunda fecha de defunción: cuando este blog cumpla 10 años. Es decir, el 6 de febrero de 2020, en algo más de dos meses.
Ahora, va la tercera.
Si consigo llegar a los 800 posts antes de ese día, unmigone sigue.

Vengan Santos milagrosos,
vengan todos en mi ayuda,
que la lengua se me añuda
y se me turba la vista;
pido a mi Dios que me asista
en esta ocasión tan ruda.

martes, 16 de julio de 2019

Las galletitas de Beby

Hace dos semanas me tocó conocer la pérdida de una persona muy querida: mi abuela Beby.
Beby nació el 20 de junio de 1930 y partió el 3 de julio de 2019, a los 89 años. Era mi abuela más joven. Los otros 3 todavía viven, y bastante bien. Me considero bastante afortunado por eso y me cuesta valorarlo a veces.
Beby era la abuela que estereotipan las propagandas: cariñosa, atenta a sus nietos, cocinera.
Amaba a su marido Chulo, tenía una familia inmensa.
Cocinaba de todo: milanesas con doble empanado, unas con grumos que nunca volví a verlas en ningún otro lugar más que su casa; tortas, me acuerdo de una de coco, de un rogel con merengue quemado arriba que no me gustaba mucho y una de manzana; tartas, pascualina; y las galletitas dulces cuya receta replicamos muchas veces en eventos propios y ajenos.
En navidad tenía dos rituales, ambos en la chimenea del living de su casa de Martinez.
1. debajo de la campana de cobre (una que hay que limpiar con un producto especial casi a diario, porque cualquier dedo que se le apoye deja marca) armaba un pesebre inmenso. Cada uno de sus cuatro hijos era un pastor. Sus yernos y nueras eran otros cuatro. Sus 23 nietos estaban representados en otros tantos pastorcitos de cerámica. Y sus no se cuántos bisnietos creo que también estaban por ahí.
2. colocaba unas botas rojas con los nombres de cada uno de sus nietos primero y de sus bisnietos después. Ella cortaba y cocía las botas de pañolenci rojo y recortaba con letras blancas el nombre de cada uno. Las últimas navidades ya no quedaba espacio en la chimenea para ponerlas.
En cada fin de año, pascuas, cumpleaños de Chulo, día del padre, cumpleaños suyo, día de la madre y alguna otra fecha más la casa de Beby se llenaba de gente. Ella nunca se sentaba. Estar relajada no era su prioridad. Su verdadera obsesión, lo que la hacía feliz, era recibir a todos.
"Hooooola" decía cuando nos veía llegar. Al menos cuatro o cinco os hay que agregar al saludo, porque para ella todo era emocionante.
Le gustaba recibirnos de visita fuera de esas fechas, también. Y recibirnos bien. Aunque le dijéramos, "no te preocupes", siempre había orgías de cosas ricas esperándonos para tomar el té.
También empapelaba y reempapelaba su casa. En el cuarto del fondo había (hay) una mesa de billar japonés. Nunca me ocupé de averiguar por qué sólo en lo de Beby y Chulo existe ese juego raro, que en vez de bolas hace correr fichas de madera con un tacto sobre una mesa dudosamente encerada, que poco resbala. En todo caso, nunca me importó, creo. Porque Beby nos enseñó a jugar.
Durante 8 años, mi casa fue la casa de al lado de su casa. Pasé muchos días en ese lugar hasta que nos mudamos en 1989. Hasta ese entonces, Beby fue mi abuela que vivía al lado y yo el nieto varón, el más grande de los que tenía cerca. Creo que esos años marcaron mucho nuestra relación. Nos unía eso, el hecho de que los dos habíamos nacido en un año redondo y, un poco más forzado, el zurdismo. ¿Beby era zurda? No, pero me contó un día que en su época a los zurdos como ella los obligaban aprender a escribir con mano la derecha. Entonces ella escribía con la derecha, pero hubiera sido zurda como yo o como Pedro de haber nacido 20 años después.
Tenía una letra prolijísima, que la usaba para dejar notas en frascos, frases en la pared del departamento de Punta del Este, indicaciones, instructivos o dedicatorias en los sobres con plata que entregaba religiosamente en cada cumpleaños.
Amaba recordar cada aniversario de cada uno de sus familiares y amigos, y el llamado de rigor para saludarnos. Y se ofendía si no lo hacíamos cada 20 de junio cuando ella cumplía. Tenía listas blancas (y por defecto listas negras imaginarias) con los que ya la habían saludado por teléfono de línea.
Para su último cumpleaños, hace menos de un mes, yo no la llamé. Me arrepiento mucho de no haberlo hecho.
Ayer, en el cumpleaños de mi sobrino estaban las galletitas de Beby, en forma de huesos de Paw Patrol. Y apareció con eso el título para este post.
Cuando murió Beby murió también una parte mía. No sé cuál, pero estoy seguro de que algo de mí también se fue el 3 de julio. Dios me dejó ese regalo. Que el primer contacto verdadero con la muerte sea tan alegre, tan lleno de amigos y familia, tan lindo, tan poco trágico. Tan Beby, como decía el texto que escribió Manu mi prima desde España y fue leído en la misa esa noche fría de julio, mientras yo miraba la campana de cobre de la chimenea.
Esa rara sensación es la que sentí ayer cuando volví sin querer a probar las galletitas de Beby. Como la magdalena de Proust, las masitas de mi abuela me llevan a un lugar de mi infancia que se perdió. Y eso, lejos de angustiarme, es algo que me parece que hay que celebrar. Prometo hacerlo cada vez que coma una de esas galletitas dulces.

Receta de las galletitas de Beby
Harina 300g
Manteca 150g
Azúcar 100g
Huevo 1u
Esencia de vainilla 1cdta
1. Mezclar la manteca blanda con el azúcar, incorporar la harina y mezclar bien.
2. Añadir el huevo y trabajar la masa sin amasar hasta obtener una masa lisa y suave.
3. Dejar reposar en la heladera por 30'
4. Estirar con palote hasta obtener una lámina fina.
5. Arrollar y cortar en discos finos.
6. Horno moderado 8'

martes, 27 de noviembre de 2018

La radio que se apaga

Escucho radio desde que tengo memoria. Cada vez que puedo. Es mi placer culposo. Me distrae, me desconcentra, me educa.
Ayer vi la entrega de los Martín Fierro a la radio. Todos los premiados tenían más de 40 años. Todos defendían a la radio como medio. Es un medio apasionante. Pero que, mal que le pese, se está muriendo como tal. Le está costando reconvertirse. No hay generaciones nuevas ni de un lado ni del otro del micrófono.
Espero que me equivoque. Espero que no se apague.

jueves, 31 de agosto de 2017

Post#700 Nueva fecha de defunción de este blog

Me tomó unos 225 días (7 meses y 13 días) llegar al post número 100.
Me tomó unos 315 días (10 meses 12 días) desde la entrada N°100 para llegar al post número 200
Me tomó unos 337 días (11 meses 1 día) desde la entrada N°200 para llegar al post número 300 
Me tomó unos 288 días (9 meses 15 días) desde la entrada N°300 para llegar al post 400.

Me tomó unos 423 días (1 año, 1 mes y 27 días) desde la entrada N°400 para llegar al post 500.
Me tomó 343 días llegar desde la entrada N°500 al post 600.
Y finalmente me tomó 470 días recorrer el camino del post Nº600 al post Nº700, o sea, éste.

No tengo mucho para decir, ni para festejar. Sigo creyendo en el #mundomejor, pero apenas 9 de los últimos 100 posteos fueron inscriptos bajo ese label. Y cuando llegué al posteo 600 había hecho toda una cuestión al respecto. 

Había dicho que este blog se apagaba cuando llegue a los 1000 posteos. Ahora, pienso, no creo que llegue a eso. Por eso anuncio que el final de este espacio va a ser, en el caso de que no se alcance una cifra para esa época -al ritmo que venimos, lo más probable-, unmigone llegará a su fin el 6 de febrero de 2020. O sea, 10 años después de haber empezado a teclear. 
Chau. 

lunes, 7 de agosto de 2017

8 meses corriendo. Por qué no soy ni seré runner

El último bebedero que andaba en la Plaza Vicente Lopez no funciona más. La noticia no podía ser más mala para mí. En esa mañana de junio, a pesar de que el almanaque indicaba otra cosa, el clima era de verano.  O de primavera, al menos. Acababa de terminar un fondo de 9 kilómetros y el calor no previsto le estaba pasando una muy mala factura a mi cuerpo. Me acerco a comentarle el tema al guardia (si es que le cabe el oficio al muchacho de la plaza) y me confirma que sí, en efecto, el último bebedero de la plaza había dejado de funcionar "hacía dos o tres días".
-Pero ya lo tienen que estar por venir a arreglar de Ciudad.- agregó optimista.
Y me compartió agua, que sacó de adentro de una especie de garita de ladrillos bastante fea. Yo acepté  el convite, incliné la botella y empiné un sorbo, no más, de Villavicencio. No podía tomarle más de eso al pobre hombre, pero lo deseaba. Y a pesar de estar a poco más de una cuadra de casa, no tenía energía para llegar hasta el departamento.
Cuando por fin pude hacerlo, en mi hogar bebí sin vergüenza. Primero del pico de la canilla y después, ya más recompuesto, dos botellas de medio litro de vidrio que estaban guardadas en la heladera.
Recién cuando pude ordenar las ideas razoné. Mis piernas decían una cosa y mi cabeza otra. Estaba en cierta forma entrenando para una carrera. Pero parecía más el fin de mi carrera como corredor.
Había empezado a correr en noviembre del año pasado. Primero un par de vueltas a la plaza, después más vueltas y finalmente armando un recorrido más o menos razonable que iba desde Recoleta hasta el Planetario y volvía. 8 a 10 kilómetros, dependiendo el trazado elegido para la ocasión. Como la mayoría de los adultos de clase media que empiezan a correr mis razones para calzarme zapatillas y salir a la calle a trotar eran bastante evidentes: un poco de ganas de hacer algo, otro poco de necesidad de despejarse, otro poco de automotivación inoculada.
Salí sin plan de entrenamiento ni demasiada técnica, apenas algunos consejos de mi hermano. Corría a las mañanas 2, 3 hasta 4 veces por semana en el mejor momento. Después de algunas salidas pusimos un objetivo. La carrera LATAM 10K, que se desarrollaría en diciembre.
Acabé leyendo media decena de libros y textos sobre running, viendo alguna cantidad de videos y entrevistas a runners. Más por curiosidad que por entusiasmo propiamente dicho. "De qué hablo cuando hablo de correr", de Haruki Murakami es un gran ensayo. Otras obras que prefiero olvidar bajan línea sobre la religión y lo bien que hace correr.
La carrera de LATAM se suspendió la primera fecha por lluvia. Y la reprogramación me obligó a correr solo ese domingo 18 de diciembre. Salí muy rápido y sufrí el calor. A la llegada, me senté en el pasto y me sentí mal. Estaba solo y al borde del desmayo. No podía marcar el teléfono para pedir ayuda. Conseguí llegar a una carpa de emergencias y el enfermero me hizo sentar, tomar la presión cada media hora y rehidratarme hasta que pude volver a vivir. Encima el tiempo de mis primeros 10K fue algo más de 60 minutos, muy por debajo de lo que hubiera canchereado que correría.
Seguí corriendo durante el verano, con menos entusiasmo e intensidad, claro, pero a paso más o menos sostenido. Cambiar de ambiente y correr entre árboles y sombras primero y por la playa con el mar de fondo después mantuvo la llama runner en piloto al menos.
Correr me servía para pensar, reflexionar o simplemente contar líneas de la calle. Un aspecto bastante destacable que Murakami señala como algo bueno y yo coincido. Es más que un ejercicio. Pero no es un mantra o un culto a la vida sana, opino. No tiene mucho de disfrutable desde el punto de vista ejercicio. Entiendo sin embargo a los que se obsesionan y se convierten en evangelizadores del running porque correr tiene muchos componentes adictivos. Y mucha filosofía barata de calle alrededor (esto para mí no es algo peyorativo, sino al contrario, me parece bueno). Y tiene la parte social, las posibilidad de autosuperarse y qué hablar de conocer lugares y viajar gracias al running.
Más allá de eso, que no es poco, no encuentro mucho atractivo en el acto propio de correr.
Pero seguí corriendo y esta vez con foco a la Maratón Monumental, los 10K de River, con el atractivo de poder dar una vuelta por la pista de atletismo del estadio antes de completar el recorrido.
Esta vez el entrenamiento fue mucho menos comprometido, incluso con una enfermedad en el medio del tramo final de la preparación. La experiencia, a pesar de eso, fue mucho mejor que la anterior. Disfruté casi toda la carrera, corrí en familia y mejoré el tiempo anterior hasta cruzar la línea con un mucho-más-aceptable-tiempo de 58 minutos.
Correr con lluvia, correr con frío, correr con hijos, correr enfermo. Nunca hay excusas para no correr. Eso dice un runner de pura cepa. Y a mí eso, cómo decirlo, me parece una pelotudez.