Dicen que hace un tiempo, más de 20 años al menos, los relojes de los taxis portaban una simpática banderita que permanecía vertical cuando el vehículo estaba libre y se bajaba cuando el pasajero subía y el viaje comenzaba a ser pago. La tecnología hizo lo suyo y hoy los relojes de los taxis son puro circuito electrónico. Pero se sigue hablando de bajada de bandera para referirse al costo inicial de un recorrido.
También (de esto puedo dar testimonio), los teléfonos antiguos no tenían un teclado sino un disco con un resorte que había que girar para marcar (discar) el número. Recuerdo incluso haber visto alguno de estos aparatos (negros, naranjas, verdes o beiges, de acuerdo con la época) con un candadito bloqueador del 0 para impedir hacer llamadas de larga distancia. Los discos desaparecieron de los teléfonos, pero algunos abuelos siguen diciendo discar en vez de marcar y hasta sigue existiendo el Discado Directo Internacional (DDI).
Los inodoros, por su parte, tienen un botón que levanta un tapón para liberar el agua. Pero antes el mecanismo estaba sostenido por una cadena que colgaba de la mochila encima del aparato. Hoy, este sistema quedó relegado a apenas algunos baños de estaciones de servicio ruteras. La mayoría de los inodoros tienen botón, pero todos seguimos preguntándole al que salió antes que nosotros si tiró bien la cadena y no si apretó el botón.
(hay más ejemplos del estilo; por el momento mi memoria me los niega. Si llegara recordar alguno más prometo actualizar)
Toda esta introducción sirve de marco para comentar que la semana pasada me dí cuenta de que somos contemporáneos del proceso de obsoletización de una frase. Es decir, una expresión bastante usada hasta ahora va quedando sin sentido literal a medida que una tecnología aplasta a otra. Tal como pasó con la "bajada de bandera", con el "discar" del teléfono, con el "apretar el botón", ahora le toca el turno a la televisión.
Personalmente, nunca me gustó mucho la expresión "caja boba" para describir al aparato y evito usarla cada vez que puedo (ahora más que nunca). Las cosas no son buenas o malas, bobas o inteligentes... son lo que son y la connotación tiene que ver con el uso y las expectativas que uno ponga en ellas. A la televisión, por caso, no se le puede demandar inteligencia ni sabiduría y eso no significa que sea boba.
Ahora, encima, a ese debate semántico sobre la manera de referirse despectivamente a la TV se le suma otro con argumentos en contra de la frase que son mucho más contundente. La transición de los televisores de tubo a la estandarización de los LCDs, plasmas, LEDs o el sistema que sea hace que el formato del aparato ya no sea caja.
En unos años, seguramente quedarán muy pocos televisores con forma de cubo (caja). Pero seguiremos escuchando seguramente cómo la gente se levanta en armas en contra de la televisión y apunta su dedo acusador al grito de "caja boba" sin siquiera plantearse el dilema.
Que sea este otro aporte inútil más a la reflexión intrascendente.
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lunes, 11 de abril de 2011
jueves, 11 de noviembre de 2010
Herramienta prostituida
Publicado por
unmigone
a las
17:55
Estaba leyendo casi por inercia una típica entrevista de la sección Personajes de la revista Noticias, en este caso al ignoto actor argentino Alberto Ammann (32) (me parece muy buena la idea de poner la edad al lado del nombre en las notas).
Las letras fluían de manera intrascendente y con mucha pasividad pasaban las mediocres preguntas y respuestas:
¿Cuál fue el primer contacto con la actuación? (Respuesta aburrida) ¿Qué lo decidió a emigrar? (Respuesta típica) ¿Cómo se explica ese salto del anonimato a protagonizar una película? (Respuesta con anécdota bastante floja)
De pronto una pregunta (o mejor dicho, su respuesta) por fin capturó la atención de una neurona profunda:
NOTICIAS: Siendo hijo de un político, le interesa el tema (es hijo de Luis Alberto Ammann, ex candidato a presidente por el Partido Humanista).
AMMANN: Muchísimo (sin dudar). La política es la herramienta más prostituida, pero la única que podemos utilizar para acercanos, con todas sus dificultades, a una posibilidad de cambio organizado.
Sin quererlo y sin esperarlo, la frase me dejó pensando.
Las letras fluían de manera intrascendente y con mucha pasividad pasaban las mediocres preguntas y respuestas:
¿Cuál fue el primer contacto con la actuación? (Respuesta aburrida) ¿Qué lo decidió a emigrar? (Respuesta típica) ¿Cómo se explica ese salto del anonimato a protagonizar una película? (Respuesta con anécdota bastante floja)
De pronto una pregunta (o mejor dicho, su respuesta) por fin capturó la atención de una neurona profunda:
NOTICIAS: Siendo hijo de un político, le interesa el tema (es hijo de Luis Alberto Ammann, ex candidato a presidente por el Partido Humanista).
AMMANN: Muchísimo (sin dudar). La política es la herramienta más prostituida, pero la única que podemos utilizar para acercanos, con todas sus dificultades, a una posibilidad de cambio organizado.
Sin quererlo y sin esperarlo, la frase me dejó pensando.
miércoles, 28 de julio de 2010
Era tocuen. Tocuen es cuento.
Publicado por
unmigone
a las
19:34
Hace mil años ya que a Maradona se lo deboró el personaje ¿El hombre más famoso del mundo? No importa, pero con todo el material filmado que hay de Diegote es casi imposible encontrar alguna nota en la cual se escuche hablar al hombre y no al personaje. Debe ser complicadísimo ser Maradona. Sólo él lo sabe pero si yo fuera Maradona -creo, como Manu Chao- también viviría como él. No queda otra; hay que entregarse al personaje.
Y el personaje entrega frases. Es un imán. Resiste cualquier análisis. Hasta el más detractor de sus detractores no puede hacer zapping cuando se topa con él hablando por algún canal. Conocemos todos sus gestos. Es un actor profesional. También un profesional del discurso. No lee bien (es difícil leer bien en voz alta) pero no podemos evitar subir el volumen para escuchar cada una de sus palabras. El mejor invento de Marketing que ningún gurú del Marketing pudo soñar. Una prueba más de que el fútbol es un gran, gran negocio.
Hoy regaló una nueva diegada. Si la digo yo no tiene sentido. Si la dice cualquiera es un boludo anticuado. Pero en boca de él, con la mirdada cómplice y la ceja levantada, es puro show.
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