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viernes, 31 de enero de 2020

¿Cómo se quita un aguijón?

¿Con una pinza de depilar?
No, porque de esa manera se retira la punta pero  quedan adentro de la piel restos de órganos de la abeja y de su “veneno”
¿Entonces?
Hay que raspar la piel desde abajo del aguijón con una tarjeta plástica.

Sangrado nasal

¿Còmo se cura el sangrado nasal?
Al revés de como lo hice los últimos 30 años.
¿Hay que mover la cabeza para atrás para que baje la sangre?
No, al contrario, hay que poner la cabeza del que sangra para adelante y presionar en la nariz 3-5 minutos.
¿Hay que poner un tapón de algodón en la nariz?
No, para nada.

Curso de primeros auxilios





Ese recordatorio estuvo en mi teléfono durante más de 3 años hasta que

Procrastinar es inevitable, abandonar es optativo.

martes, 16 de julio de 2019

Las galletitas de Beby

Hace dos semanas me tocó conocer la pérdida de una persona muy querida: mi abuela Beby.
Beby nació el 20 de junio de 1930 y partió el 3 de julio de 2019, a los 89 años. Era mi abuela más joven. Los otros 3 todavía viven, y bastante bien. Me considero bastante afortunado por eso y me cuesta valorarlo a veces.
Beby era la abuela que estereotipan las propagandas: cariñosa, atenta a sus nietos, cocinera.
Amaba a su marido Chulo, tenía una familia inmensa.
Cocinaba de todo: milanesas con doble empanado, unas con grumos que nunca volví a verlas en ningún otro lugar más que su casa; tortas, me acuerdo de una de coco, de un rogel con merengue quemado arriba que no me gustaba mucho y una de manzana; tartas, pascualina; y las galletitas dulces cuya receta replicamos muchas veces en eventos propios y ajenos.
En navidad tenía dos rituales, ambos en la chimenea del living de su casa de Martinez.
1. debajo de la campana de cobre (una que hay que limpiar con un producto especial casi a diario, porque cualquier dedo que se le apoye deja marca) armaba un pesebre inmenso. Cada uno de sus cuatro hijos era un pastor. Sus yernos y nueras eran otros cuatro. Sus 23 nietos estaban representados en otros tantos pastorcitos de cerámica. Y sus no se cuántos bisnietos creo que también estaban por ahí.
2. colocaba unas botas rojas con los nombres de cada uno de sus nietos primero y de sus bisnietos después. Ella cortaba y cocía las botas de pañolenci rojo y recortaba con letras blancas el nombre de cada uno. Las últimas navidades ya no quedaba espacio en la chimenea para ponerlas.
En cada fin de año, pascuas, cumpleaños de Chulo, día del padre, cumpleaños suyo, día de la madre y alguna otra fecha más la casa de Beby se llenaba de gente. Ella nunca se sentaba. Estar relajada no era su prioridad. Su verdadera obsesión, lo que la hacía feliz, era recibir a todos.
"Hooooola" decía cuando nos veía llegar. Al menos cuatro o cinco os hay que agregar al saludo, porque para ella todo era emocionante.
Le gustaba recibirnos de visita fuera de esas fechas, también. Y recibirnos bien. Aunque le dijéramos, "no te preocupes", siempre había orgías de cosas ricas esperándonos para tomar el té.
También empapelaba y reempapelaba su casa. En el cuarto del fondo había (hay) una mesa de billar japonés. Nunca me ocupé de averiguar por qué sólo en lo de Beby y Chulo existe ese juego raro, que en vez de bolas hace correr fichas de madera con un tacto sobre una mesa dudosamente encerada, que poco resbala. En todo caso, nunca me importó, creo. Porque Beby nos enseñó a jugar.
Durante 8 años, mi casa fue la casa de al lado de su casa. Pasé muchos días en ese lugar hasta que nos mudamos en 1989. Hasta ese entonces, Beby fue mi abuela que vivía al lado y yo el nieto varón, el más grande de los que tenía cerca. Creo que esos años marcaron mucho nuestra relación. Nos unía eso, el hecho de que los dos habíamos nacido en un año redondo y, un poco más forzado, el zurdismo. ¿Beby era zurda? No, pero me contó un día que en su época a los zurdos como ella los obligaban aprender a escribir con mano la derecha. Entonces ella escribía con la derecha, pero hubiera sido zurda como yo o como Pedro de haber nacido 20 años después.
Tenía una letra prolijísima, que la usaba para dejar notas en frascos, frases en la pared del departamento de Punta del Este, indicaciones, instructivos o dedicatorias en los sobres con plata que entregaba religiosamente en cada cumpleaños.
Amaba recordar cada aniversario de cada uno de sus familiares y amigos, y el llamado de rigor para saludarnos. Y se ofendía si no lo hacíamos cada 20 de junio cuando ella cumplía. Tenía listas blancas (y por defecto listas negras imaginarias) con los que ya la habían saludado por teléfono de línea.
Para su último cumpleaños, hace menos de un mes, yo no la llamé. Me arrepiento mucho de no haberlo hecho.
Ayer, en el cumpleaños de mi sobrino estaban las galletitas de Beby, en forma de huesos de Paw Patrol. Y apareció con eso el título para este post.
Cuando murió Beby murió también una parte mía. No sé cuál, pero estoy seguro de que algo de mí también se fue el 3 de julio. Dios me dejó ese regalo. Que el primer contacto verdadero con la muerte sea tan alegre, tan lleno de amigos y familia, tan lindo, tan poco trágico. Tan Beby, como decía el texto que escribió Manu mi prima desde España y fue leído en la misa esa noche fría de julio, mientras yo miraba la campana de cobre de la chimenea.
Esa rara sensación es la que sentí ayer cuando volví sin querer a probar las galletitas de Beby. Como la magdalena de Proust, las masitas de mi abuela me llevan a un lugar de mi infancia que se perdió. Y eso, lejos de angustiarme, es algo que me parece que hay que celebrar. Prometo hacerlo cada vez que coma una de esas galletitas dulces.

Receta de las galletitas de Beby
Harina 300g
Manteca 150g
Azúcar 100g
Huevo 1u
Esencia de vainilla 1cdta
1. Mezclar la manteca blanda con el azúcar, incorporar la harina y mezclar bien.
2. Añadir el huevo y trabajar la masa sin amasar hasta obtener una masa lisa y suave.
3. Dejar reposar en la heladera por 30'
4. Estirar con palote hasta obtener una lámina fina.
5. Arrollar y cortar en discos finos.
6. Horno moderado 8'

viernes, 22 de julio de 2016

La noche en que Watatumi volvió a subirse al podio en un concurso de preguntas y respuestas

Hace tres semanas. cuatro años después de la consagración, la formación original de Watatumi volvió a presentarse en el certamen organizado por la comunidad rusa en Vicente Lopez.
Pasaron muchas cosas en estos últimos cuatro años, pero el espíritu ganador de Watatumi estuvo presente.
El concurso tenía una base similar al que conocimos en 2012. Muchas categorías (¿10? ¿12?), muchas preguntas por cada una (entre 15 y 20) y 10 minutos para contestar cada una de ellas. La modalidad de este año incluía la posibilidad de usar un comodín para sumar 1,5 puntos que se podía usar en una sola categoría y un cuestionario de 10 ejercicios de lógica al cual podía tomarse toda la noche para contestar.
La noche arrancó complicada con un cuestionario de geografía muy ruso (Capital de Kosovo, río de Bulgaria) que pasamos discretamente, después vinieron los deportes (ahí no nos pudimos destacar tampoco!) hasta que nos acomodamos con literatura. En historia pedimos el comodín y ganamos.
Pero cuando llegó el turno de muerte súbita cometimos el error que nos costó la copa. Perdimos en la primera pregunta y no pudimos avanzar más.
Dejo el enunciado por si quieren contestarla (en no más de cinco segundos, por favor):
El papá de Jaimito tiene cinco hijos: Raco, Reco, Rico, Roco ¿y?
Caímos en la trampa como los más giles, y lo pagamos caro.
Porque en música, cine y ciencias (esta última, con algo de polémica) nos fue bastante bien. En arte estuvimos discretos, en actualidad ganamos también. Y en lógica nos fue mal.
Hubo, es cierto, varias desconcentraciones en el equipo y una embarazada un poco nerviosa (¡casi se precipita el parto!).
Esta vez terminamos terceros y logramos mantenernos arriba del podio.
Pero lo cierto es que todavía Watatumi tiene hilo en el carretel. ¡Allá nos vemos rusos! Hasta 2018, ¡prepárense!

martes, 11 de agosto de 2015

La lluvia perfecta

De todas los tipos de lluvia que tuvimos esta semana, la garúa es mi preferida de todas. Esa caída de agua finita pero persistente es, a pesar de lo poco que me gusta la lluvia en general, mi favorita. Como esos ventiladores que rocían agua en verano, las garúas son molestas a la vez que se disfrutan. En Buenos Aires tenemos pocas garúas genuinas, pero caminar abrigado bajo una suave garúa que cae sobre mi cabezsa es uno de aquellos pequeños placeres. Raro, claro está, pero pequeño placer al fin. 

viernes, 27 de marzo de 2015

After After Eight - reivindicación

Era oficial: cuando se acabó, ayer a la noche, el último After Eight de la caja, sabíamos con Agus que las vacaciones se habían finalmente terminado. Durante tres semanas comimos religiosamente y con conducta intachable un AE cada uno cada noche. Aunque volvimos a Buenos Aires y retomamos la rutina hace más de 10 días, seguimos comiendo esos chocolates con pasta mentoza con el mismo comportamiento que habíamos tenido durante el período de descanso, a razón de uno por noche. Ahora, a la realidad. A empezar el año 2015 sin excusas. Esta temporada de descanso se acabó.
Reivindicación: 30 años dándole la espalda a ese chocolate sofisticado sólo para darme cuenta hace un poco de lo mucho que disfruto la experiencia de probar uno mucho después de las 8. Sumadlos a la lista.

martes, 27 de enero de 2015

Reivindicación helado de frutilla

2010: Reivindicación Bay Biscuit
2012: Reivindicación Pan Dulce
2013: Reivindicación Chocolate amargo / Reivindicación pera / Reivindicación arena
2014: Reivindicación Siri (bueno, no es una comida)
2015: Helado de frutilla

Para mí, los helados siempre fueron de crema. chocolate, dulce de leche y sus derivados (por ejemplo: tramontana, dulce de leche granizado y chocolate suizo). La fruta, out.
Pero todo concluye al fin. Gracias a Pedro y su pasión por la fruta roja helada, ahora disfruto también de un fresco helado de frutilla al agua.
Mientras escribo esto me doy cuenta de que toda mi vida de blogger escribí mal reivindicación (puse reinvindicación) y nadie me avisó nada. Not cool, amigos comentaristas. Eso, con certeza, es la mejor expresión de que este blog no le interesa a nadie... más que a mí.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Empanadas culposas

Desde una vez hace algo más de dos años cuando Pedro se intoxicó con una empanada de Morita solamente pedimos empanadas premium. Las mejores. Las más ricas, claro. Las más caras, también.
Últimamente hacemos los pedidos en Los Maestros. El precio: 14 pesos cada empa, 168 pe la docena (algún día hablaremos en serio sobre por qué se pide por docena).
Cada bocado es un deleite del paladar y una atrofia severa a la billetera.
Placeres culposos o ensayo sobre cómo liquidar 42 pesos (3 empanadas) en un minuto y medio. 
Como Homero cuando se comía a Tenazas, para llorar y disfrutar a la vez.
Pero eso sí, por si no quedó claro: ¡qué ricas son las empanadas de Los Maestros!

viernes, 14 de noviembre de 2014

Jacarandás 2015

Desde la calle
jacarandás aquí 


miércoles, 27 de agosto de 2014

Rayuela no me desvela

A la postre del centenario de su nacimiento y cuando ya todos dijeron en las redes lo fans que son de Julio Cortázar me veo obligado a interrumpir este incómodo momento de desvelo para avisar a quien le importe que yo también leí Rayuela. 
Si me apurás, te diría que no me gustó. Y si me apurás un poco más te cuento que tardé 12 años en terminarla. Sí, doce. 
Todo empezó una tarde marrón de 1998 cuando me anoté en el Taller de lectura de JC y Marita Grillo explicó que el objetivo del seminario era prepararnos para que después nos "animemos" a leer Rayuela. 
Pasaron los cuentos, los ensayos, las discusiones sobre Cortazar y su obra, lo lúdico, la novela que gana por puntos, el lector macho y algo màs y llegó el día de agarrar ese libraco. 
Había conseguido una copia que me la había robado de la biblioteca de mi colegio. Muy linda early edition, ajada y desarmada.
Elipsis hasta 2010 cuando nació Pedro y finalmente encaré seriamente la lectura de esa moplo que estuvo descansando culposo tanto tiempo en un estante y soportó por lo menos dos mudanzas. 
Entre noche y noche de desvelo, mamaderas, pañales y aprendizaje del oficio de padre leía uno, dos, tres capítulos salteados, como debía ser.
París, Montevideo, Buenos Aires.
Tenía todo lo que necesitaba saber para entenderlo y no fracasar cual mina en el intento. Me gustó, pero no lo disfruté tanto. La primera parte, más sórdida y patética me gustó más que la segunda, gorda y fofa.
Me quedo con los cuentos de acá a Saturno.
Cuando estuve en París hace unos meses me encontré de nuevo con Rocamadour y me acordé de esas noches otra vez. 

sábado, 28 de diciembre de 2013

Reivindicación chocolate amargo


Bay Biscuits
Pera
Pan Dulce...
Toblerone negro, otrora rechazado y repudiado, hoy convertido en objeto de deseo. Otro paso más hacia la vida adulta

sábado, 30 de noviembre de 2013

Jacarandás 2013

¿Pueden -acaso- los jacarandás salvar una vida? A mí me pasó. A fines del año pasado la empresa en donde trabajo mudó su oficina de Tribunales a San Martín entre Viamonte y Tucumán, deep Microcentro. Sin entrar demasiado en los detalles que motivaron esa decisión, basta decir que la propuesta no fue muy bien recidida por los empleados, incluido yo. Aunque la zona de donde veníamos no era precisamente la campiñia francesa ni tenía tampoco la parsimonia de un pueblo del interior de Santiago del Estero a la hora de la siesta, todos coincidíamos que tener que ir a trabajar al Downtown porteño era lo peor que nos podìa pasar en Noviembre, a la vera del incipiente verano que entraba sin pedir permiso. Más lejos de casa, más caro, más gente, más tráfico, más tiempo de viaje, más colas, más edificios, más obras, más ruido, más calor, más cemento, menos verde. 
Tomé aire, reprogramé mi derrotero y empecé a conocer el Microcentro. Todo lo malo que suponía estaba ahí y todas mis hipótesis sobre la vida profesional allí se comprobaban con precisión científica.
Volví de viaje un jueves y tomé mi ruta habitual a pie: San Martín, Marcelo T, Plaza San Martín. Sin proponérmelo hice una escala allì y levanté la vista. Allí estaban los jacarandás recién florecidos. Y sus flores violáceas animando el hostil paisaje gris.Hacía por lo menos 15 años que andaba por ese circuito y nunca había reparado en esos colores. Y encima estaban por todas partes. Durante dos semanas no hablé casi de nada más que jacarandás. Leí casi todo lo que encontré en Google sobre este género de árboles.
Esos días entendí que debía hacer las paces con el Microcentro. Al menos estrechar las manos como hombres y acordar un pacto de no agresión. Los jacarandás ya habían cagado a trompadas a mi yo pesimista y reanimado a la esperanza, la habían rescatado de la mazmorra a donde había sido llevada luego de la mudanza. Había empezado a ver las cosas desde otro punto de vista sin darme cuenta. 
Claro que la temporada de jacarandás es corta. Pero no importaba. Ya había cambiado algo en mí. Y sabía además que tarde o temprano, un año después cuanto mucho, nos volveríamos a ver. 



miércoles, 16 de enero de 2013

Morey Boogie


En el verano 88/89 mi abuelo Papi me regaló una Morey Boogie 143. La compró en el local de Flesh que todavía está sobre Gorlero y costó 100 dólares. Para él siempre fue un barrenador. Para mí y para casi todos los locales era una "morey". Femenino. Singular.
Técnicamente, se trata de una tabla de bodyboarding. Morey es el apellido del fundador de la empresa (Tom Morey) y Morey Boogie fue la marca de bodyboards que popularizó la disciplina en los 70s en los Estados Unidos y más tarde en los 80s en esta parte del mundo. La Morey Boogie 143, también conocida como "la original", era una opción de gama media con un forro inferior de polietileno de alta densidad.
24 años después rescatamos esa tabla de la baulera del edificio Arkontes y la sacamos a pasear un día a una de las playas de La Mansa. Lo subimos a Pedro arriba. No para hacerlo barrenar, ni tampoco para inculcarle ridículamente el deporte que practiqué poco y nada, sino más bien para poder llevarlo un poco más mar adentro y que use el dispositivo flotante como salvavidas. Lo cierto es que la morey resistió muy bien el paso del tiempo y hoy, más allá de las modas, luce impecable. La inversión de 100 dólares de aquel entonces, podría decirse, fue rentable.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Aquí están, estos son

El 12 de octubre, disminuido emocionalmente luego a una mala racha de producción, presenté la campaña motivacional para poder terminar 2012 con un registro de tres cifras en las entradas de este blog. La movida me dio un impulso nuevo para crear, teclear y transpirar (a veces más, a veces menos). Pero hoy, a 2 de diciembre y con un margen de 30 días, celebro con orgullo de padre el placer por el objetivo cumplido (otro pequeño placer).
In your face, unmigone!
Ahora vamos por todo: hay que superar la marca de 212 posts de 2011.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Pequeños placeres

Temprano, muy temprano, en una mañana de enero hace dos años hice click para crear este blog. Dudé mucho y le di varias veces al cancelar hasta que por fin apreté aceptar para pedir el nombre del dominio: unmigone. No fue un nombre elegido con convicción sino más bien todo lo contrario, resignación. Había ensayado otras ideas para bautizar al blog; la mayoría eran frases hechas como "mucho de nada" o "un poco de todo" que -obvio- ya estaban usadas. Finalmente desistí y pedí a Blogger que me deje usar el mismo encabezado que mi dirección de email. ¡Estaba disponible! unmigone no soy yo y sí soy yo. Hay un poco de verdad, algo de exageración y bastante de personaje en lo que digo. A la distancia, creo que fue un acierto haber llamado así a este blog. Pero faltaba algo más porque el blog no era temático; no hablaba de fútbol, de cine ni de autos. Por más de que no quiero promocionar este lugar fuera de mis contactos personales me pareció que hacía falta una bajada para poder darle una coherencia que aglutine a toda una catarata de posts inconexos. Ahí apareció el tema de los pequeños placeres que también surgió de manera natural. "Reflexiones imprecisas acerca de los pequeños placeres" dice el encabezado abajo del nombre. Nuevamente, a la distancia, también fue una buena cosa haber traido a mi mundo esa cuestión. No fueron muchas, sin embargo, las oportunidades en las cuales me encargué de darle un marco teórico a los pequeños placeres. Algo de eso hay en la parte de datos personales que está a la derecha. Allí digo que el blog "busca retratar aquellos momentos efímeros que de alguna manera anhelamos hacer eternos". Sigo estando de acuerdo con la afirmación. Y me ha servido a mí ponerle letras a esos momentos que se diluyen rápidamente para poder seguir disfrutándolos. También dije en el primer post que los pequeños placeres "hacen que la vida sea un poquito mejor". Bueno, un poco pretencioso, pero también está bien la afirmación. No quiero bajar línea ni debatir sobre la idea, pero sí creo cada vez más en los pequeños placeres. La vida es una composición con subidas y bajadas pero ensamblada, cosida a mano por esos momentos finitos. Entrar a la cama con sábanas nuevas o destapar un vino guardado o, más acá en el tiempo, emocionarse con los colores de los jacarandás son eventos que amalgaman esos momentos buenos, malos y los demás. Ahora, en un esfuerzo por ordenar algunas ideas archivadas inauguré una etiqueta ad hoc. PP. P de Pequeño, P de placeres. Todas las entradas que tocan ese tema fueron engrampadas a ese tag. Son 49 hasta ahora. Están acá.

martes, 20 de noviembre de 2012

Revisiting G n' R

Anoche, mientras masticábamos el pollo con arroz, morrón y cebolla, le comenté a Agus que había vuelto del trabajo escuchando Use Your Illusion I (el de la tapa naranja). Nos quedamos hablando del disco. Aunque menos comercial que el II, la primera parte de la saga contiene grandes canciones, clásicos de la banda como "November Rain", "Don't Cry" y el cover de "Live and Let Die" pero también perlas como "Back Off Bitch", la larguísima "Coma" (10:13) y "Dead Horse", un temazo que arranca tranquilo, acústico y se vuelve recontraheavy y en el que Axl se luce.
Terminé la comida y me puse a ensayar agudos intentando entonar las estrofas de "Dead Horse". Inventando la letra porque lo único que sé es que al principio dice "Sick of this life...", tocando la air batería con las manos, moviendo la cabeza, emocionado, con piel de gallina.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Oh, jacarandás

INTERIOR
SALÓN DE FIESTAS DEL TIRO FEDERAL ARGENTINO
NOCHE (madrugada del domingo)

Dos hombres conversan en un casamiento.Uno sostiene un vaso de vidrio con un trago de color oscuro. La música suena muy fuerte. Detrás de ellos la gente baila al ritmo de la música.

UNMIGONE
to+, necesito hablar de jacarandás con alguien. Sé que vos me vas a entender. ¿Viste lo que son esos colores? No puedo creer que hace 32 años que vivo en esta ciudad y nunca me haya detenido a verlos durante esta época del año. ¿Hay jacarandás en el rancho?

TO+
Sí, hay algunos.

UNMIGONE
¿Pero viste lo que son? Encima están por todas partes.

TO+ 
Sí, y vos porque no viste los de Plaza San Martín.

UNMIGONE
Sí, ¡qué no! Por eso te digo. Hace poco el laburo se mudó de oficina y entonces ahora paso todos los días por la Plaza. Fue el otro día, la semana pasada, que me di cuenta de lo que es el espectáculo de las flores violetas cayendo. Son miles de flores violetas.

TO+
¿Violetas o celestes?

UNMIGONE
No sé, es como un color violáceo, lila. Estos árboles de mierda hacen que florezca mi lado femenino más sensible. Son muy lindos.