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miércoles, 12 de noviembre de 2014
viernes, 11 de abril de 2014
Abbey Road, para el otro lado
Publicado por
unmigone
a las
10:26
Un domingo lluvioso, hace un año y medio y muy temprano a la mañana, crucé por la senda peatonal de Abbey Road, casi esquina Groove End Road. Esa excursión no formaba parte de mi derrotero londinense, pero tuve que improvisar. Había llegado muy temprano al centro para hacer algunas compras y las tiendas de Regent Street no abrían sino hasta las 11 (rookie mistake).
La idea de ir a ver una esquina con mucha gente sacándose fotos mientras cruzaba y algún automovilista nervioso suplicando que se apuren para hacer la toma no me divertía mucho. En realidad, sí me divertía un poco, pero al tratarse de un muy retirado del Centro, la ecuación costo-beneficiono no me resultaba rentable. Ahora, frente a este nuevo escenario en el cual no tenía nada que hacer durante las próximas tres horas, la situación era diferente. Así que agarré wifi, configuré Maps, me até los cordones y puse marcha rumbo norte.
Primera sorpresa: Baker Street (me suena). Elemental, la casa de Sherlock Holmes. Debe haber algo allí. 200, 210, pum! 221b. The Sherlock Holmes Museum. Poca gente. Vuelta por el gift shop, encaro para la casa "Sir, do you have the ticket?". Ah, ¿hay que pagar? Mejor no. Sigo un rato, por acá tiene que estar el parque... listo: Regent's Park. Entro y salgo en 25 minutos de ese parque circular muy lindo y desemboco en una avenida. Un par de vueltas más por las serpentinadas calles de London y encuentro Groove End, que desemboca en el comienzo de Abbey Road. ¡Llegué!
Como era presumible, no había mucho para ver. Apenas unas casas residenciales, la senda peatonal en cuestión y los Studios. Ni siquiera había muchos turistas intentando emular la portada del disco homónimo. Apenas un grupo de chinos. Tenía que hacer algo ya que había caminado hasta allí. Junté fuerzas y le pedí a un chinito que me sacara una foto (para que me diga que sí le ofrecí tomarle una a él y me dijo, "nah, dejá"; pero la foto la sacó) Sentí alivio de haber podido al menos retratar ese momento.
Pero el confort se convirtió en desilusión creciente con el tiempo. Primero, porque crucé la calle al revés, de derecha a izquierda. Segundo porque la calidad de la imagen es malísima (¡el chinito la sacó movida!). En fin, me verás volver, Abbey Road.
El otro día, cuando leí este artículo de The Guardian sobre las tapas de los álbumes clásicos en Google Street View me acordé de esa mañana de domingo de noviembre de 2012.
martes, 18 de diciembre de 2012
unmigonne Goes London: tras los pasos de Assange
Publicado por
unmigone
a las
17:52
Aunque había prometido en un último post dejar descansar a la etiqueta Londres, esta noticia que acabo de leer en La Nación me desafió a compartir la experiencia. Dice en la cabeza el artículo que "el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, cumple [mañana] seis meses de reclusión en la embajada de Ecuador en Londres, donde se refugió para evitar una extradición a Estados Unidos, pero su caso continúa sin atisbo de solución".
Ya de entrada es raro tener que estar exiliado en un país dentro de otro país: la embajada de Ecuador (y cualquier otra embajada) son suelo extranjero en suelo extranjero. En Los Simpsons, me acuerdo cuando Homero jugaba con esa idea y saltaba de un lado al otro en la Embajada de Estados Unidos en Australia hasta recibir un golpe del marine.
El problema y es lo que pasa acá es que la medida drástica termina recluyendo a esa persona en el supuesto territorio extranjero. Así, Assange "vive desde el 19 de junio en una habitación de la legación situada en la planta baja de un edificio victoriano de ladrillos rojos cercano a los famosos almacenes Harrods, custodiado día y noche por policías británicos que tienen orden de arrestarle en cuanto ponga un pie fuera".
En efecto, los policías están ahí esperando que el tipo vuelva a poner su patita sobre el suelo británico y yo los vi. Así como el año pasado me había entretenido un rato viendo a los indignados y su Occupy London, este año fui otra vez a por un paseo que se saliera del circuito tradicional y los landmarks. En realidad, no fue algo que me propuse, pero caminando por South Kensington, el coqueto barrio en donde paré las dos primeras noches, empecé a notar que proliferaban los edificios de embajadas. Primero vi la de Francia, después la de Venezuela, que me llamó la atención un poco más. Y así, los colores de la bandera de la República Bolivariana me encendieron la lamparita. "Por acá tiene que estar la embajada de Ecuador, en donde vive Julian Assange", pensé para adentro. Cuando por fin conseguí un lugar con conexión wifi pude poner en el Google embajada Ecuador Londres dirección y ver que uno de los resultados era 3 Hans Crescent London SW1X 0LS,justo detrás de Harrods, un lugar de peregrinación para mí por aquellos días. Listo, paso a ver qué hay.
Si hubiera quedado en la otra punta de la ciudad no había chance de que me acercara al lugar, pero al estar tan a mano valía la pena la posterior decepción de ver que en realidad el paseo no era más que la visita a una casa victoriana. En efecto, la única sorpresa con la que me encontré en el lugar fue descubrir que Colombia y Ecuador, dos naciones hermanas pero que muchas veces tuvieron conflictos que los llevaron casi a la guerra, comparten instalaciones en Londres. De un lado del edificio, la bandera de Colombia; en la otra punta, la de Ecuador. Son muy parecidas, a tal punto que maldije cuando pensé que había anotado mal la dirección.
Por supuesto que no vi nada que me llame la atención especialmente, salvo un camión de policía que después pude comprobar que estaba ahí para impedir que el fundador de Wikileaks huya del Reino Unido y no para custodiar a la(s) dos embajada(s). Una foto y a seguir con el viaje.
Ya de entrada es raro tener que estar exiliado en un país dentro de otro país: la embajada de Ecuador (y cualquier otra embajada) son suelo extranjero en suelo extranjero. En Los Simpsons, me acuerdo cuando Homero jugaba con esa idea y saltaba de un lado al otro en la Embajada de Estados Unidos en Australia hasta recibir un golpe del marine.
En efecto, los policías están ahí esperando que el tipo vuelva a poner su patita sobre el suelo británico y yo los vi. Así como el año pasado me había entretenido un rato viendo a los indignados y su Occupy London, este año fui otra vez a por un paseo que se saliera del circuito tradicional y los landmarks. En realidad, no fue algo que me propuse, pero caminando por South Kensington, el coqueto barrio en donde paré las dos primeras noches, empecé a notar que proliferaban los edificios de embajadas. Primero vi la de Francia, después la de Venezuela, que me llamó la atención un poco más. Y así, los colores de la bandera de la República Bolivariana me encendieron la lamparita. "Por acá tiene que estar la embajada de Ecuador, en donde vive Julian Assange", pensé para adentro. Cuando por fin conseguí un lugar con conexión wifi pude poner en el Google embajada Ecuador Londres dirección y ver que uno de los resultados era 3 Hans Crescent London SW1X 0LS,justo detrás de Harrods, un lugar de peregrinación para mí por aquellos días. Listo, paso a ver qué hay.
Si hubiera quedado en la otra punta de la ciudad no había chance de que me acercara al lugar, pero al estar tan a mano valía la pena la posterior decepción de ver que en realidad el paseo no era más que la visita a una casa victoriana. En efecto, la única sorpresa con la que me encontré en el lugar fue descubrir que Colombia y Ecuador, dos naciones hermanas pero que muchas veces tuvieron conflictos que los llevaron casi a la guerra, comparten instalaciones en Londres. De un lado del edificio, la bandera de Colombia; en la otra punta, la de Ecuador. Son muy parecidas, a tal punto que maldije cuando pensé que había anotado mal la dirección.
Por supuesto que no vi nada que me llame la atención especialmente, salvo un camión de policía que después pude comprobar que estaba ahí para impedir que el fundador de Wikileaks huya del Reino Unido y no para custodiar a la(s) dos embajada(s). Una foto y a seguir con el viaje.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Londres es la ciudad Apple
Publicado por
unmigone
a las
16:47
Exactamente un mes después de bajar del 777 dejo esta reflexión final sobre la ciudad de Londres y cierro de esta manera el episodio viaje hacia ese destino hasta la próxima, no sé cuando, pero espero que sea pronto, antes de los 1000 días.
No soy un fundamentalista de la marca de la manzanita, alguna vez dije ésto sobre su creador, pero tengo unos conocimientos intermedios-avanzandos sobre sus productos y sobre la empresa en particular y puedo resaltar tres características principales sobre los dispositivos Apple:
1. son caros
2. son productos de buena calidad (o muy buena/excelente, dependiendo de quien los juzgue, pero nunca bajan de buena)
3. tienen un fuerte compromiso con el diseño y con el sentido de la estética
Esta idea me vino a la cabeza una mañana lluviosa caminando por uno de los parques centenarios (¿milenarios?) de la ciudad. Prometí traspasarla de la mente al blog. Mientras buscaba la salida por los laberínticos pasillos del Regent's se me vino a la mente esos puntos de contactos entre la ciudad y la empresa de Steve Jobs. Es que en Londres es así. Una ciudad que llama la atención por lo caro, pero un lugar en donde todo funciona bien (transporte, servicios, supermercados) y en donde predomina el valor estético y la armonia con el entorno. Fuerza de manera natural la duda que planteó el indio de Aurora Grundig en los 80: caro, pero el mejor. ¿Vale la pena pagar más para tener un buen servicio o producto? A veces sí. ¿Se disfruta más pagando caro con la certeza de que se recibirá a cambio buena/muy buena/excelente calida? Creo que sí. Y más cuando las brechas entre los precios de Londres y Buenos Aires se acortaron, inflación mediante, bastante. Nada peor en un viaje que sentir la cabeza que le picotea "pagaste una fortuna por esta berretada". En Londres, al menos, la última parte de la frase no sucede. Y en Apple, generalmente, tampoco. Cuando uso un iPhone, un iPad o una MacBook Pro me siento confiado, seguro. Y me olvido de lo que costó o cuesta tener ese producto. Disfruto del diseño y de la estética de la sencillez, también. Y lo mismo me pasó en Londres.
No soy un fundamentalista de la marca de la manzanita, alguna vez dije ésto sobre su creador, pero tengo unos conocimientos intermedios-avanzandos sobre sus productos y sobre la empresa en particular y puedo resaltar tres características principales sobre los dispositivos Apple:
1. son caros
2. son productos de buena calidad (o muy buena/excelente, dependiendo de quien los juzgue, pero nunca bajan de buena)
3. tienen un fuerte compromiso con el diseño y con el sentido de la estética
Esta idea me vino a la cabeza una mañana lluviosa caminando por uno de los parques centenarios (¿milenarios?) de la ciudad. Prometí traspasarla de la mente al blog. Mientras buscaba la salida por los laberínticos pasillos del Regent's se me vino a la mente esos puntos de contactos entre la ciudad y la empresa de Steve Jobs. Es que en Londres es así. Una ciudad que llama la atención por lo caro, pero un lugar en donde todo funciona bien (transporte, servicios, supermercados) y en donde predomina el valor estético y la armonia con el entorno. Fuerza de manera natural la duda que planteó el indio de Aurora Grundig en los 80: caro, pero el mejor. ¿Vale la pena pagar más para tener un buen servicio o producto? A veces sí. ¿Se disfruta más pagando caro con la certeza de que se recibirá a cambio buena/muy buena/excelente calida? Creo que sí. Y más cuando las brechas entre los precios de Londres y Buenos Aires se acortaron, inflación mediante, bastante. Nada peor en un viaje que sentir la cabeza que le picotea "pagaste una fortuna por esta berretada". En Londres, al menos, la última parte de la frase no sucede. Y en Apple, generalmente, tampoco. Cuando uso un iPhone, un iPad o una MacBook Pro me siento confiado, seguro. Y me olvido de lo que costó o cuesta tener ese producto. Disfruto del diseño y de la estética de la sencillez, también. Y lo mismo me pasó en Londres.
jueves, 15 de noviembre de 2012
¿Para qué sirven los teléfonos públicos?
Publicado por
unmigone
a las
16:13
En los albores de este blog una investigación propia reveló que casi ningún teléfono público funcionaba bien. En la entrada se destacaba que el uso más extensivo de los teléfonos públicos es el de "depósito de folletos promocionales, principalmente de (...) mujeres muy amables como 'Brisa y sus amigas' que te invitan a su casa (no sé bien a qué, pero estoy seguro que no es a tomar el té)".
Esta vez fuimos un poco más lejos (literalmente) para descubrir que en Londres la tendencia se replica de idéntica manera.
La evidencia, a continuación:
Buenos Aires
Londres
lunes, 12 de noviembre de 2012
unmigone Goes Premier League
Publicado por
unmigone
a las
19:55
En el bar The Queen’s, ubicado sobre Green St. a pocas cuadras del Boleyn Ground, un cartel en la puerta ofrecía una promoción tentadora: 6 Heineken o Foster’s por 10 libras. A las 3 de la tarde, más de dos horas antes de que empiece el encuentro entre los locales de West Ham United y Manchester City, el pub rebalsaba de hinchas con o sin ticket para el match. Los primeros esperarían hasta último momento para ingresar ordenadamente al estadio; los otros quedarían en el lugar viendo el partido en las pantallas de alta definición o, a lo sumo, tal vez intentarían comprar algún boleto de reventa que se podía conseguir fácilmente en las adyacencias de Upton Park.
El barrio que alberga desde 1904 a la cancha del United (West Ham) está en el Este de Londres y, al parecer, fue una de las áreas más postergadas de Inglaterra hasta hace poco tiempo. Durante el gobierno de Tony Blair se emprendieron una serie de proyectos bajo la denominación de New Deal for Communities que tenían como objetivo regenerar ciertas áreas entre las cuales estaba incluída la del Borough de Newham. A la vista, sin los lujos aristocráticos que brillan en el centro de la ciudad, Upton Park no parecía tener rastros de ser un distrito posindustrial verdaderamente postergado. Me hizo acordar, salvando las distancias, a la manera en que está enclavada la cancha de All Boys, en Floresta/Monte Castro.
Llegar a Upton park tomó unos 40 minutos de underground en un viaje simple de la línea District. Ya en la estación hay carteles que el marcan el camino hacia el estadio. También allí mismo se vende el programa oficial, una revista de unas 60 páginas con lomo que el club edita e imprime periódicamente con calidad editorial, redacción y diseño.
Había reservado y pagado mi ticket por Internet así que la primera misión era asegurarme que el booking reference se convirtiera en un cartón con un código de barras con mi nombre que garantice el acceso al espectáculo. Pedí indicaciones a un grandote de campera amarilla, que me apuntó su dedo índice hacia un cartel enorme que decía “Ticket Office”. El trámite para conseguir la entrada no duró más de 60 segundos. Próxima parada: Stadium Store, una tienda de merchandising repleta de fanáticos. Cuesta entender para un argentino como un equipo chico, de mitad de tabla, puede generar tantos ingresos por venta de camisetas y memorabilia. Compré un essential, una remera básica de los Hammers rebajada a 5 pounds. Para cuando terminó la visita a la tienda, llegaba el micro con el equipo visitante. Unos 100 hinchas, la mayoría niños, esperaban abarrotados a que bajara uno de los últimos ídolos del club: Carlos Tevez. Carlitos fue el último en descender y pasó saludando con su mano izquierda mientras recibía la primera de las mil ovaciones de esa tarde.
Ingresé en el estadio una hora antes del pitazo inicial del partido. Si el partido se hubiese jugado en Argentina era apenas tiempo suficiente para entrar tranquilo y sin riesgos de avalanchas y empujones. Allá, una hora fue una eternidad. Hasta 10 minutos antes del kick-off, no más del 20% de la gente estaba en su lugar (aunque el partido estaba sold-out). El acceso es a través de un pequeño espacio cercado por un molinete pero con barras hasta el techo. Es un elemento de seguridad que evita avalanchas e impide las estampidas sobre la hora para colar. Se activa pasando el código de barras de la entrada por un escáner.
La hinchada del West Ham es –supuestamente- una de las más efusivas de la Premier League. Tal cual nos mostró el Bambino Pons, los supporters adaptan clásicos de la música popular a sus inofensivas letras. Volare, oh oh, Guantanamera y Hey Jude forman parte del repertorio. Cuando los jugadores locales salen a la cancha, además, suena el himno del club. El del WHU es una canción que se llama I’m Forever Blowing Bubbles que arranca por los parlantes del estadio y la gente continúa cantando a capella desde el estribillo. Se repite el ritual cuando está por empezar el segundo tiempo y cuando termina el partido.
Después de algunas temporadas penosas, el West Ham tuvo esta temporada un buen arranque. Para el momento en que le tocó recibir al City, el equipo estaba octavo en la tabla de posiciones y listo para recibir al último campeón. Además de Tevez, Ballotelli y Nasri compusieron una delantera temible para un seleccionado local más limitado que los primeros minutos se replegó mucho atrás. Sin embargo, cada gesto voluntarioso de los de casa fue muy festejado. Los cambios de frente y las recuperaciones, por ejemplo, eran acciones acompañadas por un cerrado aplauso de 3 o 4 segundos.
Sobre el campo de juego (una verdadera alfombra, acomodada por unos 10 tipos antes del primer y segundo tiempo), el Manchester City mandó con su potencial durante buena parte de la primera mitad. La hinchada visitante también tuvo una presencia colorida. No había banderas ni bombos pero sí una asistencia perfecta de camisetas celestes en una de las bandejas de la popular y la totalidad de platea visitante. Así y todo, las hinchadas se trataron con respeto. Muy pocos silbidos, casi ningún insulto y cero abucheos. Antes del partido, el árbitro decretó un minuto de silencio en memoria de un dirigente del West Ham recientemente fallecido que también se respetó entero (60 segundos de silencio total).
Durante el partido, Tevez mostró que su talento y carsima trascienden colores. Amado por el West Ham y Amado-odiado-amado por el Manchester City, hubo momentos en el cual las dos hinchadas le cantaron a la misma vez. Cuando le tocó patear dos corners seguidos del lado en el cual estaban los fanáticos locales, en vez de recibir escupidas o botellazos, cosechó elogios. “One Carlos Tevez/There’s only one Carlos Tevez” al ritmo de Guantanamera y “He wants to come home/Carlos Tevez/he wants to come home” con una tonada cuyo origen no pude distinguir.
A pesar de los esfuerzos por convertir, el equipo dirigido por Roberto Mancini desperdició algunas oportunidades para abrir el marcador. En el segundo tiempo, el West Ham equilibró un poco la balanza y salió a buscarlo, tomó el riesgo y quedó mal parado en defensa y sus centrales se enredaron tres veces en el área, una jugada calcada que casi terminó en gol en contra.
El pitazo final del árbitro Howard Webb, el mismo que dirigió la final entre España y Holanda en el último Mundial, fue festejado en el Boleyn Ground como un triunfo. Mientras sonaba por tercera vez I’m Forever Blowing Bubbles la gente abandonaba su lugar ordenadamente. Quedaba una incógnita por revelar: ¿Cómo va a hacer toda esta gente para entrar en la estación de subte a la misma vez y no colapsar las formaciones? La respuesta a mi pregunta mental fue un vallado que desviaba a las masas, nos alejaba unos 500 metros de la estación y recién nos dejaba entrar cuando habíamos sorteado un largo serpenteo. Para aquel entonces, los trenes llegaban con frecuencia, se llenaban moderadamente y partían hacia el centro cargados de fanáticos de los dos equipos mezclados.
jueves, 8 de noviembre de 2012
unmigone Goes London: Coming In From The Cold
Publicado por
unmigone
a las
16:50
¡Fu fú! ¡y chucu, chucu, chucu-chuucu! No fue el calor, ni la basura, ni la cola en migraciones, ni el Checho Batista a mi lado esperando pasar por Aduana. Lo que me hizo caer en la cuenta de que ya estaba de vuelta en Buenos Aires fue el ringtone que emanó el teléfono del taxista. La música de Hijitus salía de un viejo aparato con tapa plateado. "Oscar, estoy con un pasajero, te llamo después". Bien listo, hola Buenos Aires, tanto tiempo. 5 días apenas, lo suficiente para ver que las cosas son como son. Así. Chau London, hasta próxima. Nos volveremos a ver, estoy seguro.
lunes, 5 de noviembre de 2012
unmigone Goes London; Reloaded
Publicado por
unmigone
a las
9:56
“Excuse me,
can you help me? This is my ex novio, he is a crazy bastard. Está
tratando de impedir que regrese a
London”. En Ezeiza, la mujer - inglesa, rubia, de rasgos fuertes- pedía auxilio
para comprar un ticket y subir al avión lo más pronto posible. Del otro lado de
la cinta, el presunto ex –un porteño alto, morocho, bien parecido- gritaba sin
pudor e intentaba asormarse por la barrera de los cuatro oficiales de la PSA
que habían llegado para poner orden: “Dale, Sandra, déjate de joder, vamos a
casa y arreglamos todo, quedate acá, no rompas las bolas”.
No le tengo miedo a los aviones. El poco temor que le tenía
a la aventura de subir a uno de esos pájaros de metal conseguí dormarlo a
fuerza de horas de vuelo (algunas) y a la adquisición de conocimientos
razonables sobre la industria de la aviación y sus estadísticas. Sin embargo,
el jueves pasado la cabeza me picoteó mi conciencia y me hizo pensar en el peor
de los escenarios posibles durante el vuelo. Tuve el pánico de ser un
protagonista inoportuno de la versión criolla de Destino final. Todo cerraba
perfecto. La mujer, el tipo que le dice que no suba, el avión… bue, la
historia.
Por suerte, por pericia del piloto y gracias a Dios, el
vuelo 244 aterrizó en Heathrow sin problemas y 20 minutos antes de la hora
prevista, estacionó en una de las posiciones de la Terminal 5 y me permitió
volver a pisar Londres. Me toca viajar de nuevo –por segunda vez en menos de un año- a la misma ciudad que había jurado conocer en un plazo de 1000 días.
Pasaron menos de 500 lunas desde aquella plegaria elevada al cielo y ya alcancé
el objetivo por duplicado, nada mal.
Este año llegué un poco más organizado y con más experiencia
así que no tuve que pagar el derecho de piso, ergo, disfrutar más el viaje. Así
que no me concentré tanto en los landmarks que ya conocía y pude conocer otros
rincones de la ciudad.
Escribo estas líneas desde allá, o desde acá, según como se
lo lea. Ampliaré.
martes, 6 de diciembre de 2011
unmigone Goes London: fotos ajenas
Publicado por
unmigone
a las
12:36
Viajar solo no es lo más divertido y sacar fotos cuando uno está solo es menos entretenido todavía. Durante mi estadía en Londres la semana pasada saqué muchas fotos. En casi todas, salvo en 6 o 7, no estoy yo. Así que rescaté estas imágenes que retratan a la gente mientras registraba con su cámara su paso por los lugares turísticos clave.



lunes, 28 de noviembre de 2011
unmigone Goes London: London Baby!
Publicado por
unmigone
a las
21:34
Estoy en Londres. Sí, Londres.
114 días después de haber elevado una plegaria a la ciudad en donde el sol se pone en esta época del año antes de las 4 de la tarde aterricé en el aeropuerto de Heathrow en la fría mañana del sábado pasado.
Decía ese 4 de agosto en el cual le suplicaba una señal a London:
Entre los muchos lugares del mundo que todavía no pisé, Londres es el que está a la cabeza de mi lista imaginaria. Hoy decidí tomar medidas drásticas y ponerle fecha de vencimiento al bache turístico: me di un plazo de 1000 días para conocer la ciudad que acompaña el curso del Thames. Dicho esto, tenemos tiempo hasta el miércoles 30 de abril de 2014 para llegar de alguna manera hasta la puerta del Big Ben y sacarme una foto en la rotonda en donde Clark W. Griswold quedó atrapado eternamente. 1000 días nomás, 1000 días; 1000. C'mon London, dame una señal.
Una serie de hechos fortuitos desencadenados tras una invitación de un cliente me permitieron llegar hasta aquí. Pude completar un itinerario turístico bastante apretado que elaboró Walter. Próximamente, los detalles.
Y ahora que mi deseo se cumplió en formato Web 2.0 voy por más: quiero conocer Berlín.
114 días después de haber elevado una plegaria a la ciudad en donde el sol se pone en esta época del año antes de las 4 de la tarde aterricé en el aeropuerto de Heathrow en la fría mañana del sábado pasado.
Decía ese 4 de agosto en el cual le suplicaba una señal a London:
Entre los muchos lugares del mundo que todavía no pisé, Londres es el que está a la cabeza de mi lista imaginaria. Hoy decidí tomar medidas drásticas y ponerle fecha de vencimiento al bache turístico: me di un plazo de 1000 días para conocer la ciudad que acompaña el curso del Thames. Dicho esto, tenemos tiempo hasta el miércoles 30 de abril de 2014 para llegar de alguna manera hasta la puerta del Big Ben y sacarme una foto en la rotonda en donde Clark W. Griswold quedó atrapado eternamente. 1000 días nomás, 1000 días; 1000. C'mon London, dame una señal.
Una serie de hechos fortuitos desencadenados tras una invitación de un cliente me permitieron llegar hasta aquí. Pude completar un itinerario turístico bastante apretado que elaboró Walter. Próximamente, los detalles.
Y ahora que mi deseo se cumplió en formato Web 2.0 voy por más: quiero conocer Berlín.
jueves, 4 de agosto de 2011
Deadline: 1000 días para conocer Londres
Publicado por
unmigone
a las
12:47

Entre los muchos lugares del mundo que todavía no pisé, Londres es el que está a la cabeza de mi lista imaginaria. Hoy decidí tomar medidas drásticas y ponerle fecha de vencimiento al bache turístico: me di un plazo de 1000 días para conocer la ciudad que acompaña el curso del Thames. Dicho esto, tenemos tiempo hasta el miércoles 30 de abril de 2014 para llegar de alguna manera hasta la puerta del Big Ben y sacarme una foto en la rotonda en donde Clark W. Griswold quedó atrapado eternamente. 1000 días nomás, 1000 días; 1000. C'mon London, dame una señal.
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