Minuto 36 a 40.
Después del gol, después de todo.
No recuerdo cómo festejé el gol de Di María.
¿Mejor jugada colectiva en una Final del Mundo? Puede ser. No me canso de verla. Glorious goal. Lovely. Delightful. Argentine goal. That is just beautiful.
La jugada empieza con una recuperación de Nahuel Molina. Tampoco me acordaba. Ni de que el segundo que la toca es Alexis, que se ve cómo pica para recibir y después cruzarla.
Se vio varias veces que Scaloni hace señas como un loco desde el costado derecho de la cancha. Parece como que participa de la jugada. Como si fuera parte de la creación.
Algo que me di cuenta mirando de nuevo el partido es que, en realidad, el DT argentino hizo esos gestos en cada jugada. En las que fueron gol y en las que no. Parecía que la había armado él desde el banco de suplentes y así nos lo hicieron creer. Elegimos creer, pero no fue así. Ni él diría que fue así si le preguntaran.
Es emocionante ver a Alexis recibir de Molina y picar para recibir el pase de Julián. Antes, la pelota había pasado por Messi, el único de los participantes que le da dos toques, y por el jugador que debutó en Primera en el Monumental contra Aldosivi el 27 de octubre de 2018, minuto 64.
El pase cruzado se puede ver en cámara lenta. La parábola con la que gira la pelota es de billar. El campo es un billar.
Upamecano la pierde y ahí empieza el caos.
Francia prepara los cambios. Dos cambios antes de que termine el primer tiempo.
La tranquilidad con la que se relata en inglés es un factor que no había tenido en cuenta. Hasta ayer, que se lo escuché decir a Pachu Zubirí.
Seguramente no festejamos mucho el gol. Faltaban más de 50 minutos de partido. Peter Drury destacó que la única vez que se remontó un 0-2 en una final fue en 1954: Alemania contra Hungría, el Milagro de Berna, la final de Puskás, el del premio al mejor gol. Puskás era el húngaro que perdió aquella final, pero era buenísimo.
La historia acá diría otra cosa. Solamente en la tanda de penales estaría Francia por encima de la Argentina. Eso no cambiaría que el partido podía ser para cualquiera.
Todavía faltaría la charla en el vestuario y el reto de Mbappé a sus compañeros.
¿Cómo se describe la técnica de Di María a la hora de definir? ¿Animarse a pegarle hacia abajo a la pelota para que rebote en el pasto y se levante? ¿Esa jugada se piensa o se arma sola en la cabeza?
En el festejo había más concentración que emoción. Una montaña humana y por lo menos siete jugadores abrazados. Pero veo al Cuti y parece más concentrado en la próxima jugada que en lo que acababa de pasar en Lusail.
El partido siguió, pero tendría que haberse terminado ahí nomás. Francia intentando tocar. Argentina presionando y siendo peligrosa. Otra jugada por la derecha. Otra vez Scaloni haciendo gestos con las manos para que pasen al ataque. Incluso más ampuloso que en el gol. Aunque, para ser honestos, en ninguna de esas jugadas podría haber sospechado que eso que se gestaba en campo propio podía terminar en la red.
Seguro que dije “¡qué golazo!” cuando lo festejé. Me falta que esa imagen aparezca en mi cabeza, pero estoy casi seguro de que, al menos, lo pensé.
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