lunes, 27 de julio de 2020

Cuarentena Día 134

Pedro lloró porque no le compramos una caja legendaria de Zooba. Cuando le tocó el águila lloró, pero de emoción. Al final le compramos una membresía semanal para VIP Zoo o algo así, lo que le da 20 gemas por día.
A Joaqui le tuvimos que comprar Robux, porque si le compramos a uno hay que comprarle a otro.
Antes de empezar la cuarentena casi no sabían lo que era Roblox. Ahora pivotean entre Roblox y Zooba.
Pedro está en Liga 9 y se queja de que nunca le tocan los mejores animales. Cuando a Timo le tocó a Donna, el cocodrilo, Pedro gritó de emoción. También se volvió loco cuando el 1º de julio o de junio ya no me acuerdo se habilitó la función para jugar en trío (?!) o en escuadrón.
A la noche practica jugasdas y dice qué quiere comprarse con las monedas imaginarias. Casi siempre son skins para un personaje. Skins imaginarios.
Le recordé que hace unos años me hizo comprarle FIFA Points y ahora ni bola le da a los FIFA Points, tengo todos los recibos del Play Store. Money well spent?
Joaqui se compró 400 Robux por 5 dólares. Con esa plata (imaginaria) se compró una poción para volar. Yo le pregunté por qué no se compró un carro de limonada, así vendía limonada y recuperaba la inversión. Ella me dijo que la poción era mejor.

miércoles, 15 de julio de 2020

Mundial de escritura Día 14

Escribí esto para el Mundial de escritura

La consigna de hoy era escribir una historia a partir de una foto.


¿Sabías que el único presidente argentino zurdo fue Arturo Umberto Illia? Hay una foto de él que está pateando una pelota de fútbol con la pierna izquierda. En mi obsesión por encontrar algún presidente que comparta mi condición de left-handed. Busqué en fotos de todos presidentes que encontré, desde Alberto hasta Bartolomé Mitre y no encontré evidencia cierta para poder decir que había un presidente que escribiera con la mano izquierda.

Otro impedimento para encontrar a un potencial zurdo fue el hecho de que hasta algo menos de 60 años a los zurdos los adiestraban. Es decir, a los que naturalmente escribían con la mano izquierda los obligaban a fuerza de azotes a hacerlo con la derecha. 

Por eso, de haberlo habido, no lo podríamos saber salvo que algún biógrafo nos lo contara. 

Después de una investigación que llamé “necesaria”, me crucé con esa imagen de Illia pateando una pelota antigua con la pierna izquierda. ¿Querrá decir eso que la Tortuga fue zurdo? No. Le comenté el tema a Camila Perochena y me dijo “tal vez le pegaba con la izquierda porque era muy malo jugando al fútbol”. No, nada que ver, Camila. Ah, cierto que me dijiste que no sabés nada de fútbol. 

Le dije que iba a buscar en Twitter si algún familiar de Illia podía confirmar. Encontré que un nieto, Leandro Illia, tenía una cuenta activa y bastantes seguidores. Periodista deportivo picante. Le mandé la pregunta y no me contestó. 

Pero la historia que quería contar no es la de la foto del expresidente pateando una pelota de cuero posiblemente fabricada en Bell Ville, la capital nacional de las pelotas. 

En la casa de mi abuelos hay una biblioteca con libros y marcos de fotos. En una de ellas está Papi con un grupo de amigos en el campo de su suegra en Corrientes. Sobre el costado izquierdo sobresale la figura de Don Arturo.

Todos menos mi abuelo están muertos al día de hoy. En agosto de 1981 los correligionarios se juntaron a comer un asado en la estancia Santa Rita. 

No sé si fue agosto, ni si fue en 1981. Ni siquiera sé si fue en Corrientes. Pero estaban los amigos ahí. 

Comieron un cordero al calor del mediodía de sol. Adobado por Santos, el capataz de la estancia. Tiene 45 años pero acusa 70. 

Santos se levantó a las 4.30 para prender el fuego. A las 6 empezó a acomodar la cruz con la presa.

Los primeros invitados llegaron a las 9. Habían salido el día anterior y pararon a hacer noche en Chajarí. 

El resto llegó a las 11. Los trajo el Cessna 172 que aterrizó en la pista de pasto que prepararon en el cuadro que da atrás de la casa, a un kilómetro y medio de la ruta 14. 

Almorzaron opíparamente. Durmieron la siesta bajo la sombra de un gomero.

Cuando alguno dijo vamos, el resto insistió en pasar la noche allá. 

Acomodaron las habitaciones de la casa. A Don Arturo le dejaron la principal. 

“¿Hacemos un puchero?” 

“Yo lo cocino”

“Vamos a comprar una olla a Uruguaiana”.

“Yo los acompaño”, dijo el expresidente. 

En el viaje habló poco. 

A la vuelta estaba incómodo. 

“¿Nos dejarán pasar por la aduana sin declararla?”

lunes, 13 de julio de 2020

Mundial de escritura Día 13

Escribí esto para el Mundial de escritura.
La consigna de hoy era contar una historia a partir de los restos de una fiesta.

Chino, ¡la concha de tu madre! Encontré un forro tirado atrás de la puerta del cuarto. Sé que es tuyo porque te la pasaste un día entero jodiendo con esa mierda de la musiquita y que los ibas a estrenar con la pibita. ¿No podrías haber esperado a volver a tu casa? ¡Tenés 40 años!
Me tuve que poner guantes quirúrgicos para limpiar el departamento. El que vomitó en el lavadero podría haber tirado un balde por lo menos. Está la mitad del lavarropas manchado con un caldo seco de hace tres días. Recién hoy martes me recupero. Ese no sé quién fue.
Alguien se afanó también el mojón del kilómetro 142 de la ruta 2 que tenía en casa. Cuando me separé Laura me dijo “Te llevás esa mierda con vos”. Era un recuerdo de la despedida de solteros del Flaco, hace 10 años. Todos arriba de la combi chupando. Lo pienso y me vuelve la resaca.
El que lo hizo lo puede prender fuego, me pareció una boludez divertida en su momento pero ya no me hace gracia. ¿Cuántos éramos adentro del departamento? ¿30? ¿40?
Me tiraron por abajo de la puerta una carta impresa en computadora. Le faltan los acentos y las mayúsculas. La vieja del 1C no puede haber sido. Tiene que haber sido el otro, uno que vive solo en el piso de arriba. Al único que le pediría empatía.
La carta decía “estimado vecino, le pido por favor que nos respete al resto de los vecinos que queremos dormir. soy una persona grande, tengo 53 años y tambien tuve 25 años alguna vez. la proxima vez que haga ruido hasta las 3 de la mañana voy a llamar a la policia”
Alguien llamó a la policía, porque tocaron el timbre a la 1. Le dijimos que estábamos terminando. Me dijeron si no cortábamos ahí iban a labrar un acta, o algo así. Cortamos 10 minutos y después seguimos, o siguieron ustedes, no sé.
El administrador me mandó 3 mensajes de Whatsapp que no contesté. No porque no quisiera sino porque no podía moverme.
Ya fue, cuando consiga algo mejor voy a alquilar un lugar donde pueda traer a los chicos. No me veo viviendo en este lugar mucho tiempo más. O sí, no sé.
¿Quién sacó el Burako de la caja? Hay piezas de plástico duro tiradas por toda la casa. Algo me acuerdo. Sebas se calentó porque perdió a algo y le tiró un fichazo a Lalo. Le pegó en la frente y se la dejó marcada. Fue así, ¿no?
También tengo flashes de que a la chica que había venido con la novia de Pablo se la tuvieron que llevar a la guardia. No me acuerdo bien por qué. Creo que se empezó a sentir mal y le dieron convulsiones.
Ahora sí, me acordé. Le dieron convulsiones. Me hice el héroe diciendo “yo sé primeros auxilios”. Es verdad, hice un curso intensivo de 30 horas en la filian Saavedra de Cruz Roja en enero.
La puse a la chica de costado y le hice apoyo psico social. Escucha activa. No tenía nada grave, pero le dolió mucho la panza y el encierro le hicieron mal. Ni un puto médico en el grupo.
Ahora me acordé de todo. Después le mandé un Whatsapp al Negro y me dijo que estaban en la guardia del Alemán. Que la tenían en una cama, le sacaron sangre y no le creían que no se había drogado. Le estaban haciendo estudios y no la dejaban irse hasta por lo menos las 9 de la mañana. Pobre Negro, garrón se tuvo que comer porque la novia quiso caer con una amiga. Sumó 20.000 matrimillas después de eso.

domingo, 12 de julio de 2020

Mundial de escritura Día 12

Escribí esto para el Mundial de escritura de hoy.
La consigna era escribir sobre lo que soñaste, observar cuando te lavás la cara y sacar una carta de Tarot de Marsella (?!).

Soñé que festajaba mi cumpleaños número 40 en la casa de los Maschwitz. Hace 20 años que no tengo ninguna relación con ellos, ni directa ni a través de mis padres, pero algo hizo que las sinapsis de mi cerebro trajeran esa pesadilla de sueño.
Pasamos una buena parte de la infancia juntos, y nunca me acomodé a esa relación ni con los padres ni con ninguno de los 7 hijos, pero desde que mi madre se distanció laboral y personalmente de ella, no he vuelto a saber de ellos más que por incómodas reuniones esporádicas.
Era una fiesta en un jardín. Había mucha gente que no conocía. ¿Era un invitado en la fiesta que me debería tener a mí como protagonista? Eso es lo que más me perturbaba. ¿Vos quién sos? ¡Vos quién sos, la concha de tu madre! ¡Es MI fiesta! ¡Mía!
En la vida real nunca hubiera hecho una fiesta para celebrar el cuadragésimo aniversario de mi nacimiento. Al menos, no una de esas características. No con gente extraña seguro. Ni fiesta al fin.
Me hubiera gustado hacer un asado con amigos e invitar a un mago de sorpresa. Uno de esos que hacen chistes de pajero y te roban los relojes.
Siempre me gustaron los magos. Una vez por trabajo tuve la oportunidad de estar en un evento privado de Peugeot. El animador de la fiesta era el mago Emanuel. Nuestro David Copperfield. El hijo de Dora Baret, creo. En un hotel paquete de Puerto Iguazú, cualquier prejuicio que uno pudiera tener contra él se borró desde el momento en que dijo Hola. Puro carisma y magnetismo. Ese fue el día en el cual me amigué con la magia.
Desde entonces espero que haya una fiesta sorpresa en donde inviten a un mago a animarla.
Lo sigo esperando.
La parte de lavarme la cara en el espejo y mirarme la debo. Hoy me desperté tarde porque Guada durmió muy mal. Recién a las 10.20 tomamos la decisión de que el día había empezado y que inexorablemente había que arrancar.
No recuerdo siquiera haber pasado por el baño, creo que fui a la cocina directo a tomar el desayuno. De hecho, creo  que rara vez me lavo la cara como si eso constituyera un ritual iniciático de la jornada. A lo sumo, durante la normalidad, me me meto directo en la ducha. ¿Eso cuenta como cara?
Me tocó una carta del tarot de Marsella que dice que es el Le Bateleur. No tengo idea de qué hacer con esta información.
Google: “La carta representa la figura de un hombre de pie, situado frente a una mesa. Sobre la mesa se encuentran copas, monedas y espadas. Él sostiene en la mano izquierda una varita de madera (bastos). Lo que representa es que tiene a su disposición los 4 elementos o los 4 palos de la baraja. Su mano derecha está libre y colgada a lo largo del cuerpo. Su sombrero representa el símbolo del infinito. Sus pies miran uno a la derecha y el otro a la izquierda, es decir, uno mira al futuro y el otro al pasado. La mesa tiene 3 patas, la tríada. La tierra es marrón, el trabajo. La cesta con hierba, la armonía. Su cinturón divide el mundo en superior e inferior. Los bastos representan al fuego, el poder mental, los oros representan a la tierra y sus tesoros, las espadas al aire y la fuerza para modificar las cosas, las copas al agua o el saber acumulado.”
Nunca tuve ningún contacto con el Tarot, es un mundo que desconozco por completo. Lo que me gustó es que, oh, Le Beteleur es el mago. ¿Te acordás que acabo de decir que me gustan los magos? Además, sostiene la vara con la izquierda. ¿Un mago zurdo, como yo? Me hago pis de la emoción.
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sábado, 11 de julio de 2020

Mundial de escritura Día 11

Escribí esto para el Mundial de escritura.
La consigna de hoy era algo de los rituales.

Me cuesta imaginar un día sin café.
El día para mí no empieza hasta que no termina ese ritual que arranca con el ruido de la pava eléctrica calentando el agua como si fuera un avión que carretea por la pista para ganar velocidad de despegue. Sin el olor del café brasileño (sí, brasileño) que emana de la bolsa en donde se sumerge la cuchara medidora de la Bodum. Sin la prensa que avanza sobre el agua caliente.
Necesito ese combustible en dos o tres dosis para poder levantar la persiana y empezar un día. Ni hablar de si es un día frío o dormí mal a la noche. ¡Inyéctenme el puto café en las venas!
Por algo los brasileños le dicen café de la mañana. No té de la mañana, no mate de la mañana, no Nesquik de la mañana. ¡Café!
Una vez soñé que era un negro colombiano corriendo por las plantaciones de café. Me perseguía el patrón porque me había mandado una cagada. Corría a toda velocidad. Cuando me estaban por alcanzar me desperté. Me desperté transpirando, pero lo que más acuerdo del sueño era el aroma.
Nunca vi una planta de café, pero me contaron que es un árbol bastante grande y el fruto es como una especie de mango. Quiero creer, elijo hacerlo, que tiene el olor al café que tomo en casa a la mañana.
No soportaría enterarme que en realidad el fruto del café no tiene olor a café sino que es hediondo y agrio simplemente.
¿Qué pasaría si me sacaran el café de la mañana?
Me gustaría agregarle drama a la historia y decir “me mataría”. Acabo de leer 15 líneas más arriba que escribí que “me cuesta imaginar” un día sin café. Me alegro de haberlo puesto así y no haberme dejado llevar por el “no puedo vivir sin tomar café”.
Creo que podría sobrevivir. En general no soy supersticioso. Si hay una escalera apoyada sobre un edificio en la calle y voy caminando por la vereda, paso por abajo de ella. Me divierto viendo las maniobras que hace la gente para evitarla.
“¿Me pasás la sal?”
“Tomá, agarrala”
“No, apoyala”.
“¡Dejate de joder, agararrala!”
Además, como soy zurdo de cuerpo y mente, me levanto todos los días con el pie izquierdo.
Bueno, un día sin café, pienso, sería solamente un mal día sin café.
Si se secaran todas las plantaciones de café del mundo, cosa improbable, supongo que debería buscar otra infusión para poner primera a la mañana.
Los rituales, que son ataduras, nos dan seguridad. A mí tomar café a la mañana, al menos, me la da. Me pregunto si está bien tener rituales. Probablemente no. En un mundo nos enseña a “soltar” los rituales (como el mío del café) deberían estar prohibidos.
Pero como a mí me molesta eso tendría que levantar entonces una pancarta a favor de los rituales. La veo a Guada aferrada su mantita y a Joaquina dormir abrazada a su zorrito y busco una respuesta. Tal vez venga por ahí la cosa.
Si se rompe un ritual, si se acaba el café, se quiebra un pacto de lectura de la vida. Sería lógico pensar que nuestras ideas se desacomodan. Pero también está bueno que eso pase, ¿no?
No lo sé. Y me gusta que sea así, incierto. Las mejores cosas de la vida no tienen respuesta. Lo mejor es que lo puedo reflexionar a la mañana mientras me sirvo otra taza de café. 
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Cuarentena Día 118

Durante la cuarentena
Operaron a Agus de apendicitis
Pedro se mudó a un cuarto solo.
A Joaqui se le cayeron 3 dientes.
A Guada le salieron 6 dientes.
Guada empezó a gatear.
Guada casi empezó a caminar.
Guada casi empezó a hablar.
Yo engordé 5 o 6 kilos.

viernes, 10 de julio de 2020

Mundial de escritura Día 10

Escribí esto para el Mundial de escritura hoy.
La consigna era escribir sobre un afiche de una película, contar una historia a partir de eso.

¿Te acordás Gordo cuando fuimos a ver esa película en la que Steven Seagal se moría a los 20 minutos? No es spoiler porque ya pasaron más de 20 años.
Recién la googleé. Se llamaba (se llama) “Momento crítico”. Fuimos a verla un día de semana al cine del Tren de la Costa. Era la época en la que la entrada salía 7 pesos y, los miércoles, 3,50.
No recuerdo mucho la trama, pero había un avión secuestrado. Llegaban Steven Seagal (ya estaba gordo, no era el mismo de Hard to Kill) y Kurt Rusell al frente de un grupo de elite para rescatar al avión. Cuando estaban abordando la nave pasa algo y Steven Seagal cae al vacío. El bueno de Kurt queda al frente de la misión, pero faltaba que se desarrolle el 70 por ciento de la película.
Nos peleamos por culpa del póster de la película, del afiche, bah. El film había sido promocionado como “la nueva película de acción de Steven Seagal” y en el afiche estaba la cara de él a la izquierda y la de Kurt a la derecha. Media cara de cada uno.
Yo me indigné con ese póster. Pero me indigné más cuando vos los defendiste. ¡Al póster! Me decías “si te fijás bien, la cara de Steven Seagal está más al costado, más cortada que la del otro”. Yo, que en esa época era más pedante incluso que ahora, te contesté:
“¡No digás boludeces, Gordo! ¡Son iguales! ¡Es cualquiera, mirá! Agarrá una regla y medilas, y además aunque sea más chica no debería ni aparecer el tipo ese en el póster. ¡Es una estafa!
Todo eso fue a los gritos mientras la gente esperaba en la cola para entrar para ver una nueva función de la película. De esa misma película. Fue como cuando Homero sale de ver “El imperio contraataca” y le comenta a Marge “¿Quién hubiera dicho que Darth Vader era el padre de Luke” mientras se escucha el desahucio de los que estaban en la cola.
Estuvimos peleados meses por ese tema. Vos te ofendiste porque yo te grité en frente de todo el cine y te boludee. Yo me calenté porque no entendía cómo podía ser que razonaras así. Eras un tipo inteligente, me dolía en el alma, amigo.
La película fue tan mala que enseguida salió en video. Me acuerdo mi alegría cuando la vi el estante de Blockbuster, para mi regocijo, le habían sacado la cara a Steven Seagal. ¡En la edición en video habían tenido la decencia de no poner como protagonista a un tipo que se muere a los 20 minutos!
Blockbuster me estaba dando la razón. Te lo fui a comentar al otro día en el colegio, Gordo. Pero vos seguías enojado conmigo. No querías ni hablar del tema.
Dicen que el cerebro prefiere tener la razón antes que ser feliz. Me dejé llevar por la soberbia. Perdoname, gordis. El acto de pedantería fue solo una demostración de mi inseguridad. Necesitaba la aprobación de los demás. La necesitaba encarnizadamente.
Los adolescentes somos así. Hoy estoy arrepentido de haber hecho lo que hice. Si pudiera volver el tiempo atrás no lo haría de nuevo. Te la dejaría pasar. En mi cabeza estaría diciendo “¡Qué ridiculez!” pero en mi corazón estaría pensando que eso no es lo importante.
Estaba viendo también que la película está en Netflix. Hoy a la noche la veo y mañana te llamo para pedirte perdón, 20 años después.