jueves, 29 de mayo de 2014

Por qué no me gusta Preguntados

Si me conocen sabrán cuánto me gustan los certámenes de preguntas y respuestas. Sigo todo lo que tenga que ver con esta categoría de entretenimiento. Desde el más berreta de los progrmanas de cable hasta el más refinado y producido envío televisivo (tipo los que están al aire en TVE), Jeopardy, kermeses, juegos de mesa (todos), contratapas de diarios. Consumo básicamente todo lo que esté relacionado con poner a prueba la cultura general.
Por eso, también, fui un early adopter de Preguntados. Un viernes por la tarde hace como 8 semanas volví de una llamada a mi escritorio y vi que todas mis compañeras estaban más preocupadas por responder quién era presidente de Estados Unidos cuando fue el escándalo del Watergate que por trabajar (era viernes). Indagué un poco y terminé tirando la chancleta yo también. Conocí Preguntados y dije "golazo" (porque además soy bastante bueno).
Pero el romance con la app furor de los últimos tiempos duró poco. ¿Por qué? El juego está muy bien hecho, la plataforma es excelente, corre bien, podés desafiar a tus amigos, es viral, y tiene muy lindo diseño. Pero tiene un problema con la base de los juegos de preguntas y respuestas: las preguntas están mal curadas.
Curadas significa seleccionadas. Analizadas desde el punto de vista y la noción lúdica que tienen todos los juegos. Que las preguntas tengan un nivel parejo dentro de lo que puede considerarse parejo para algo tal relativo como la cultura general. Que haya una noción de justicia que achate a la suerte.
Me explico.
Si bien la rueda gira y la categoría es azar no es lo mismo preguntar por el escudo del Barcelona (pregunta fácil)
Que el país que está al oeste de Zambia (esta es una pregunta mucho más compleja, incluso para los fanáticos de la geografía)
Y después están las preguntas en inglés o portugués que se cuelan entre otras. Esto, supongo, debe ser un error. En un momento también se ve el juego pegó bien en España así que se empezaron a aparecer muchas preguntas sobre hitos de la Guerra Civil, o sobre comunidades autónomas o sobre la capital de Numancia.
Entiendo que hay una fábrica de preguntas y que cada usuario puede mandar sus preguntas. Yo incluso mandé algunas. Pero hay que afinar un poco más el lápiz que elige cuáles salen a la cancha y cuáles no. Esa es la esencia de los concursos de preguntas y respuestas, que el juego sea justo y que el peso del azar, si bien existe, sea relativo.
Igual, un mensaje positivo. Como la herramienta es dinámica e interactiva todo se puede mejorar (y se está haciendo, claro). Tal vez en algunas semanas este aspecto muy importante del juego se haya pulido. 


viernes, 23 de mayo de 2014

¿Por qué el fútbol argentino me chupa un huevo?


Primero pensé en el título del post: El fútbol argentino me importa nada
Después lo cambié por uno más violento: El fútbol argentino me chupa un huevo
Y después le puse signos de interrogación a la afirmación y lo convertí en pregunta: ¿Por qué el fútbol argentino me chupa un huevo?
No tengo respuesta.
Pero casi no siento pasión.
¿Cultura? ¿Educación? ¿Herencia? ¿Genética?
El otro día, mientras se empezaba a jugar el partido decisivo para River, mi equipo, pasábamos con el auto por Lugones en el mismo exacto momento en que Cavenaghi le metía el primer gol a Quilmes y allanaba el camino para el campeonato. Había muchos hinchas de River al costado de la autopista. Algunos que llegaban tarde, otros sin entrada que esperaban ver si podían ingresar, otros que estaban ahí para ver qué pasa, supongo. Cuando fue el gol del 9 todos empezaron a gritar y festejar. Y algunos para hacerlo empezaron a tirar cosas a los autos que pasaban: piedras, botellas, zapatillas. Lo cierto es que una de esas botellas voló justo por donde pasábamos nosotros y pegó en el auto, vidrios, ruido, susto, todo junto. Por suerte los chicos dormían en los asientos de atrás.
Mi primera reacción fue salgamos de acá. La segunda, lo digo sin culpa, fue: "Negros de mierda, ojalá ahora River pierda".
¿Por qué? Porque me importa más (mucho) vivir tranquilo y seguro que ver ganar a mi equipo.
River no perdió y fue campeón.
Y yo ni siquiera vi el partido. Tenía previsto hacerlo, pero estuve más ocupado tratando de llegar a casa y viendo cómo quedó el auto, si se pinchó una rueda.
Pensaba en esos fanáticos que dejan (literalmente) la vida para ver al equipo de sus amores. Se bancan colas eternos, palazos, pungas que los roban, y también botellazos a los autos.
"No importa, todo por ver a River campeón", dicen.
No los juzgo, pero tampoco los entiendo.
Y yo no soy uno de ellos.

miércoles, 14 de mayo de 2014

213 días nada más, nada menos

Joaqui:
Cuando tu hermano Pedro nació sus aventuretas en los albores de la vida me entusiasmaban tanto como las tuyas ahora, pero era mucho más activo entonces en la tarea de contarlo (lo justo y necesario) acá. Sí, sos la segunda y probablemente me lo vayas a reprochar algunas veces pero vale decir (por si hiciera falta) que te queremos tanto como a tu hermano.
Los queremos tanto a los dos que no lo podría explicar si tuviera que hacerlo. Aprovecho este momento para contarte algunas cosas que pasaron desde aquel domingo a la madrugada en el que tu mamá me despertó para avisarme que ibas a venir, cosa que efectivamente sucedió algo menos de cuatro horas después.
Pasaron 213 días desde entonces. 7 meses, un día.
Naciste ese domingo 13 de octubre, eso ya lo sabés y lo conté acá. Te llevamos a casa y tu hermano aprendió a conocerte. Te quiere tanto, y vos a él. Es tu ídolo. Es el único que te puede hacer soltar carcajadas, las más lindas del mundo. Las tengo filmada. Si querés un día te las muestro. Todo anduvo muy bien desde el principio, creciste fuerte y sana con la ayuda de Mamá.
Los médicos apenas supervisaban tu evolución. Yo me perdí casi todas las visitas al pediatra. Lo siento. Espero poder acompañarte la próxima vez. Pero Agus dice que está todo bien, aunque muchas veces olvida anotar datos estadísticos como peso y altura. Pero estás bien, no te preocupes.
Una mañana de verano cuando tenías apenas cuatro meses llorabas. "Le están saliendo los dientes", dijimos. "¿Ya!?". "Sí, ¿por qué no? A Pedro le cortaron los primeros para esta fecha". "Bueno, pero ella es mujer, a las mujeres les salen más tarde". Bueno, bottom line: sí, te estaban saliendo los dientes. (Y ahora te están saliendo otros más).
 Siempre dormiste bien y no tuvimos casi problemas para que duermas. Tu llanto es hermoso. Porque es el justo y necesario y en el tono exacto. Cuando estabas por cumplir seis meses empezaste a tomar mamadera. Tu mamá estaba un poco nerviosa, pero enseguida se quedó tranquila porque vos aceptaste la leche de fórmula sin problemas. Ni una queja, una genia.
Y una tarde de marzo cuando estábamos charlando de no me acuerdo qué te vimos gatear por primera vez. Otra vez precoz. Tenías unas ganas tremendas de desplazarte y decidiste que ese era el momento para hacerlo. Ahora te la pasás de un lado para el otro, te parás, te sentás sin problemas, todo bien haces. Somos padres orgullosos.
La primera vez que te enfermaste (toco madera mientras escribo) fue recién hace tres semanas. Un resfrío muy resfrioso, con catarro, fiebre. Por suerte no pasó a mayores, pero la recuperación fue larga, varios días sin dormir estuviste. Te molestaba la respiración por los mocos.
Y acá estamos ahora. Yo, con la computadora en la falda escribiendo estas líneas a toda velocidad. Vos, durmiendo con un angelito. El angelito más lindo. La más linda.
¿Qué más se puede pedir?

sábado, 3 de mayo de 2014

"Cuando yo llegue a los pedales el auto ya se va a manejar solo"

Ayer le conté a Pedro que no hace falta que se preocupe porque no llega a los pedales del auto. Ya va a crecer, pero para cuando tenga edad de manejar los self-driving cars ya van a estar esquivando los baches de Buenos Aires.
Nos volvemos a ver en septiembre de 2027 para chequear esto:

domingo, 27 de abril de 2014

Diarios de bicicleta unmigone


Los enemigos:
Autos
Motos
Colectivos
Los peatones (antes de cruzar la calle miran si vienen autos, no bicis igual de peligrosas)
Los colegas (ciclistas que se creen que esán corriendo en la etapa de montaña del Tour de France)
La ciudad (la basura y los vidrios, responsables de dos pinchaduras en tres semanas de uso moderado)

jueves, 24 de abril de 2014

Che Sofovich, contame: ¿Te pasan las preguntas de Los 8 escalones antes del programa?

Tengo conocimientos moderados sobre cómo funciona la cocina de la producción de los programas de televisión. Hasta hace un tiempo hubiera dicho que no tenía sentido pasarle de antemano las preguntas al viejo lobo de mar aka Gerardo. Qué la gracia del juego es que sea natural espontáneo y no ahorrarse el módico premio de $50000 en el mejor de los casos para el cual hay que batallar y mucho.
Pero cambié mi parecer el otro día.
Pasan las preguntas y Sofovich no erra. Tiene, claro, la ventaja de contestar después del participante, con lo puesto. Sólo falla cuando tiene que responder un tema muy frívolo para él (tipo las frases del estribillo de Danza Koduro, de Don Omar). Pero eso es parte del show. El sabio, el erudito, el que sabe todo lo que hay que saber, el que estuvo con todos, viajó por todos lados, conoció a todos los presidentes, boxeadores, el que pasa Año Nuevo con Jimmy Page.
Todo bien, hasta que responde mal una pregunta relativamente contestable sobre la Ley Saenz Peña.
Dale, Gerardo. Contame la verdad. No se lo digo a nadie, te prometo.

viernes, 11 de abril de 2014

Abbey Road, para el otro lado


Un domingo lluvioso, hace un año y medio y muy temprano a la mañana, crucé por la senda peatonal de Abbey Road, casi esquina Groove End Road. Esa excursión no formaba parte de mi derrotero londinense, pero tuve que improvisar. Había llegado muy temprano al centro para hacer algunas compras y las tiendas de Regent Street no abrían sino hasta las 11 (rookie mistake).
La idea de ir a ver una esquina con mucha gente sacándose fotos mientras cruzaba y algún automovilista nervioso suplicando que se apuren para hacer la toma no me divertía mucho. En realidad, sí me divertía un poco, pero al tratarse de un muy retirado del Centro, la ecuación costo-beneficiono no me resultaba rentable. Ahora, frente a este nuevo escenario en el cual no tenía nada que hacer durante las próximas tres horas, la situación era diferente. Así que agarré wifi, configuré Maps, me até los cordones y puse marcha rumbo norte.
Primera sorpresa: Baker Street (me suena). Elemental, la casa de Sherlock Holmes. Debe haber algo allí. 200, 210, pum! 221b. The Sherlock Holmes Museum. Poca gente. Vuelta por el gift shop, encaro para la casa "Sir, do you have the ticket?". Ah, ¿hay que pagar? Mejor no. Sigo un rato, por acá tiene que estar el parque... listo: Regent's Park. Entro y salgo en 25 minutos de ese parque circular muy lindo y desemboco en una avenida. Un par de vueltas más por las serpentinadas calles de London y encuentro Groove End, que desemboca en el comienzo de Abbey Road. ¡Llegué!
Como era presumible, no había mucho para ver. Apenas unas casas residenciales, la senda peatonal en cuestión y los Studios. Ni siquiera había muchos turistas intentando emular la portada del disco homónimo. Apenas un grupo de chinos. Tenía que hacer algo ya que había caminado hasta allí. Junté fuerzas y le pedí a un chinito que me sacara una foto (para que me diga que sí le ofrecí tomarle una a él y me dijo, "nah, dejá"; pero la foto la sacó) Sentí alivio de haber podido al menos retratar ese momento.
Pero el confort se convirtió en desilusión creciente con el tiempo. Primero, porque crucé la calle al revés, de derecha a izquierda. Segundo porque la calidad de la imagen es malísima (¡el chinito la sacó movida!). En fin, me verás volver, Abbey Road.
El otro día, cuando leí este artículo de The Guardian sobre las tapas de los álbumes clásicos en Google Street View me acordé de esa mañana de domingo de noviembre de 2012.