Entro en un lugar lleno de cosas. Cosas caóticamente ordenadas. Es difícil de describir cuáles son esas cosas. Es una ferretería, bah...
Entre todas esas cosas se asoma una pequeña rendija del luz desde la cual alcanzo a ver la cara del que atiende. "Sí", me dice sin preguntar. Empieza el diálogo:
-Hola, ¿tenés una bombita como esta? (saco de una bolsa una lámpara dicroica rarísima).
40 segundos más tarde el vendedor vuelve con la bombita.
-¿Qué más? -Necesito también... eee.... ¿viste esas bisagras que tienen los muebles de cocina?...Sin contestarme desaparece. A los 35 segundos vuelve con una caja llena de distintos modelos de bisagras para muebles de cocina.
-¿Cuál necesitás?-Una como esta. Saco de la bolsa una bisagra vieja, rota, oxidada. La compara con una y decreta que esa es la que necesito.
-¿Qué más? Pregunta como si estuviese apurado (en el local no hay nadie más que nosotros dos).
-Sí, también quería ver si tienen esos cosos para ponerle a las canillas para ponerle a una manguera...-¿Chupete de goma? -Sí, no sé cómo se llaman...Se va y vuelve con el chupete de goma.
-¿Qué más?-Y dame un pedazo de manguera también, por favor.Corta la manguera.
-¿Qué más?-
Nada más, ¿cuánto es? Esta ese la mejor parte. Porque siempre, por ignorante, creo que va a salir el doble de lo que termina saliendo. Pago y me voy contento caminando por la calle con mis cosas.