viernes, 5 de noviembre de 2010

movistar: atención al cliente es la opción 9

Quien alguna vez tuvo la suerte de llamar al número de atención al cliente de movistar (con minúsculas, como le gusta a la empresa ser llamada) ya lo sabrá:
  • Que llamar al *611 o 0800-321-0611 para resolver un problema del teléfono o de la línea es un programa chino.
  • Que el menú de opciones hasta que te ofrece hablar con un representante es leído por una locutora apurada que durnate casi 80 segundos te dice (palabras más, palabras menos):
  1. Presione 1 para denuncia robo, hurto o extravío… (no, gracias)
  2. Presione 2 para cambio de equipo (ya lo hice)
  3. Si no recibió su factura, presione 3 (no me interesa)
  4. Para saber todo sobre números free, presione 4 (tal vez en otro momento)
  5. Presione 5 para recarga de saldo (para eso llamo directamente al *444)
  6. Para servicios adicionales, presione 6 (¿más servicios?)
  7. Para conocer novedades y promociones vigentes, presione 7 (buuu)
  8. Para suscribirse a Speedy, presione 8 (ni a palos)
  9. Para ser atendido por uno de nuestros representantes, presione 9 (al fin eso es lo que quería)
  • Que una vez que presionamos 9 arranca el tema “Two Princes”, de Spin Doctors, como música de espera (un estreno).

  • Que casi siempre todos los representantes están atendiendo llamadas y ya se van a hacer un tiempo para atendernos.
  • Que cuando nos atienden suena un cordobés a veces incomprensible.
  • Que a veces se corta la llamada después de explicarle, inútilmente, durante 20 minutos el problema al representante.
  • Que cuando volvemos a llamar (después de un divertido tiempo de espera) nos atiende otra persona y le tenemos que volver a explicar todo de nuevo.
  • Que después de llamar tres veces por el mismo problema y que cada representante nos diga una cosa distinta, seguimos teniendo el problema…

miércoles, 3 de noviembre de 2010

domingo, 31 de octubre de 2010

Relojes que no están en hora no son relojes


El reloj del microondas siempre tira cualquiera. Imposible poder contar con él. Lo pongo en hora y, antes de que nos demos cuenta, un corte de luz, una barrida desafortunada o un cambio en los ajustes del sistema lo vuelven a 12:00.
El reloj que pusimos en la cocina no sirve para nada. Ya le cambiamos la pila tres veces; anda un par de días y se vuelve a romper. Pura decoración (y ni siquiera para eso funciona, no queda muy bien).
El reloj del equipo de música siempre está titilando en 12:00. Ni sé cómo se hace para ponerlo en hora.
Un reloj que no está en hora no es un reloj…
Además de los tres ejemplos compartidos, en casa tenemos la posibilidad de consultar la hora en: celulares (2), computadora, teléfono inalámbrico, televisión y PS3.
Sin embargo, siempre que quiero saber qué hora es voy directo a TN.

miércoles, 27 de octubre de 2010

"Hola, se murió Kirchner, Néstor"

Apenas pasadas las 10 de la mañana Cecilia Fernández, DNI 33 millones y pico, había ingresado en nuestra vivienda (nunca mejor usada la palabra “vivienda”) para completar el formulario B correspondiente al Censo del Bicentenario. Unos minutos antes acabábamos de terminar de desayunar y, sin saber a qué hora tocarían nuestra puerta, decidí prepararme (cambiarme) rápido para estar listo para el caso de que el deber cívico llamara enseguida y no a las 5 de la tarde como pensé que sería. La desconfianza partió de una intuición errada porque cuando todavía me estaba atando los cordones sonó el timbre.
Amablemente hice pasar a Cecilia para responder sentados las preguntas de mi cuarto censo (ventajas de los nacidos en el 80: a los 30 años ya cargamos con cuatro censos encima: 1980 [a mis 4 o 5 meses]; 1991 [a mis 11 años]; 2001 [21 años]; y éste [30]). Tenía pensados uno o dos chistes de ocasión y los hice. Por ejemplo, cuando preguntó si teníamos heladera y computadora yo le increpé: “si digo que no tenemos heladera por más de que esté la heladera atrás tuyo, ¿vos tenés que poner que no?”. Al respecto, la censista ni acusó recibo del comentario y se limitó a poner SÍ y seguir completando la información.
Pensaba en Pedro, que estaba desayunando (mamando) en la habitación de al lado, con la puerta entornada y la televisión baja. Este sería también su primer censo. Ventajas también de haber nacido en un año redondo. Cuando tenga 30 habrá completado también la misma cantidad de censos que el padre a su edad. Pensaba también en si valía la pena una entrada para contar eso acá, el censo en la Web 2.0. Pensaba en arriesgar un número sobre el total de los argentinos. ¿Cuántos somos antes de que salga el dato oficial? Acá va uno sin mucho pensar: 40.381.538.
Pensaba en muchas cosas pero no pensaba en eso. Nadie, me parece, podría estar pensando en eso.
Así, a mitad de camino, entre una página del formulario y otra, se asomó Agus con Pedro en brazos. “Hola, se murió Kirchner, Néstor”, fue la frase que usó para contarnos la noticia y que no olvidaré. En AM, magazine matutino de Telefé, Leo Montero ya había cortado el clima festivo con una motosierra, pedido un corte y a la vuelta confirmado la información. Y esa fue la primera fuente a través de la cual nos enteramos del deceso.
“Guau”, fue la primera palabra que salió de mi boca. Fue un guau de sorpresa, raro; de sorpresa, conmoción. A mi lado seguía sentada la censista. Murmuramos algunos comentarios, terminamos de contestar el formulario y despedí a Cecilia.
Me acordé de un mediodía de diciembre de 2001. Yo cumplía una pasantía en una agencia, mi primera experiencia laboral en Comunicación. La agencia festejaba con clientes su relanzamiento y cambio de nombre en Teatriz, un restaurant de la calle Riobamba. Unas mesas más atrás de donde estábamos sentados nosotros se llevaba a cabo otra reunión. Me hubiera gustado escuchar los temas que se trataron en ese almuerzo. El más famoso de los comensales era Rodolfo Terragno, por entonces ex ministro del entonces casi acabado gobierno de De la Rúa. Estaba también Miguel Bonasso, periodista (recuerdo su traje verde súperarrugado), dos personas más y un matrimonio del cuál ese día sólo reconocíamos la cara de la mujer, una senadora que salía en los programas de política criticando al Gobierno: era Cristina. Su marido, apenas identificado por nosotros, estaba también allí. Algunos meses más tarde, Néstor se convirtió en presidente. Si la memoria no me falla llegó con el 22 por ciento de los votos, post-bajada del ballotage de Carlo’.
Mi pasantía terminó abruptamente el 31 de diciembre de 2001. El país siguió, de alguna manera u otra, adelante. Nuestras vidas, la de Néstor y la mía, también continuaron sus caminos. Hoy, 9 años después, las vuelvo a juntar en una anécdota, la que se me cruzó por la cabeza cuando escuché la noticia.

martes, 26 de octubre de 2010

Chau Paul (2008-2010)


EL personaje del año...

lunes, 25 de octubre de 2010

Ahora también terminó Mad Men


Volví a sufrir el lunes pasado de un vacío similar al que sentí cuando terminó Lost.
Mad Men, la mejor serie del momento, terminó. ¿Para siempre? Por suerte no; pero, concluida la 4° temporada, no encuentro información certera sobre el inicio de la fifth season y no creo que eso suceda sino hasta bien entrado el año que viene.
¿Por qué Mad Men es la mejor de las series actuales? (si fuera un comercial de Yogs bajaría una guitarra y arrancaría el jingle ridículo en esta parte) Por muchas razones, pero sobre todo por la trama original que presenta.
(si ya vieron Mad Men pueden saltear los próximos seis párrafos)
Mad Men narra la historia de un grupo de gente que trabaja en una agencia de publicidad en Nueva York (de ahí su nombre, ya que es el mote que reciben los publicistas de las grandes agencias, cuyas sedes están (todavía hoy) en los edificios de Madison Avenue).
El dato, poco interesante, no creo que llame la atención a quien lea esto y dudo de que haga salir a la gente a correr a buscar los episodios de esta serie. Pero si menciona que la ficción basada en la vida de estos newyorkers-advertising-men transcurre en la década del 60 tal vez consiga que una o dos personas se sumen a los fanáticos de la serie.
El contexto de los 60s es clave para engancharse. Don Draper, el personaje principal, es un desertor de la Guerra de Corea devenido en Director Creativo de Sterling-Cooper, la agencia que más tarde va a tener su nombre en la pared. Betty, su mujer (o ex mujer, dependiendo de la temporada), es un ama de casa reprimida. Sus hijos crecen ¿felices? en una casa de los suburbios. Los socios de la agencia son viejos fiesteros; el resto de los ejecutivos de cuentas, directores y creativos también. Las mujeres no aspiran a no mucho más que ser secretarias. Las secretarias pasan a máquina todo lo que sus amos le demandan. Todos toman alcohol en horario laboral porque está bien visto. Está también muy bien visto fumar, incluso para las mujeres embarazadas. Todos visten impecables trajes y vestidos y manejan grandes autos tipo lanchas.
Aunque los personajes no lo saben, los 60s en esa parte del mundo eran años clave en la historia (por lo menos en la historia de EE.UU.). Todo estaba por pasar. La gente, según se muestra, vive en un aparente estado narcótico de felicidad que después entendemos que no es tal. La primera temporada empieza en 1960 y para la cuarta (la última hasta ahora) ya andan por el verano del 65.
Las referencias históricas son lo mejor de la serie: la disputa electoral Nixon-Kennedy, la muerte de Marilyn Monroe, la crisis de los misiles de Cuba, el asesinato de JFK, la pelea de Ali-Liston y el recital de Los Beatles en el Shea Stadium son apenas algunos de los acontecimientos en los cuales los personajes se ven involucrados. Personalmente, aspiro a que Mad Men siga hasta que termine la década y que Sally, la hija mayor de los Draper, se rebele contra el american way of life y termine viviendo junto con los hippies. Las cuentas, por la edad, darían bien.
Si se quieren enganchar con Mad Men y comentarla conmigo están invitados. Tienen casi un año entero para ponerse al día. En Argentina creo que la pasan en HBO. Si no, pueden bajarla de acá.
Está complicado embeber el video. Así que para ver una parte de un buen episodio de la primera temporada hay que hacer click acá.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Oda a Las Victorias

Conocí por primera vez la Confitería Las Victorias hace 3 años. Desde que empecé a trabajar cerca de este mojón de la gastronomía porteña habré entrado y salido de ese local unas 500 veces, a razón de 3 por semana durante casi 40 meses (¿da la cuenta?). Son muchas idas y venidas que me dejan bastante para comentar.

Las Victorias Delicias Argentinas SRL –tal es su razón social– es una confitería centenaria (¿cuántas otras panaderías/confiterías de Buenos Aires serán centenarias?). Para los escépticos, va una foto en donde claramente se ve el cartel de entrada que confirma orgullosa su trayectoria “Des e 1909” (es probable que ese mismo año se le haya caído a la marquesina la D faltante ya que desde mucho antes de que yo la conozca no está más).
Las Victorias tiene todo lo que una panadería tiene que tener. Me costó dos años encontrar la pizarra negra que exhibe la lista de precios; está escondida entre los muebles de las masas y el de las tartas, al lado de un adorno floral tipo ikebana y encima de un collar de ajos: ahí está todo. Esta pizarra me abrió los ojos al mundo cuando un mediodía de este verano descubrí que pebete era en realidad P.B.T. La foto no es muy buena pero tiene valor documental:
Aunque en la imagen no se lee bien, la pizarra lista el ABC de una panadería/confitería tipo: pan francés, pan “negrito”, miñoncitos, figacitas de manteca, cremona, P.B.T. (pebetes), facturas (a $16,80 la docena), sandwiches triples (comunes y especiales), masas secas finas y tortas (a 65 pe el kg, 40 el bizcochuelo).
Todo eso y mucho más es lo que Las Victorias tiene. Y es atendido por gente muy amable, mujeres en su mayoría, de todas las edades, prolijamente vestidas con camisas azules con el nombre del lugar bordado en letra cursiva.
Pero lo que realmente siempre me llamó la atención de esta panadería (lo que me motivó a agarrar la cámara para tímidamente intentar ilustrar esta entrada) es la decoración del local. Es una estética kitsch muy extraña pero que en conjunto genera una armonía y un equilibrio total. Para ello, se vale de objetos simples que procedo a enumerar: botellas de vino, botellas de sidra, botellas de champagne, estatuas de enanos, macetas con plantas artificiales, canastas con uvas de plástico y algún que otro cartel de ocasión con letras flúo.
Cada uno de estos elementos está prolijamente colocado y separado a una distancia prudente del otro en un orden particular como se ve en esta foto (de izquiera a derecha: champagne, vino, enano, champagne, vino, maceta, sidra, sidra, vino, enano, espumante, espumante, espumante, espumante, espumante, espumante, maceta, champagne, champagne, ikebana, sidra, sidra…)

Las Victorias queda en Talcahuano 921, entre Marcelo T y Paraguay.
¡Hasta Las Victorias siempre!