Mostrando entradas con la etiqueta ascensor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ascensor. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de junio de 2011

Listas que nunca hice

40, 41, 42, 43... las puertas del ascensor, que se había detenido imprevistamente segundos antes, se abrieron en el cuarto piso. Pegué un salto desesperado hacia tierra firme. Era el cuatro y, aunque iba al ocho, sentí alivio antes que nada.
No tuve mucho tiempo para desesperarme porque el parate abrupto duró menos de lo que tardé en ubicar el botón de la alarma en el tablero (nunca lo encontré, a decir verdad), revisar si tenía mi celular en el bolsillo -sí, estaba- y debatir cómo proceder.
Sucedió hoy por la tarde y fue mi primera vez. Mi debut. No importa si pude salir por las mías o rescatado por los bomberos. :Quedarme atrapado en un ascensor es un casillero que ya puedo tachar, o tildar, o marcar con una cruz en una hipotética nómina.
No tengo hecha la lista de las "Cosas que nunca me pasaron (o cosas que nunca hice)" pero sí está dando vueltas en mi cabeza hace mucho tiempo. También está la lista "No me muero sin", la lista "Viajes" y otras tantas listas improbables.
Aunque no puedo calificar mis 40 segundos de incertidumre como una experiencia límite ni decir que adquirí un nuevo respoto por la vida sí prometo ahora empezar a hacer esas malditas listas inútiles que tanto me gustan.

jueves, 6 de enero de 2011

¿Hay que hablar en el ascensor?


Es un tema recurrente, del que ya se ha dicho y escrito mucho, pero que a mí me sigue generando incomodidades: ¿por qué estamos casi obligados a hablar con extraños mientras viajamos en esa máquina rarísima que sube y baja? Por más de que sea una cuestión de cordialidad me sigue pareciendo forzado tener que saludar a una persona que no conozco cuando abandono el maldito elevador y piso tierra firme. Sólo me sale naturalmente agradecer al noble compadre que me sostiene la puerta mientras corro para no perder el viaje; pero, ¿hablar del clima? ¿despedirme con un "chau, ta' luego" de un casual socio de viaje? ¿Por qué?
¿Cuántas veces me tengo que mirar en el espejo como si ello apurara a la nave para que llegue a destino más rápido? ¿Sirve de algo apretar más de una vez el botón para que la puerta, supuestamente, cierre más rápido?
No me gustan los ascensores, me generan una innecesaria incomodidad. Tal vez porque me obligan a estar cerca (y en un espacio cerrado y pequeño) de una persona con la cual nunca elegí tener interacción.