jueves, 14 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 24/50

Minuto 9 al 12 — Di María empieza a romper el partido
Desequilibrio constante por izquierda.

Falta en ataque. 

Lloris choca con Cuti. 

Entran los médicos de Francia para poner paños fríos. 

Destacan que "mañana van a ser amigos otra vez" y que Hugo va a cumplir 36 años en el Boxing Day "la semana que viene".

Se enfría el partido. 

Después de que lo atienden a Lloris hay tiro libre que genera varios revotes. 

Vuelve a atarcar Argentina otra vez. Di María otra vez.

Se mete la pelota en el área. 

Mano de Julián en ataque.

Se escuchan los silbidos de la hinchada Argentina y el aliento. 

Primera jugada para Francia, desbore por la izauiqera. 

Dibu. 

El partidso entero se puede ver acá.  

 


miércoles, 13 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 23/50

 2. *Minuto 5 al 8 — Argentina presiona y Francia no responde

Lateral por la derecha. Repone Argentina. 

Francia acorralada. Remata Julián. 

Francia intenta hacer circular el balón. Argentina preisona. El equipo azul nmo puede cruzar la mitad de la cancha los francesoes. 

Le cobran falta a Messi a Hernandez en el centro. 

Sigue acorralada Francia. 

Pelotazao, Interviene Griezman a ver si puede hacer algo. 

Presiona Julián, siempre ladilla. 

Recupera Argentina y se lanza al contraataque. 

Circula por la izquierda con Di María. 

Centro atrás a De Paul. Desvío. Corner.

"A pretty imposing start for Argentina who own the stadium for number, noise and colour", dice Peter.

Corner, envía Messi,al primer palo. 

Rechazo. Pelota alta, se deseperan los defensores. 

El árbitro cobra falta en ataque. 

Respira Francia, que hasta ahora no hizo nada. 

martes, 12 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 22/50

1. *Minuto 0 al 4 — Comienza la final del mundo*

"The day of glory has, indeed, arrived", dice Peter Drury, el narrador inglés que mejor relató la final, para mí. El de long, lonely walk for Gounzalou Mountchiel. Destaca que es el partido 26 de Messi en Copas del Mundo y que Scaloni es el técnico más joven de Qatar. 

El saque inicial, los nervios y las primeras intenciones. 

Empieza el partido.

Se saludan los equipos.  Árbitro polaco. 

Sorteo. Gana Lloris. Elige saque. 

Primera jugada. Lateral por la derecha. Circula por el campo de Argentina con cierta presión de Francia. 

Foul de De Paul a Rabiot. Reponen del medio. Juego nervioso. Francia prierde la pelota. 

Di María por la izquierda, centro atrás. De Paul a Julián en el área. Cortan el pase. 

Repone Lloris. Primer foul a Messi. Se lo hizo Upamekano. 

Argentina toca y hace ciercular el balón. Mucha presencia de Di María por la derecha. 

 El partido completo se puede ver acá.  

lunes, 11 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 21/50


Mucho antes del pitazo inicial d, ya existía la sensación de que ese día no iba a ser normal. Doha amaneció distinta. Más tensa, más cargada, más consciente de sí misma. Como si toda la ciudad supiera que estaba a punto de convertirse en escenario de algo histórico.

Desde temprano, los alrededores del estadio Lusail empezaron a llenarse de gente. Camisetas argentinas y francesas se mezclaban en las estaciones de metro, en los accesos y en las largas caminatas hacia el estadio. Pero incluso ahí se percibía una diferencia de energía. La hinchada de la Argentina national football team parecía vivir la previa como una descarga emocional permanente. Cantaban desde horas antes, como si intentaran liberar tensión acumulada durante años.

La llegada de los micros fue uno de los primeros grandes momentos del día. Cada aparición generaba explosiones de ruido. Cuando llegó el micro argentino, el clima cambió completamente. Miles de personas empezaron a saltar, cantar y golpear vallas. Había ansiedad, pero también algo parecido a la necesidad de acompañar al equipo hasta el último segundo antes de entrar al estadio.

Las cámaras buscaban constantemente a Lionel Messi. Cada imagen suya bajando del micro o entrando al vestuario era tratada como un acontecimiento global. No era un jugador más llegando a una final. Era el centro emocional del Mundial.

Dentro del estadio, la entrada en calor mostró dos climas diferentes. Argentina salió al campo y recibió una ovación inmediata. El estadio parecía inclinarse emocionalmente hacia un lado. Cada toque de pelota era celebrado, cada movimiento observado con atención. Los jugadores argentinos intentaban mantener concentración, pero era evidente que percibían la energía alrededor.

Francia, en cambio, se movía con una tranquilidad distinta. Más silenciosa. Más fría. La sensación era la de un equipo acostumbrado a este tipo de escenarios. Mientras Argentina parecía convivir con una carga emocional enorme, los franceses transmitían control.

A medida que se acercaba el inicio, la tensión empezó a transformarse en silencio expectante. El estadio ya estaba completo. Más de 80 mil personas esperando un momento que llevaba meses —o años— preparándose.

Entonces llegaron los himnos.

El himno argentino fue uno de esos momentos donde el fútbol deja de ser solo deporte. Los jugadores lo cantaron con intensidad, abrazados, algunos mirando al cielo, otros cerrando los ojos. Desde las tribunas, el sonido era ensordecedor. Durante esos minutos, parecía imposible separar selección, hinchada y emoción colectiva.

El himno francés tuvo otro tono. Más contenido, más solemne. Pero igual de cargado de significado. Francia también estaba frente a una oportunidad histórica: defender el título y entrar en un grupo muy reducido de bicampeones consecutivos.

Después vino el protocolo final. El saludo entre jugadores, el sorteo, las últimas indicaciones. Y ahí apareció algo particular: por primera vez en todo el día, el ruido bajó un poco. Como si el estadio entero entendiera que ya no había más espera posible.

Porque hasta ese momento todo había sido anticipación. Llegadas, cantos, cámaras, himnos, ansiedad. Pero a partir del pitazo inicial, la historia ya no iba a construirse alrededor de expectativas, sino de hechos.

Y el mundo entero estaba listo para mirar.

domingo, 10 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 20/50

 

En los días previos a la final, Qatar dejó de parecer un país organizado alrededor de un Mundial para convertirse directamente en el centro emocional del planeta fútbol. Todo giraba alrededor de un solo partido.

 En Doha o se hablaba de Lionel Messi, o se hablaba de Kylian Mbappé. O de la Argentina national football team, o de la France national football team. Todo lo demás parecía secundario.

Había, en el ambiente, una sensación extraña: la percepción de que el Mundial estaba llegando a su punto culminante ideal. Incluso antes de jugarse, la final ya parecía tener una narrativa perfecta. De un lado, el posible cierre definitivo de la carrera internacional de Messi. Del otro, la continuidad de Francia como potencia y la consolidación de Mbappé como heredero natural del fútbol mundial.

Las calles de Doha reflejaban esa tensión. Los argentinos habían tomado la ciudad con una intensidad difícil de explicar desde afuera. Banderas en balcones, caravanas improvisadas, cantos a cualquier hora. Había algo emocionalmente desbordado en esa presencia. Como si no se tratara solo de fútbol, sino de una necesidad colectiva de estar ahí.

Los franceses vivían la previa de otra manera. Menos ruido, menos demostración constante, pero con una confianza evidente. Francia llegaba como campeona del mundo y tenía la posibilidad de repetir un logro que muy pocas selecciones habían conseguido en la historia. Ese contexto les daba una seguridad distinta.

Mientras tanto, los medios internacionales alimentaban permanentemente el clima de final histórica. Las transmisiones hablaban del “partido perfecto”, de “la batalla generacional”, de “la mejor final posible”. La construcción narrativa era total. El Mundial parecía haberse organizado para desembocar exactamente en ese enfrentamiento.

Pero debajo de toda esa expectativa también existían tensiones.

Qatar 2022 había sido un Mundial atravesado por discusiones políticas, culturales y sociales desde antes de comenzar. Las críticas sobre derechos humanos, condiciones laborales y libertades individuales nunca desaparecieron del todo. Simplemente convivían con el espectáculo. Y en la previa de la final, esa contradicción se volvía todavía más visible: un evento diseñado para celebrar el fútbol mientras alrededor persistían debates incómodos.

También había tensión deportiva. En Argentina, la presión era enorme. No se trataba solamente de ganar un Mundial. Se trataba de darle a Messi el título que parecía faltarle para cerrar definitivamente cualquier discusión histórica. Esa carga emocional atravesaba todo. Los jugadores, los hinchas, los periodistas y hasta quienes normalmente viven el fútbol con distancia parecían sentir que había algo más profundo en juego.

En Francia, la presión era diferente pero igual de fuerte. Revalidar el título significaba entrar en un territorio reservado para muy pocos equipos. Además, Mbappé tenía la posibilidad de transformarse, con apenas 23 años, en la gran cara dominante de una nueva era.

Lo interesante es que toda esa tensión convivía con una sensación colectiva de privilegio. La conciencia de estar frente a un acontecimiento irrepetible. Algo que iba más allá del resultado.

Porque antes de que empezara la final, Qatar ya tenía claro algo: el mundo entero estaba mirando.

sábado, 9 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 19/50

1930: la primera herida, el nacimiento de una obsesión

Mucho antes de Lionel Messi, de México 86 o de la final eterna contra Francia en Qatar, hubo otra final. La primera. La que fundó todo. Porque la historia de la Argentina national football team en los Mundiales no empieza con una copa levantada, sino con una derrota. Y quizás eso explica bastante de la relación que Argentina tiene con el fútbol.

La final del 1930 FIFA World Cup Final no fue simplemente el cierre del primer Mundial organizado por la FIFA. Fue el inicio de una narrativa que todavía sigue viva. Un partido que convirtió al fútbol rioplatense en una rivalidad global y que instaló una idea que atravesaría décadas: Argentina siempre vuelve a discutir el centro de la escena.

El contexto era completamente distinto al actual. No existía el negocio multimillonario, ni las redes sociales, ni la maquinaria mediática que rodea hoy a un Mundial. El fútbol todavía estaba construyendo su dimensión internacional. Pero incluso en ese escenario inicial ya había algo reconocible: tensión, orgullo nacional y una sensación de que se estaba jugando algo más grande que un partido.

La final se disputó en Montevideo, en el Estadio Centenario, frente a unas 90 mil personas. Uruguay llegaba como campeón olímpico y anfitrión. Argentina, como el gran rival regional. El cruce no era casual: ambas selecciones dominaban el fútbol sudamericano y ya existía una competencia intensa entre los dos países.

El partido empezó favorable para Argentina. Uruguay abrió el marcador, pero la selección argentina reaccionó rápido y se fue al entretiempo ganando 2-1. En ese momento, la posibilidad de convertirse en el primer campeón mundial era concreta. Había confianza, control y una sensación de oportunidad histórica.

Pero el segundo tiempo cambió todo.

Uruguay empató rápido y después tomó el control emocional del partido. Argentina empezó a perder solidez y el clima del estadio se volvió un factor cada vez más pesado. El local terminó ganando 4-2 y se convirtió en el primer campeón del mundo.

Lo interesante de esa derrota no es solo el resultado. Es lo que dejó instalado. Porque desde ese momento, Argentina quedó asociada a una idea de protagonismo permanente. No ganó, pero estuvo ahí. En el centro. Discutiendo el título desde el primer día.

También aparece algo que se repetiría muchas veces en la historia mundialista argentina: la relación entre ilusión y frustración. Esa sensación de estar cerca, de tocar la gloria y verla escapar. Una dinámica que volvería en 1990, en 2014 y en otros torneos donde el equipo quedó al borde.

Con el tiempo, la final de 1930 quedó algo opacada por las grandes epopeyas posteriores. El brillo de 1978, el mito de 1986 y la dimensión cultural de Qatar 2022 ocuparon gran parte del relato histórico. Pero sin esa primera final perdida, probablemente el vínculo emocional entre Argentina y los Mundiales sería distinto.

Porque las historias grandes no siempre empiezan con una victoria. A veces empiezan con una herida.

Y la de 1930 fue la primera gran herida futbolera de Argentina. La que inauguró una obsesión colectiva que, casi un siglo después, sigue intacta.

viernes, 8 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 18/50

En el streaming el día previo a la final, o sea, 17 de dciembre de 2022, Mr Chip Alexis dio su pronóstico. 

Estaba con dos amigos compartiendo tertulia. Uno argentino y otro español. 

El español dijo que ganaba Francia y el Argentino, claro, que Messi levantaba la copa. 

Viendolo en vivo todavía recuerdo las palabras de Alexis casi con exactitud resonando en mi cerebro: 

"Para mí empatan en los 90, van a alargue, empatan en los 120, van a penales y gana Argentina". 

También dijo que si iban a penales la única forma de que la Argentina erre un penal era tirándola afuera, porque Lloris tenía un muy mal record atajando tiros desde los 11 pasos.

Cuando fue la tanda, cerré los ojos y no pude ver los primeros 5 penales. Pero recordé las palabras que Alexis había ordenado en forma de sentencia la noche anterior y pude pasar ese momento no sin nervios, pero algo confiado. 

 

jueves, 7 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 17/50

Argentina 3-Francia 4. 

La superioridad moral de Mbappe en ese partido fue soberbia. 

No se puede parar a hombre. 

¿Cómo puede ser que Mascherano pasó a ser el héroe de los Maschefacts a esa fotocopia descolorida?

Qué verde Rojo en el penal.  

miércoles, 6 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 16/50

Argentina jugó 6 finales del Mundo. En las tres que ganó, usó la camiseta titular. 

En las tres que ganó lo hizo con su camiseta titular. En dos que perdió (90 y 2014) lo hizo con la suplente. 

Julio Ricardo, en la transmisión de la final de Italia comentó que la AFA realizó gestiones frenéticas hasta último momento para usar la camiseta titular y no la mufa azul en el partido final contra Alemania. 

En el 2014 no sé por qué jugamos con la mufada camiseta alternativa. 

En el Lusail a la Argentina le tocó usar su camiseta oficial y pudimos dar la vuelta con la celeste y blanca.  

Dejo esta foto que es un poster que me gustaría tener. Tenía un libro de los mundiales que me regaló Papá con esa foto en la portada. A él le gustaba mucho esa foto.  Walter Zenga, un segundo antes de perder la valla invicta en Napoli. 

No photo description available. 

martes, 5 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 15/50

Qatar es una península más pequeña que la Península de Valdez a donde las ballenas francas australes van a aparearse cada invierno. 

La Argentina jugó casi todos sus partidos del Mundial 2022 allí. También había jugado la final del Mundial sub 20 1995, aquel en el que el capitán Juan Pablo Sorín levantó la copa.  

El Estadio Lusail el símbolo material de una ambición nacional que buscó posicionar a Qatar en el centro del mapa global. Inaugurado especialmente para la Copa Mundial de la FIFA 2022, este estadio fue concebido como el escenario principal del torneo y terminó cumpliendo ese destino al albergar la final más dramática en la historia reciente del fútbol.

Ubicado en la ciudad planificada de Lusail, a pocos kilómetros de Doha, el estadio se levanta como una estructura imponente que combina modernidad tecnológica con referencias culturales profundas. 

Su diseño exterior está inspirado en los tradicionales cuencos y faroles árabes, con una fachada dorada que cambia de tonalidad según la luz del día. Este efecto no es casual: busca evocar la interacción entre luz y sombra característica del arte islámico, generando una identidad visual única que lo distingue de cualquier otro estadio contemporáneo.

Con una capacidad cercana a los 90.000 espectadores durante el Mundial, el Lusail fue el estadio más grande del torneo. Pero su verdadero desafío no era solo albergar multitudes, sino hacerlo en un entorno climático extremo. 

Para eso, se implementó un avanzado sistema de refrigeración que permitió mantener temperaturas agradables tanto para jugadores como para espectadores, incluso en jornadas de calor intenso. Este desarrollo tecnológico fue uno de los aspectos más comentados del proyecto, ya que redefinió los estándares de confort en eventos deportivos al aire libre en regiones cálidas.

El interior del estadio también fue diseñado con precisión milimétrica. La disposición de las gradas garantiza una visibilidad óptima desde cualquier ubicación, mientras que la acústica potencia el sonido ambiente, transformando cada partido en una experiencia inmersiva. 

Durante el Mundial, el Lusail no solo fue testigo de la final, sino también de varios encuentros clave que consolidaron su lugar como el corazón del torneo.

Sin embargo, lo más interesante del estadio Lusail es su proyección a futuro. A diferencia de otras infraestructuras que quedan sobredimensionadas tras eventos de esta magnitud, este estadio fue pensado desde el inicio con un plan de legado. 

Tras la Copa del Mundo, se previó reducir su capacidad y reconvertir parte de sus instalaciones en espacios comunitarios, incluyendo escuelas, centros de salud y áreas comerciales. Esta visión busca evitar el fenómeno de los “elefantes blancos” y convertir al estadio en un núcleo activo dentro de la ciudad.

En términos simbólicos, el Lusail representa una síntesis entre tradición y modernidad. Es un edificio que mira hacia el futuro sin perder de vista sus raíces culturales. Y aunque su historia recién comienza, ya quedó marcado por haber sido el escenario de uno de los partidos más memorables de todos los tiempos. 

En ese sentido, el estadio no es solo un contenedor de eventos, sino un protagonista silencioso de una narrativa global que combina deporte, arquitectura y ambición nacional en una misma estructura.

lunes, 4 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 14/50

para ganar un Mundial se tienen que dar 50 cosas a la misma vez, 

No alcanza con tener al mejor jugador de la historia en el equipo.

No alcanza con tener al mejor jugador de la historia en su mejor momento. 

No alcanza con tener a un equipo que lo rodee y lo abastezca.

No alcanza con tener un cuadro favorable. (Argentina no tuvo cruces imposibles hasta la final). 

No alcanza con tener suerte (¿Qué hubiera pasado si Brasil le ganaba a Croacia y en vez de jugar unas semis accesibles nos tocaba ese partido chivísimo?).

No alcanza con aprovechar que Europa le dio la espalda al Mundial (se jugó en diciembre, en un país árabe de dudosa reputación).

No alcanza con tener buenas relaciones con el país anfitrión (Messi jugaba en el PSG qatarí).

No alcanza con tener buenas relaciones con la FIFA (el factor Chiqui Tapia - Infantino).

No alcanza con tener suerte. 

No alcanza con tener hambre.

Se tienen que dar todas esas y otras cosas a la vez.  

domingo, 3 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 13/50

Le pregunté a Chat GPT cuáles son las 50 cosas que tienen que pasar para que una Selección gane el Mundial de fútbol.

 

Acá tenés una lista bien completa (y bastante realista) de 50 cosas que suelen tener que alinearse para que una selección gane un Mundial:


🧠 Planificación y estrategia

  1. Tener un proyecto a largo plazo (no improvisado).

  2. Un cuerpo técnico sólido y con experiencia.

  3. Lectura táctica del rival en cada partido.

  4. Flexibilidad para cambiar sistemas durante el torneo.

  5. Buena gestión de los tiempos del partido.

  6. Preparación específica para penales.

  7. Análisis de datos y scouting detallado.

  8. Estudio de balón parado (a favor y en contra).


👥 Plantel

  1. Jugadores en buen momento en sus clubes.

  2. Mezcla equilibrada entre juventud y experiencia.

  3. Un líder claro dentro del grupo.

  4. Buen clima interno (sin conflictos).

  5. Jugadores comprometidos con el equipo.

  6. Suplentes de nivel similar a los titulares.

  7. Especialistas en distintas funciones (defensa, creación, definición).

  8. Un arquero confiable.

  9. Defensores sólidos y coordinados.

  10. Un mediocampo que controle el ritmo.

  11. Delanteros efectivos.


🏋️‍♂️ Estado físico y salud

  1. Llegar sin lesiones importantes.

  2. Buena preparación física previa.

  3. Recuperación adecuada entre partidos.

  4. Manejo del cansancio acumulado.

  5. Nutrición y descanso controlados.


🧩 Aspecto mental

  1. Fortaleza psicológica.

  2. Capacidad de manejar la presión.

  3. Confianza sin exceso de soberbia.

  4. Resiliencia ante momentos adversos.

  5. Concentración durante todo el partido.

  6. Mentalidad ganadora.


⚽ Durante el torneo

  1. Arrancar bien (evitar complicaciones tempranas).

  2. Clasificar sin desgaste excesivo.

  3. Evitar suspensiones por tarjetas.

  4. Adaptarse al árbitro de cada partido.

  5. Saber jugar partidos cerrados.

  6. Aprovechar los momentos clave.

  7. Ser efectivo (no necesitar muchas chances).

  8. Mantener el arco en cero cuando se puede.


🍀 Factores externos (sí, también cuentan)

  1. Algo de suerte (palos, rebotes, etc.).

  2. Evitar errores arbitrales graves en contra.

  3. No enfrentar a todos los favoritos seguidos.

  4. Condiciones climáticas favorables o manejables.

  5. Buen estado del campo de juego.


🧭 Gestión y entorno

  1. Apoyo de la federación.

  2. Logística eficiente (viajes, concentraciones).

  3. Baja presión mediática interna.

  4. Manejo adecuado de la prensa.

  5. Acompañamiento del público (aunque sea a distancia).

  6. Estabilidad institucional.


🏆 Clave final

  1. Tener “ese algo” intangible: química, mística, momento histórico.

 

sábado, 2 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 12/50

La final del 2014 la vimos en la casa de Tata y Naná. 

Éramos todavía 4, una recién nacida y otro que apenas recuerda el partido. 

Volví a ver el compilado varias veces. 

 

 

 

La final del Mundial de Brasil 2014 entre Argentina y Alemania (13 de julio, Maracaná) fue un partido mucho más parejo de lo que sugiere el resultado. Alemania ganó 1-0 con gol de Mario Götze en el minuto 113 del tiempo suplementario. (Athlet)


📊 Estadísticas principales

Alemania vs Argentina (final 2014)

  • Posesión: 60% 🇩🇪 – 40% 🇦🇷

  • Tiros totales: 10 – 10

  • Tiros al arco: 7 – 2

  • Corners: 5 – 3

  • Faltas: 20 – 16

  • Offsides: 3 – 2
    (Wikipedia)

👉 Clave: Argentina tuvo igual cantidad de tiros, pero Alemania fue mucho más eficaz en llevarlos al arco.


⚽ Desarrollo del partido

Primer tiempo: Argentina tuvo las más claras

  • Min 21: error defensivo alemán → Gonzalo Higuaín queda mano a mano y define afuera.

  • Min 30: gol de Higuaín anulado por offside.

  • Min 45: Lionel Messi tiene una chance clara cruzada que pasa cerca.

👉 Argentina planteó un partido reactivo (bloque medio + contra) y generó las situaciones más peligrosas del PT. (UEFA.com)


Segundo tiempo: Alemania domina territorialmente

  • Alemania controla la pelota y empuja con su sistema posicional.

  • Argentina pierde precisión en las transiciones.

  • Min 57: Messi otra vez cerca, pero define desviado.

👉 Aquí se empieza a ver la diferencia:

  • Alemania controla el ritmo

  • Argentina depende de jugadas aisladas


Tiempo suplementario: definición por desgaste

  • Min 97: Rodrigo Palacio define mal ante Neuer.

  • Min 113: gol de Götze (control de pecho + volea cruzada).

👉 Es el golpe final tras un partido muy físico y cerrado.


🧠 Análisis táctico

🇦🇷 Argentina (Sabella)

  • Sistema: 4-4-2 / 4-3-3 flexible

  • Plan:

    • Defensa compacta

    • Salidas rápidas con Messi

  • Virtud:

    • Generó las chances más claras del partido

  • Problema:

    • Muy baja efectividad (2 tiros al arco)

🇩🇪 Alemania (Löw)

  • Sistema: 4-3-3 posicional

  • Plan:

    • Dominio de posesión

    • Laterales profundos

  • Virtud:

    • Control del juego y volumen ofensivo

  • Problema:

    • Le costó romper el bloque argentino


🔑 Incidencias clave

  • ❌ Definición fallida de Higuaín (la más recordada)

  • ❌ Posible penal de Manuel Neuer sobre Higuaín (muy discutido)

  • ⚠️ Gol anulado a Argentina (offside fino)

  • ⚽ Gol decisivo de Götze (113’)

  • 💥 Partido muy físico, varias faltas duras


📉 Lectura final

  • Fue una final cerrada y de pocas situaciones claras.

  • Argentina tuvo las mejores chances, pero no concretó.

  • Alemania fue más consistente y dominante en el largo plazo.

  • La diferencia estuvo en:

    • Eficacia

    • Control del ritmo

    • Profundidad de plantel (cambios)

👉 En términos simples:
 

Argentina pudo ganarlo en los 90, Alemania lo ganó en los 120.

Mi opinión: No había chance de que la Argentina gane la copa del Mundo en Brasil. No había posibilidad alguna. Dios no hubiese permitido esa meada a los brasileños que venían de comerse 7 con el campeón y se habían fumado todos los Brasil decime que se siente posibles. 

Así como no era posible que Messi NO fuera campeón en 2022, no era posible que SÍ lo fuera en 2014. 

Y no por Messi, por Argentina y los argentinos.  

viernes, 1 de mayo de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 11/50

 La final del Mundial FIFA Brasil 2014 quedó muy cerca en el tiempo. 

Habían pasado 24 años desde esa final que comenté en el posteo de abajo. 

Pienso que hemos sido injustos con la Argentina. Sí, ha habido generaciones de jugadores excelentesque no han podido escalar más allá de cuartos de final (Bati, Cholo, Ayala, Pupi, Ortega), pero más o menos la Selección siempre ha dado la talla. 

En el Mundial 94 estábamos para más, es cierto. Pero, más allá del corte de piernas al Diego, yo creo que no había chance de que ese Mundial no sea para Brasil. Solamente en 2010 con España y en 2022 con Argentina pasó lo que pasó: que un candidatazo firme se quede con el Mundial. En los demás Mundiales que yo recuerde no hubo una sensación de que "a este para ser campeón hay que fusilarlo y rematarlo en el piso". Brasil tenía hambre, sed de revancha y necesidad de honarar su historia. Y un  equipazo. 

En el 98 nos quedamos afuera en semis con Holanda de un minuto para el otro. Ortega, cabezazo, gol... de Berkamp. Si pasábamos quedaban dos partidos duros pero ganables. Brasil en semis y Francia en finales. Más allá de que estaba O fenómeno en la verde amarelha yo creo que la Argentina podría haberle ganado a los hermanos y hacerle un partido más digno del que hicieron en la final contra los locales. 

En el 2002, un Mundial rarísimo, Argentina recibió la paliza más grande de su historia reciente. Mientras Verón hacía el gesto de tranquilo, en Avellaneda estaba la policía cagándose a tiros con manifestantes (Kosteki y Santillán).

En 2006 merecimos más. Argentina tenía un equipazo. Y los cuartos con Alemania, que empezamos ganando, los perdimos por verdes. ¿Cómo se puede lesionar así un arquero? Maradona dijo después, con cierta razón de que a un arquero para que salga de un partido decisivo hay que sacarlo solamente adentro de un jonca. 

2010, aunque la Argentina fue una banda. estuvimos donde teníamos que estar. Nos sostuvimos con mística (Maradona-Messi en el campo) pero sin juego. Y hasta ahí llegamos. 

El 2018 fue, después del 2002, lo peor que recuerdo. Aun así, el partido de octavos de final fue rarísimo. El Kun patea una pelota por arriba del travesño después de un centro sucio. Era el ¡empate! y nos íbamos al alargue sin Mbape en cancha. Perdimos contra el campeón y contra el finalista. 

jueves, 30 de abril de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 10/50

Mis recuerdos de México 86 son pocos e imperfectos. Sobre la final contra Alemania apenas me acuerdo algunas cosas de los festejos. El más nítido: un vendedor de banderas en el eterno semáforo de Márquez y Centenario.

Pero el 90 fue mi debut en el mundo de los Mundiales. A lo grande.

Contrariamente a lo que es el consenso de la mayoría, yo defiendo la performance de la Selección en esa copa:

  • Se repuso de una durísima derrota.
  • Clasificó por la ventana.
  • Le ganó un partido imposible a uno de los mejores Brasil de la historia.
  • Consiguió el pase a semis (algo que a la Argentina le cuesta muchísimo) después de un partido horrible, sí, y por penales también, pero teniendo en cuenta que el equipo venía de eliminar a ¡Brasil!, con todo el desgaste mental que eso implica.
  • Y le ganó a Italia, el anfitrión y, probablemente, el mejor equipo del torneo, que venía invicto y sin recibir goles: otro partido imposible.

También se critica mucho a Bilardo por, entre otras cosas, no llevar a Ramón Díaz o por el estilo de juego. Yo lo defiendo. Solamente Brasil, Italia, Holanda y Alemania saben lo que significaba hasta ese entonces jugar dos finales seguidas. Con lo que hubo y con las contingencias, es mucho más de lo que se le puede pedir.

¿Cuántos equipos llegaron a la final con su arquero titular lesionado?

Respecto al partido, Alemania era una máquina. Podrían haber jugado esa final 40 veces más y Argentina no la iba a poder ganar. Aun así, estuvo en partido hasta el penal (cobrable) del polémico árbitro Edgardo Codesal.

miércoles, 29 de abril de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 9/50

 El peso de la historia

Posición Selección Finales jugadas Títulos Subcampeonatos
1 Alemania 8 4 4
2 Brasil 7 5 2
3 Italia 6 4 2
4 Argentina 6 3 3
5 Francia 4 2 2
6 Países Bajos 3 0 3
7 Uruguay 2 2 0
8 España 1 1 0
9 Inglaterra 1 1 0
10 Croacia 2 0 2

Si tomamos como referencia los últimos 10 mundiales (México 86-Qatar 2022), la selección Argentina estuvo presente en el 40% de las máximas citas. 

Francia, también. 

A favor de los franceses, metieron 4 finales en 12 años menos que la Argentina. A favor de Argentina, tiene 2 finales más, o sea, no es solo un sprint.

Messi se sacó el peso de ser campeón un año antes de este partido. Mbapee no, pero algunos de los jugadores de Francia ESTABAN hamburguesados, como diría el jugador del pueblo.

Para ganar un Mundial se tienen que dar 50 cosas juntas. 

A la Argentina se le dieron todas.   

martes, 28 de abril de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 8/50

Ángel Di María rompió sin leer  una carta cuyo remitente era el Real Madrid. Presumía que el texto epistolar contenía una sugerencia para que no disputase la final del Mundial 2014 con la selección argentina ante Alemania, para evitar que se agravase su desgarro.

"Los tres que sabemos la verdad somos el doctor Daniel Martínez, Alejandro Sabella y yo. Yo venía con el desgarro desde el partido con Bélgica, estaba con lo justo, a un 90%. La pierna no estaba bien del todo pero quería jugar, no me importaba nada si no volvía a jugar al fútbol. Era una de las cosas que me habían dicho que podía pasar pero para mí era la final del mundo, era mí final", recordó en el programa 'Podemos Hablar' en marzo de 2020. 

En un móvil desde su casa en París, el exjugador merengue agregó: "Yo sabía que me querían vender. Y entonces llegó la carta, Daniel me la dio y me dijo que era del Real Madrid, pero no quise ni siquiera mirarla y la rompí", recordó. "Fui a hablar con Alejandro y le dije llorando que no estaba al 100%. Yo sabía que él me amaba y quería que yo jugara, pero buscaba lo mejor para el equipo. Me iba a infiltrar pero lo quería intentar y después en la reunión decidió finalmente poner a Enzo Pérez en mi lugar”. 

Otras finales que se perdió Fideo. 

  • Copa América 2015 (Final): Una molestia muscular en el bíceps femoral lo obligó a salir prematuramente en el partido decisivo contra Chile. 
  • Copa América Centenario 2016 (Final): Llegó con un desgarro en el aductor que le impidió estar en plenitud física, repitiendo la frustración ante Chile. 

Después de eso, las críticas y la lista negra de Jorgelina. 

En 2021, por fin revancha. El fútbol no siempre la da, pero esta vez, Ángel la tuvo. Fue la pieza clave de la final de la Copa América en el Maracana. El que la volvió a picar por arriba del arquero, esta vez, de Ederson.

También marcó un golazo en la Finalissima, contra Italia.

Contando la Final de los Juegos Olímpicos de Beijing, son más las finales que Di María jugó (4) que las que se perdió (2) y salió en una. 

Pero esas dos finales y media que no jugó  alcanzaron para tildarlo de pecho frío y cagón. Cosas del fútbol. Con el agravante de que en las otras 3 (hasta el 2022) había sido el jugador clave. El de los goles en todas las putas finales. Y el del gol a Suiza en el minuto 117. 

"Ni yo me esperaba jugar por izquierda en la final, tampoco ser titular. El equipo venía jugando bien, haciendo bien las cosas, pero Scaloni volvió a confiar en mí en una final, volvió a decidir ponerme de titular. En los entrenamientos me sentía muy bien. Me enteré en la charla antes de salir para la cancha, que dio el equipo", contó Angelito 40 días después de ser Campeón del Mundo. 

Ángel Fabián Di María Hernández. El tercer mejor jugador de la historia del fútbol argentino.  

lunes, 27 de abril de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 7/50

Si hay algo que atravesó todo el recorrido de la Argentina en Qatar 2022 fue la presencia constante de su hinchada. No como un elemento decorativo, sino como un actor activo, influyente, casi determinante. En la previa de la final, esa presencia alcanzó un punto máximo.

Lo que generó la hinchada argentina en Qatar no fue solo volumen o color. Fue una construcción de clima. Una atmósfera que acompañó, empujó y, en muchos momentos, sostuvo al equipo.

Desde el primer partido, la diferencia era visible. En un Mundial atípico, jugado en un país sin tradición futbolera fuerte, Argentina logró trasladar algo de su identidad cultural. Los cánticos, las banderas, los rituales colectivos. Todo eso viajó miles de kilómetros y se instaló en cada estadio.

En la previa de la final, esa energía se intensificó. Doha se convirtió en una extensión de Buenos Aires. Las calles, los hoteles, los espacios públicos estaban atravesados por una misma lógica: la de un grupo de personas que no solo iban a ver un partido, sino a vivirlo como un evento total.

Lo interesante es que esa presencia no se limitaba a los momentos positivos. Después de la derrota inicial contra Arabia Saudita, la reacción de la hinchada fue de apoyo, no de ruptura. Ese respaldo temprano construyó un vínculo particular con el equipo. Una sensación de “estar juntos” en el proceso, más allá de los resultados.

En la final, ese vínculo se puso a prueba. Durante el primer tiempo, cuando Argentina dominaba, la hinchada amplificaba esa superioridad. Cada recuperación, cada pase, cada avance era celebrado como si fuera decisivo. Pero el verdadero rol apareció en los momentos de crisis.

Cuando Francia empató el partido en pocos minutos, el impacto emocional fue enorme. En ese contexto, el silencio podría haber sido una respuesta lógica. Sin embargo, lo que se vio fue otra cosa: una reacción inmediata, un intento de sostener al equipo desde la tribuna. No como garantía de resultado, pero sí como soporte anímico.

La relación entre equipo e hinchada en ese partido fue de retroalimentación constante. Lo que pasaba en la cancha impactaba en la tribuna, y lo que ocurría en la tribuna volvía a la cancha en forma de energía. Es difícil medir ese efecto en términos concretos, pero es evidente que existió.

También hay una dimensión cultural. En Argentina, el fútbol no es solo un deporte. Es un espacio de identidad, de pertenencia, de expresión colectiva. Esa forma de vivirlo no siempre es replicable en otros contextos, pero en Qatar logró trasladarse con una fuerza inusual.

Por eso, hablar de la hinchada como “jugador número 12” en esta final no es una metáfora vacía. Es una forma de reconocer que hubo algo más que once jugadores en la cancha. Hubo una comunidad entera empujando desde afuera, convirtiendo un partido en una experiencia compartida.

Y en una final donde los márgenes eran mínimos, donde cada detalle podía inclinar la balanza, esa energía colectiva fue, al menos, un factor que vale la pena considerar.

domingo, 26 de abril de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 6/50

En la previa de la final, el clima en Qatar era difícil de describir. 

No se trataba únicamente de expectativa, ni solo de ansiedad. Era una mezcla densa de emociones, tensiones acumuladas y la sensación de estar frente a un evento que ya se percibía como histórico antes de jugarse.

Doha, durante esos días, dejó de ser una ciudad para convertirse en un escenario. Las calles, los hoteles, los espacios públicos: todo estaba atravesado por la final. Los colores de la Argentina national football team y la France national football team dominaban la escena, pero lo interesante era que no se trataba solo de hinchas de esos países. Había una presencia global, como si el mundo entero hubiera decidido concentrarse ahí.

La hinchada argentina, en particular, generaba un fenómeno difícil de igualar. No solo por cantidad, sino por intensidad. Cánticos constantes, caravanas improvisadas, banderas que aparecían en cualquier rincón. Había una energía que trascendía lo futbolístico, una especie de necesidad colectiva de estar presentes en ese momento.

Del lado francés, el clima era distinto. Más contenido, más silencioso, pero no menos confiado. Francia llegaba como campeona vigente, con la sensación de que estaba ante una oportunidad histórica de repetir el título. Esa confianza se percibía en los discursos, en los medios y en la actitud de los hinchas.

A nivel organizativo, Qatar ofrecía un contraste particular. Por un lado, infraestructura impecable, estadios de última generación y una logística pensada al detalle. Por otro, un contexto que había estado atravesado por críticas desde el inicio del torneo: cuestiones políticas, derechos humanos y condiciones laborales. Todo eso formaba parte del entorno, aunque en la previa de la final parecía quedar en segundo plano frente a la magnitud del evento.

Los medios internacionales también jugaban su propio partido. La narrativa estaba instalada: de un lado, la posibilidad de consagración definitiva de Lionel Messi; del otro, la consolidación de Kylian Mbappé como figura dominante del fútbol mundial. Esa construcción mediática no solo informaba: amplificaba la tensión.

Dentro de los equipos, el clima era necesariamente distinto. Puertas adentro, tanto Argentina como Francia buscaban aislarse del ruido externo. La concentración, en este tipo de instancias, es un recurso escaso y valioso. Cada detalle cuenta, cada distracción puede pesar.

Lo interesante de esa previa es que, más allá de las diferencias culturales, tácticas o históricas, ambos equipos compartían algo: la conciencia de estar frente a un momento único. No todos los días se juega una final del mundo. Y mucho menos una que ya, antes de empezar, parecía destinada a ser recordada.

Así, el clima en Qatar no era solo el contexto de un partido. Era parte de la experiencia. Una antesala cargada de significado, donde cada gesto, cada palabra y cada imagen contribuían a construir lo que vendría después. Porque cuando la expectativa alcanza cierto nivel, el partido deja de ser solo un juego. Se convierte en un evento total.

sábado, 25 de abril de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 5/50

 

Detrás de los jugadores, la final también enfrentaba a dos entrenadores con estilos muy distintos: Lionel Scaloni y Didier Deschamps.

Scaloni representaba un modelo emergente. Sin una trayectoria extensa como entrenador principal, había construido su liderazgo desde la cercanía con el grupo. Su gestión se basaba en la confianza, la flexibilidad táctica y la capacidad de escuchar.

Deschamps, en cambio, encarnaba la experiencia. Campeón del mundo como jugador y como técnico, su enfoque era más pragmático. Priorizaba el orden, la disciplina y la eficiencia.

La diferencia entre ambos no implicaba una superioridad de uno sobre otro, sino dos formas de entender el liderazgo. Scaloni apostaba por la adaptación constante, ajustando su equipo según el rival. Deschamps confiaba en un sistema más estable, donde cada jugador conocía su rol.

También había una diferencia en la gestión emocional. Scaloni lograba generar una conexión fuerte con sus jugadores, creando un sentido de pertenencia. Deschamps, por su parte, mantenía una distancia más estructurada, enfocada en el rendimiento.

La final, entonces, no solo enfrentaba a dos equipos, sino a dos modelos de conducción. En un deporte donde los detalles marcan la diferencia, el rol del entrenador resulta clave. Y en este caso, ofrecía un contraste tan interesante como el del propio partido.

viernes, 24 de abril de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 4/50

La final ofreció un enfrentamiento que trascendía lo colectivo: Lionel Messi frente a Kylian Mbappé

Messi llegaba como una figura consagrada, con una carrera llena de logros, pero con la cuenta pendiente del Mundial. Su participación en Qatar tenía un aura especial: probablemente su última oportunidad.

Mbappé, en cambio, representaba el presente y el futuro. Campeón en 2018, joven, explosivo y con una capacidad goleadora extraordinaria, aparecía como el heredero natural del trono futbolístico.

El duelo entre ambos no era directo en términos posicionales, pero sí narrativo. Cada acción, cada gol, cada intervención era leída en clave de comparación. ¿El cierre de una era o el inicio de otra?

Lo interesante es cómo ambos jugadores encarnaban estilos distintos. Messi, con su pausa, su visión y su capacidad para controlar los tiempos. Mbappé, con velocidad, potencia y verticalidad. Dos formas de entender el juego.

La final, entonces, no solo definía un campeón. También ofrecía un relato simbólico: el encuentro entre generaciones. Un momento donde el pasado reciente y el futuro inmediato se cruzaban en un mismo escenario.

jueves, 23 de abril de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 3/50

Francia llegó al Mundial de Qatar (Catar, en español) con una mezcla de incertidumbre y expectativa.

Ningún equipo había logrado repetir el título desde Brasil en 1962. Además, una ola de lesiones había dejado fuera a figuras clave antes del torneo. Acá fue lo de la gripe del camello, ¿no?

Sin embargo, el equipo dirigido por Didier Deschamps encontró rápidamente un funcionamiento competitivo. Desde el primer partido, Francia mostró una característica central: eficiencia. No necesitaba dominar durante 90 minutos para ganar.

En fase de grupos, superó a Australia y Dinamarca con autoridad. La aparición de Kylian Mbappé fue determinante: velocidad, desequilibrio y una capacidad goleadora que lo posicionaba como figura del torneo. Francia no brillaba constantemente, pero resolvía.

En octavos de final, frente a Polonia, el equipo mostró su mejor versión ofensiva. Mbappé fue imparable, acompañado por un sistema que potenciaba sus virtudes. En cuartos, ante Inglaterra, Francia enfrentó uno de sus desafíos más complejos. Fue un partido parejo, donde la experiencia y la contundencia marcaron la diferencia.

La semifinal contra Marruecos fue distinta. Francia no tuvo el control absoluto, pero supo manejar los momentos clave del partido. Nuevamente, la jerarquía individual apareció cuando el equipo lo necesitaba.

Lo interesante del recorrido francés es cómo logró compensar las ausencias. Jugadores menos experimentados asumieron roles importantes, mientras que figuras consolidadas sostuvieron el liderazgo. Deschamps, con su estilo pragmático, construyó un equipo que priorizaba resultados por sobre estética.

Así, Francia llegó a la final no como el equipo más vistoso, sino como uno de los más efectivos. Su fortaleza no estaba en el dominio constante, sino en su capacidad para aparecer en los momentos decisivos.

miércoles, 22 de abril de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 2/50

El recorrido de la Argentina en el Mundial de Qatar 2022 no fue lineal. 

Empezó con el baño de realidad frente a Arabia Saudita en el debut. Ese partido no solo rompió un invicto de 36 encuentros, sino que puso en duda la solidez de un equipo que llegaba como candidato. Sin embargo, lejos de derrumbarse, ese resultado funcionó como un punto de inflexión.

A partir de ahí, el equipo de Lionel Scaloni mostró algo que sería clave en todo el torneo: capacidad de adaptación. 

Contra México, Argentina jugó con tensión, pero encontró en Lionel Messi la calma necesaria para abrir el partido. Ese gol no fue solo un tanto: fue un mensaje interno de supervivencia.

El partido frente a Polonia consolidó una idea de juego más clara. Con presión alta, circulación rápida y protagonismo de los mediocampistas jóvenes, Argentina empezó a parecerse a sí misma. Nombres como Enzo Fernández y Alexis Mac Allister se consolidaron como piezas fundamentales.

En octavos de final, ante Australia, el equipo mostró control, pero también ciertas fragilidades en los minutos finales. Ese patrón —dominio con momentos de sufrimiento— se repetiría más adelante. En cuartos, frente a Holanda (me resisto a decirle Países Bajos), llegó uno de los partidos más tensos del torneo. 

Argentina pasó de un 2-0 controlado a un empate en el último minuto, para luego imponerse en los penales. Ese encuentro marcó emocionalmente al grupo.

La semifinal contra Croacia fue, probablemente, el punto más alto en términos de rendimiento. Argentina dominó de principio a fin, con un Messi en estado de gracia y un equipo que funcionó como un bloque compacto. La victoria por 3-0 no dejó dudas.

Así, el camino hacia la final no perfecto, sino el de aquel que supo reconstruirse. La derrota inicial, los momentos de crisis y la presión constante fueron moldeando un grupo resiliente. Más que un trayecto deportivo, fue una narrativa de superación.

martes, 21 de abril de 2026

50 días, 500 palabras: anatomía de la mejor final de la historia 1/50

Durante los próximos 50 días previos al inicio del Mundial voy a escribir 500 palabras y publicarlas sin exepción. 

Cincuenta textos para volver, desde distintos ángulos, a un partido.

Mientras el mundo del fútbol empieza a girar otra vez alrededor de la expectativa de un nuevo torneo, esta serie propone lo contrario: mirar hacia atrás para entender mejor lo que viene. Porque lo que pasó en esa final entre Argentina y Francia no va a volver a pasar.  

Cada uno de estos 50 posteos va a enfocarse en un aspecto distinto. Algunos serán relatos más emocionales, reconstruyendo momentos clave del partido. Otros se meterán en el análisis táctico, en decisiones que cambiaron el rumbo del juego o en rendimientos individuales que marcaron diferencias.

También habrá lugar para lo simbólico, lo cultural y lo histórico. La idea no es repetir lo que ya vimos, sino desarmarlo. Tomar ese partido y abrirlo en capas. Entender por qué sigue generando conversación, por qué todavía aparece en debates sobre “la mejor final de la historia”, por qué se convirtió en un punto de referencia tan fuerte. 

En ese recorrido van a aparecer nombres: Lionel Andrés Messi Cuccitini, Alexis MacAllister, Dibu Martinez, A long, lonely walk; for Gonazo Montiel y los de Francia. 

Pero también van a aparecer otros protagonistas, quizás menos obvios, que fueron igual de importantes para explicar lo que pasó. El formato diario tiene un objetivo claro: construir una narrativa progresiva. 

No es lo mismo leer un análisis aislado que seguir una serie donde cada pieza suma a la anterior. La repetición no va a estar en los contenidos, sino en el ritual. Volver todos los días a un mismo evento, pero desde perspectivas distintas. Hay, además, una intención de fondo. 

 En un contexto donde todo es inmediato, donde los contenidos se consumen y se olvidan rápido, esta serie propone frenar un poco. Darle tiempo a un solo partido. Exprimirlo. Mirarlo con detalle. Porque cuando algo tiene tantas capas, la velocidad suele jugar en contra. 

Así, mientras nos acercamos al próximo Mundial, esta cuenta regresiva funciona como un puente. Entre lo que ya pasó y lo que está por venir. Entre la memoria reciente y la expectativa futura. Entre una final que todavía resuena y un torneo que todavía no empezó. 

Durante 50 días, entonces, la propuesta es simple: volver sobre ese partido. Pero no para repetirlo, sino para entender por qué sigue siendo imposible dejar de mirarlo.

viernes, 27 de marzo de 2026

Murió Cherquis, Murió Maradona

Hace 7 años escribió en este blog acerca de la mejor definición acerca de Maradona

La había hecho Ernesto Cherquís Bialo en una entrevista en la TV Publica.  

 

Diego Armando Maradona murió el 25 de noviembre de 2020.

Ernesto Cherquis Bialo murió el 21 de marzo de 2026.  

lunes, 16 de marzo de 2026

Rex es el zurdo menos pensado

 

Una noche de marzo de 2026 encontré viendo Toy Story no sé por vez cuanta que el entrañable T-Rex saluda al Guardián Espacial con la mano izquierda en la serie. 

No hay mucha más información al respecto, solo algún dato de trivia diciendo "parece ser zurdo" en una wiki de Toy Story.