
Si de reglas ortográficas se trata, intento ser lo más ortodoxo posible. Siempre trato de escribir como
RAE manda. Rara vez me como un tilde (o acento si quiero ser más coloquial e inexacto) cuando escribo formalmente y en este espacio también. Si pasa es sólo por una cuestión de pereza para la relectura; los errores mínimos son salvados rápidamente gracias al lápiz editor de Blogger.
Encuentro una autojustificación para eso. No se trata sólo de ser un alumno aplicado. Escribir bien le da agilidad a la lectura, me trato de convencer.
Aún (todavía) no es lo mismo que
aun (incluso). Otro ejemplo común que aportan los gallegos gordos que se juntan a tomar el té y discutir sobre la lengua (los miembros RAE):
Trabaja solo en este proyecto. (Sin tilde, solo se interpreta como adjetivo: ‘sin compañía’).
Trabaja sólo en este proyecto. (Con tilde, sólo se interpreta como adverbio: ‘solamente, únicamente’).
La lista podría seguir con muestras más o menos familiares y la pregunta seguirá siendo la misma:
Y todo este esfuerzo, ¿para qué?
Cada vez escribimos (me incluyo) peor y sin embargo nos seguimos entendiendo. Por lo menos el 80 por ciento de los argentinos menores de 40 años le huyen a los tildes y el 90 por ciento de ese grupo omite los signos de exclamación e interrogación de apertura. Estos: ¿ ¡ La estadística es una estimación arbitraria mía pero seguramente si encargamos un sondeo esos valores no serán muy diferentes. Volviendo a la cuestión, estos argentinos sub-40 (acá me excluyo) que no respetan las normas de la lengua castellana, ¿son condenados por la sociedad? No ¿Son cuestionados de alguna manera, acaso discriminados por la sociedad que los rodea, excluidos? Tampoco.
Yo creo, incluso, que son celebrados y se entra en sintonía con otro par al evadir las tildes. Es decir, al contrario, los que colocamos una línea aguda pequeña arriba de la letra somos observados de reojo por el resto de los mortales. Peor aún si los ortodoxos de la lengua intentamos corregir cual maestro siruela (se escribe con s porque no viene de la fruta), como queriendo curar a los pecadores. Lo menos que recibimos es un abucheo. Desistí de esa empresa hace unos años.
Es una lucha desigual alimentada encima por el hecho de que muchos de los teclados de las laptops (el mío por ejemplo) están configurados en inglés. Con todo, yo sigo firme junto a mis tildes y, aunque muy lejos de organizar una caza de brujas, acompaño pasivamente a los que no ven el placer ni la necesidad en firmar la sonoridad de la palabra. Si quieren los ayudo. Si puedo los aconsejo. Y, si lo leen acá, tal vez sirva la lección.