Pascuas 2020. Pedro solo hizo un comentario de que no podíamos salir. Enseguida se le pasó. Cociné huevos revueltos para el desayuno, hicimos un asado: chorizo, morcilla, asado de tira y una carne que parecía ser vacío, aunque no estoy seguro. Estaba rico y a todos les gustó. Comimos en el balcón. De postre huevo de pascua Kinder y Nugatón. Filmamos los unboxing.
Juegamos al Deuda Eterna, un juego de mesa parecido al Monopoly, pero más injusto.
A la noche practicamos guitarra. Vimos el tutorial de la maestra de Pedro. Decía que había que poner el punto de los hojalillos pintados en donde van las notas. Amarillo es LA, verde es RE, Mi7 azul.
Joaquina entró en crisis. Ella es la que más disfruta la música en toda la casa. Cuando pasaba el tiempo y ella no podía tocar también se enojó, se ofendió, lloró y se fue. Recién a la media hora pude tranquilizarla. Nos encerramos solos en el cuarto con la guitarra y tocamos un poco. Con dos minutos de aprendizaje de guitarra se le pasó el enojo.
domingo, 12 de abril de 2020
sábado, 11 de abril de 2020
Cuarentena Día 26
Publicado por
unmigone
a las
15:56
Le robé el diario a la vecina de al lado. Para peor, le robé el diario y no lo leí. La vecina me parece que no está, se fue a pasar la cuarentena a lo de su novio, o a lo de algún pariente. Los diarios se acumulan en la puerta y yo le saqué el diario del sábado el domingo a la noche para leerlo. Cuando vi que nada de lo que venía adentro me interesaba lo dejé al lado del tacho de basura, armado para tirar.
En realidad cuento esto porque lo que viene ahora me da mucho más vergüenza que robarle el diario a la vecina. De hecho, espero que esto no lo lea nadie, menos Agus, quien me mataría de enterarse.
Ahí va: también me robé comida del supermercado. Todo pasó durante la cuarentena.
Primero me robé una palta. Pasé por la caja de autoservicio de Disco y marqué una palta en vez de dos. Hay que marcarlas a mano con un papel plastificado. Marqué una, llevé dos. Lo hice primero porque me daba bronca el precio de las paltas, 69 pesos cada una, pero sabía que estaba mal. Nadie me revisó.
Después volví otro día y me llevé unas presas de pollo que no se marcaban porque el código de barras estaba mojado. Ahí escuché que el supervisor le dijo al guardia de seguridad "Revisá a ese" "¿A este?" La requisa fue muy leve, solo se fijó así nomás cuántos productos había.
Lejos de amedrentarme la maniobra una o dos veces más, ya no me acuerdo con qué.
Ahora, en plena Pascua de reflexión, me siento mal, obvio. ¿Qué tengo que hacer? ¿Ir a Disco y pagarle al señor Cencosud una palta overpriced? El ejemplo es pésimo, pero me sigue dando bronca todo. Las cuentas se acumulan y la comida, bueno, hay que comprarla. Como católico culposo no me siento para nada bien con esto.
Voy a devovlerle el diario a la vecina.
En realidad cuento esto porque lo que viene ahora me da mucho más vergüenza que robarle el diario a la vecina. De hecho, espero que esto no lo lea nadie, menos Agus, quien me mataría de enterarse.
Ahí va: también me robé comida del supermercado. Todo pasó durante la cuarentena.
Primero me robé una palta. Pasé por la caja de autoservicio de Disco y marqué una palta en vez de dos. Hay que marcarlas a mano con un papel plastificado. Marqué una, llevé dos. Lo hice primero porque me daba bronca el precio de las paltas, 69 pesos cada una, pero sabía que estaba mal. Nadie me revisó.
Después volví otro día y me llevé unas presas de pollo que no se marcaban porque el código de barras estaba mojado. Ahí escuché que el supervisor le dijo al guardia de seguridad "Revisá a ese" "¿A este?" La requisa fue muy leve, solo se fijó así nomás cuántos productos había.
Lejos de amedrentarme la maniobra una o dos veces más, ya no me acuerdo con qué.
Ahora, en plena Pascua de reflexión, me siento mal, obvio. ¿Qué tengo que hacer? ¿Ir a Disco y pagarle al señor Cencosud una palta overpriced? El ejemplo es pésimo, pero me sigue dando bronca todo. Las cuentas se acumulan y la comida, bueno, hay que comprarla. Como católico culposo no me siento para nada bien con esto.
Voy a devovlerle el diario a la vecina.
jueves, 9 de abril de 2020
Cuarentena Día 24
Publicado por
unmigone
a las
21:37
Empiezo a creer que esta cuarentena me conviene. hace medio año, en un rapto de optimismo, tomé una decisión algo arriesgada: me anoté para empezae a cursar una maestría a partir de marzo todos los martes y jueves de 19 a 22 y los sábados de 10 a 13.Además, los miércoles a la noche doy una clase en otra universidad. Y además, Agus dicta su taller de arte los martes y jueves casi en el mismo horario en que curso yo. Y además -de esto me enteré recién cuando empezó la cursada- la carga de tareas y trabajos en grupo fuera de clase es muy alta.
En una situación normal estaría reventado y probablemente lamentando la decisión. Gracias a que tenemos que quedarnos en casa y que las clases presenciales se convirtieron en virtuales la puedo pilotear un poco mejor.
El martes tuve una clase que terminó 10.30. Después de comer dos rapiditas me propuse preparar la clase del otro día, la mía. A las 11 Guada se despertó y recién a la 1.30 se volvió a dormir. Yo lo hice a las 2 y ayer me levanté a las 7 para preparar por fin la videoclase.d
Hay una canilla de la cocina que gotea. y el baño de servicio se llenó de humedad. Nunca tuvimos problemas con el departamento en cinco años. Hasta que se guardan todos compulsivame, incluso los plomeros. Otra ironía del destino, y van.
Ah, el teléfono se arregló. Hoy me lo trajeron. ¿Presupuesto? 9000 pesos, pagando en efectivo.
Estamos bien. Los cinco.
Y los dos de arriba también.
Estoy empezando a pensar que muy probablemente voy a cumplir cuarenta años encerrado en casa.
Fin de la cita.
En una situación normal estaría reventado y probablemente lamentando la decisión. Gracias a que tenemos que quedarnos en casa y que las clases presenciales se convirtieron en virtuales la puedo pilotear un poco mejor.
El martes tuve una clase que terminó 10.30. Después de comer dos rapiditas me propuse preparar la clase del otro día, la mía. A las 11 Guada se despertó y recién a la 1.30 se volvió a dormir. Yo lo hice a las 2 y ayer me levanté a las 7 para preparar por fin la videoclase.d
Hay una canilla de la cocina que gotea. y el baño de servicio se llenó de humedad. Nunca tuvimos problemas con el departamento en cinco años. Hasta que se guardan todos compulsivame, incluso los plomeros. Otra ironía del destino, y van.
Ah, el teléfono se arregló. Hoy me lo trajeron. ¿Presupuesto? 9000 pesos, pagando en efectivo.
Estamos bien. Los cinco.
Y los dos de arriba también.
Estoy empezando a pensar que muy probablemente voy a cumplir cuarenta años encerrado en casa.
Fin de la cita.
martes, 7 de abril de 2020
Cuarentena Día 22
Publicado por
unmigone
a las
11:21
Joaquina desarmó el rompecabezas entero.
En realidad, no entero. Tiró a la mierda todas las fichas que estaban armadas y apoyadas sobre la placa de fibra fácil donde lo estamos armando. No fue a propósito, ni siquiera fue su culpa. Ella estaba copadisima haciendo una videollamada con sus abuelos. La placa de fibra fácil estabas apoyada sobre un baúl de madera. Ella se apoyó con el peso de su cuerpo sobre la parte de la placa que sobresalía. La ley de gravedad hizo el resto.
Volaron por el aire las 150 piezas que ya estaban armadas. Yo no me enojé. Al contrario de lo que podía suponer el episodio me vino bien para rearmar el rompecabezas y reacomdar las ideas. Dejé de preocuparme por los bordes, esos malditoa bordes de mierda que se parecen todos entre sí. Me concentré en reconstruir la parte de abajo. Ese prado delirante de colores imposibles. Separé los verdes de los ocres y los azules de los morados. Los triángulos ocres apuntando para abajo, las flores en su lugar. Voila! Algunas horas después ya estaba todo lista la parte de abajo. Pronta. Luminosa.
Salimos a la calle con los chicos. Estuvieron más de 3 semanas sin cruzar la puerta del departamento. Les mostré la vereda vacía, nos paramos sobre la calle Parana desierta, caminamos hasta la esquina, vimos los locales que estaban abiertos: la verdulería y el Carrefour Express.
Hicimos una torta para festejar el cumpleaños de mamá. Joaquina me ayudó. La crema chantilly nunca se hizo chantilly. Batí y batí hasta que la mini pymer me quemaba la mano con la cual la sostenía. Creo que nos fue la mano con el azúcar y quedó muy pesada.
A la noche lloré.
A la mañana del otro día el tipo que se llevó mi celular para arreglarlo me dijo que necesitaba autorización para restaurar el sistema en cuyo caso se perdería la información almacenada en el dispositivo. Se la di. Más tarde me avisó que necesitaba un día más para seguir haciendo pruebas con el aparato. “Ok”, le contesté.
Creo que no lo va a poder arreglar
En realidad, no entero. Tiró a la mierda todas las fichas que estaban armadas y apoyadas sobre la placa de fibra fácil donde lo estamos armando. No fue a propósito, ni siquiera fue su culpa. Ella estaba copadisima haciendo una videollamada con sus abuelos. La placa de fibra fácil estabas apoyada sobre un baúl de madera. Ella se apoyó con el peso de su cuerpo sobre la parte de la placa que sobresalía. La ley de gravedad hizo el resto.
Volaron por el aire las 150 piezas que ya estaban armadas. Yo no me enojé. Al contrario de lo que podía suponer el episodio me vino bien para rearmar el rompecabezas y reacomdar las ideas. Dejé de preocuparme por los bordes, esos malditoa bordes de mierda que se parecen todos entre sí. Me concentré en reconstruir la parte de abajo. Ese prado delirante de colores imposibles. Separé los verdes de los ocres y los azules de los morados. Los triángulos ocres apuntando para abajo, las flores en su lugar. Voila! Algunas horas después ya estaba todo lista la parte de abajo. Pronta. Luminosa.
Salimos a la calle con los chicos. Estuvieron más de 3 semanas sin cruzar la puerta del departamento. Les mostré la vereda vacía, nos paramos sobre la calle Parana desierta, caminamos hasta la esquina, vimos los locales que estaban abiertos: la verdulería y el Carrefour Express.
Hicimos una torta para festejar el cumpleaños de mamá. Joaquina me ayudó. La crema chantilly nunca se hizo chantilly. Batí y batí hasta que la mini pymer me quemaba la mano con la cual la sostenía. Creo que nos fue la mano con el azúcar y quedó muy pesada.
A la noche lloré.
A la mañana del otro día el tipo que se llevó mi celular para arreglarlo me dijo que necesitaba autorización para restaurar el sistema en cuyo caso se perdería la información almacenada en el dispositivo. Se la di. Más tarde me avisó que necesitaba un día más para seguir haciendo pruebas con el aparato. “Ok”, le contesté.
Creo que no lo va a poder arreglar
domingo, 5 de abril de 2020
Cuarentena Día 20
Publicado por
unmigone
a las
14:58
Siempre empecé armando los rompecabezas por los bordes. Así me enseñaron, y soy hijo del rigor.
Pero este rompecabezas es muy difícil de armar. Me está costando muchísimo. Sin embargo, mientras más me cuesta armarlo, más me gusta.
Es un puzzle de 1000 piezas con la imagen de la obra Der Kuss, el beso. Leí que Gustav Klimt fue una de las víctimas de la última pandemia antes de esta, la de la gripe española. Murió en 1918, creo.
La obra es un delirio de hermosa. Tiene una imagen central metalizada -que emula el oro y estañio utilizado en la obra original- con una imagen medio deforme de un hombre y una mujer. El beso entre ellos no es en la boca. El hombre le está comiendo el cuello, justo apenas abajo de la mandíbula. En la contorsión para bersarse se le dobla la cabeza más de lo que una figura humana normal podría hacerlo, y sus cuerpos de enriendan en oro y plata, posta.
El fondo de arriba es lúgubre, oscuro. Predominan tonos marrones salpicados. Pero lo más loco de la obra es la parte de abajo, el prado sobre el cual están parados los dos personajes. Lleno de colores, verdes, ocres, azules, morados, rojos, amarillos. Imagino a Klimt en su taller buscando ordenar ese caos de pinceladas. Lo consigue.
Esa parte de abajo me tiene trabado. Es difícil avanzar. Casi nadie me ayuda, aunque tampoco lo reclamo. Dos veces por día, alguien apoya algo arriba de la mesa ratona sobre la cual estamos aemadno el rompecabezas y se pierden algunas fichas. El viernes le pagué a PEdro y a Joaqui para que me buscaran los bordes que faltaban. 50 pesos por cada borde, 10 pesos por cada ficha que encontraran caídas en las adyacencias del livnig.
El viernes, cuando vi en la tele que una señora de 94 años estaba sentada desde las 7 de la mañana en la cola del banco, decidí que a la noche salía a cacerolear. La cita era a las 9.30. Agarré una cacerola de aluminio que compramos cuando nos fuimos de mochileros a Bariloche en 2003, para cocinar en el camping. Y la golpeaba con una cuchara de postre.
Mi protesta duró 30 segundos. El ruido que hacía era tan molesto que por lo menos cinco vecinos del contrafrente salieron a ver quién era el que estaba agitando tan fuerte. Aunque se oían tintineos, creo que yo era el único de mi pulmón. Me dio vergüenza y después de unos golpes volví a entrar.
Cociné un carrot cake y una torta tipo marquise, que no fue tal porque la crema nunca hizo chantilly. Por recomendación, batimos claras y le pusimos merengue.
Ayer llegué hasta lo de mis suegros, que viven a 5 cuadras. Es lo más lejos que llegué desde que no podemos salir. Les llevé naranjas, bananas y limones.
Los chicos resisten bastante bien, aunque a veces se pelean. Sobre todo cuando están con alguna pantalla hipnotizados. Pedro hizo un juego de mesa. Y después otro. Joaquina lo copió e hizo otro. Hoy jugamos a los dos. Guada duerme, come y juega. Agus se recupera y limpia la casa cada vez que puede.
Pero este rompecabezas es muy difícil de armar. Me está costando muchísimo. Sin embargo, mientras más me cuesta armarlo, más me gusta.
Es un puzzle de 1000 piezas con la imagen de la obra Der Kuss, el beso. Leí que Gustav Klimt fue una de las víctimas de la última pandemia antes de esta, la de la gripe española. Murió en 1918, creo.
La obra es un delirio de hermosa. Tiene una imagen central metalizada -que emula el oro y estañio utilizado en la obra original- con una imagen medio deforme de un hombre y una mujer. El beso entre ellos no es en la boca. El hombre le está comiendo el cuello, justo apenas abajo de la mandíbula. En la contorsión para bersarse se le dobla la cabeza más de lo que una figura humana normal podría hacerlo, y sus cuerpos de enriendan en oro y plata, posta.
El fondo de arriba es lúgubre, oscuro. Predominan tonos marrones salpicados. Pero lo más loco de la obra es la parte de abajo, el prado sobre el cual están parados los dos personajes. Lleno de colores, verdes, ocres, azules, morados, rojos, amarillos. Imagino a Klimt en su taller buscando ordenar ese caos de pinceladas. Lo consigue.
Esa parte de abajo me tiene trabado. Es difícil avanzar. Casi nadie me ayuda, aunque tampoco lo reclamo. Dos veces por día, alguien apoya algo arriba de la mesa ratona sobre la cual estamos aemadno el rompecabezas y se pierden algunas fichas. El viernes le pagué a PEdro y a Joaqui para que me buscaran los bordes que faltaban. 50 pesos por cada borde, 10 pesos por cada ficha que encontraran caídas en las adyacencias del livnig.
El viernes, cuando vi en la tele que una señora de 94 años estaba sentada desde las 7 de la mañana en la cola del banco, decidí que a la noche salía a cacerolear. La cita era a las 9.30. Agarré una cacerola de aluminio que compramos cuando nos fuimos de mochileros a Bariloche en 2003, para cocinar en el camping. Y la golpeaba con una cuchara de postre.
Mi protesta duró 30 segundos. El ruido que hacía era tan molesto que por lo menos cinco vecinos del contrafrente salieron a ver quién era el que estaba agitando tan fuerte. Aunque se oían tintineos, creo que yo era el único de mi pulmón. Me dio vergüenza y después de unos golpes volví a entrar.
Cociné un carrot cake y una torta tipo marquise, que no fue tal porque la crema nunca hizo chantilly. Por recomendación, batimos claras y le pusimos merengue.
Ayer llegué hasta lo de mis suegros, que viven a 5 cuadras. Es lo más lejos que llegué desde que no podemos salir. Les llevé naranjas, bananas y limones.
Los chicos resisten bastante bien, aunque a veces se pelean. Sobre todo cuando están con alguna pantalla hipnotizados. Pedro hizo un juego de mesa. Y después otro. Joaquina lo copió e hizo otro. Hoy jugamos a los dos. Guada duerme, come y juega. Agus se recupera y limpia la casa cada vez que puede.
jueves, 2 de abril de 2020
Cuarentena Día 16
Publicado por
unmigone
a las
17:25
Me siento mal. No lo puedo decir muy fuerte, porque está prohibido sentirse mal. Debe ser que ayer dormí en cueros. Estoy abombado. Mal día para sentirse mal.
Ayer dí dos clases y terminé cansado. También puede ser eso.
Hace frío, estoy en pantuflas.
Agus está bien, mucho mejor que cuando llegó.
Ayer dí dos clases y terminé cansado. También puede ser eso.
Hace frío, estoy en pantuflas.
Agus está bien, mucho mejor que cuando llegó.
miércoles, 1 de abril de 2020
Cuarentena día 15
Publicado por
unmigone
a las
13:52
Hoy estoy recaliente, enojado.Ultra-mega frustrado. Me descargo como puedo.
El otro día se rompió el teléfono. Bueno, mala suerte. Las pelotas, una real cagdada. Si hay un momento en el cual no se puede romper el teléfono es ahora, en cuarentena y con tu mujer internada.
La tecnología, mi amada tecnología, se me pone en contra. Los teléfonos se rompen, el podcast no se sube a Spotify, la sala de videoconferencia de la facultad no se abre.
Agus está en casa y recuperándose. Ya no me acuerdo si lo comenté. Limpiamos toda la casa. Tiene que estar entre algodones los primeros días. La extrañamos mucho.
El otro día se rompió el teléfono. Bueno, mala suerte. Las pelotas, una real cagdada. Si hay un momento en el cual no se puede romper el teléfono es ahora, en cuarentena y con tu mujer internada.
La tecnología, mi amada tecnología, se me pone en contra. Los teléfonos se rompen, el podcast no se sube a Spotify, la sala de videoconferencia de la facultad no se abre.
Agus está en casa y recuperándose. Ya no me acuerdo si lo comenté. Limpiamos toda la casa. Tiene que estar entre algodones los primeros días. La extrañamos mucho.
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